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Archive for the ‘Política’ Category

Manuel Casal Lodeiro, editor de 15/15\15 y autor de “La izquierda ante el colapso de la civilización industrial” y “Guía para el descenso energético” ha elaborado una profunda, y extensa, crítica del libro ¿Qué hacer en caso de incendio?, de Emilio Santiago Muiño y Héctor Tejero, obra que sirve de base a las propuestas de Más País. Dada su importante extensión, tres blogs (Antonio Turiel, Jorge Riechmann y este mismo) han acordado publicar distintos párrafos con un enlace al texto completo.

Así, este post no debe considerarse como perteneciente a la serie “Peor de lo esperado”, que proseguirá normalmente en breve.

“Es verdad que el Green New Deal no nos permitirá apagar el incendio. Pero si mitigarlo, conseguir tiempo, forzar una prórroga. Mucho más de lo que ahora tenemos.” El problema, aunque parezca mentira tener que decirlo, es que los incendios no se “mitigan”: se apagan o no se apagan. Y ellos no hablan de que sea imposible apagarlo, sino que afirman, simplemente, que su propuesta no permitirá hacerlo. ¿Por qué no buscar, entonces, una que sí lo haga? ¿Por qué quedarnos en la “mitigación” o contención del fuego cuando sabemos que otro tipo de abordaje podría permitir su extinción? Además, como ya he señalado antes, ni siquiera explican (ni aquí ni en el resto del libro) cómo se supone que se ganará ese “tiempo” del que tanto hablan, sin abandonar el capitalismo. Más bien todo lo que sea continuar sin echar el freno de emergencia, como reclaman desde Thunberg hasta Tanuro, pasando por Riechmann, es echar más leña al fuego: más emisiones, más agotamiento de minerales, más expolio de otros países, menos recursos restantes para reconstruir la resiliencia que sostenga la vida humana tras el colapso. (más…)

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FB_IMG_1435957882332Muchas personas conocedoras del problema climático saben, o intuyen, que la gravedad de la situación es muy superior, y sus consecuencias mucho peores, que lo que puede deducirse de las informaciones y humor de los medios de comunicación generalistas. Sospechan además, con fundamento, que el contenido de los informes del IPCC constituye una muestra de conservadurismo científico favorecido por la supuesta necesidad de no alarmar y presionado por la influencia del negacionismo organizado (1,2).

Pero pongámonos institucionales por un momento y examinemos qué opciones dice creer el “establishment” de la UNFCCC [United Nations Convention Framework on Climate Change] que le quedan a esta civilización global para evitar su propia autodestrucción por la vía climática. Partamos pues de los datos “oficiales” y veamos qué margen de maniobra ofrecerían si fueran ciertos.

La posición de partida, desde la cumbre de Durban de 2011 y cuyos orígenes se remontan nada menos que a la cumbre de Rio de 1992, sugiere que la temperatura media de la Tierra no debe ser superior en +2 °C al promedio preindustrial (3). Por su parte, los datos “oficiales”, sustanciados en los informes del IPCC,  asumen que, con el fin de jugar a alcanzar esta meta con el 66% de probabilidades (que corresponden al literal likely, según la terminología del IPCC), la cantidad máxima de CO2 vertido a la atmósfera entre 2011 y 2100 no debe ser superior a 1 Tt CO2 (1 teratonelada de CO2, o mil billones de kilos) (4). Esto lleva a que, para no superar este (supuesto) máximo permitido, sólo nos sea posible verter 650 Gt CO2 procedentes del sistema energético, a contar desde 2015, una vez descontadas las contribuciones de la deforestación y la industria del cemento (5). Esta es la situación de partida de la COP21.

A partir del último Informe de Síntesis del IPCC se ha calculado con todo rigor que intentar esto requiere nada menos que comenzar a reducir las emisiones inmediatamente (ya vamos tarde), que el ritmo de reducción sea ya del 10% anual en 2025 (!), y que ese ritmo de reducción del 10% sea mantenido durante 25 años, de forma sostenida (!!), de manera que las emisiones sean virtualmente cero en 2050. Todo ello en referencia solamente a las originadas en el sistema energético mundial, alimentación y transporte incluidos. (más…)

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Zona cero.

Oiremos estos días comentarios de todo tipo señalando que el huracán Sandy que ha azotado a Nueva York y que, según algunas informaciones (1), ha puesto en estado de emergencia a 60 millones de personas, no puede ser relacionado expresamente con el cambio climático. Por ahora no he oído presentador meteorológico televisivo alguno – gentes preocupadas, por lo que parece, sólo por el corto plazo – que haya realizado esta conexión, y que ni siquiera haya pronunciado estas dos palabras malditas. (más…)

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En una sentencia histórica, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos equiparó hace un par de años a las personas jurídicas con las personas físicas. Lo hizo a propósito de las donaciones de las corporaciones a las campañas electorales. El tribunal aceptó que las empresas no tienen límite alguno en las cantidades que pueden entregar a los candidatos. El champán todavía burbujea en los estómagos y las mentes de los promotores de la iniciativa. En Rio+20 donde, por graciosa decisión de Naciones Unidas, estaban las mismas personas jurídicas que en su momento ejercieron toda la presión que estaba en sus manos para doblegar al Tribunal Supremo estadounidense, que es inmensa, éstas acaban de conseguir un objetivo equivalente, ahora a nivel mundial. (más…)

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Una carta a los Reyes Magos desde Barcelona, al Oriente de Rio de Janeiro

Mañana comienzan en Brasil las sesiones preparatorias de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible. A día de hoy, la comunidad internacional aparece dividida, si bien la posición previa común de los Estados Unidos, la Unión Europea y otros países ‘ricos’ a favor del ‘crecimiento’ y de la imposición de la ‘economía verde’ de corte incremental al resto del mundo augura un resultado final muy decantado hacia las posiciones liberales, como ya ocurriera hace 20 años. El problema es que los acuerdos alcanzados hace dos décadas, basados en estos principios, no han servido absolutamente para nada más que para marear la perdiz y distraer al personal, para irritación creciente de la comunidad que es capaz de hacerse una idea cabal del problema existencial al que se enfrentan la mayoría, o todas, las civilizaciones del planeta.

La conferencia de 1992 giró alrededor del problema climático y la biodiversidad. Desde entonces, la concentración atmosférica de CO2 ha pasado de 360 ppm a casi 400 ppm. Veinte años después, nadie ha decidido todavía qué significa exactamente la interferencia antrópica peligrosa en el sistema climático.

El número de especies se está reduciendo a un ritmo acelerado, y lo único que parece preocupar ahora a los negociadores, que se sienten legitimados por un reciente giro de las revistas científicas homologadas, es ponerle precio a la biodiversidad, saber cuánto vale en términos económicos. Estudian cuál es el mínimo de especies en el planeta que permite la vida humana, para intentar no rebasarlo. Por encima de este valor, el resto de la vida sobre la Tierra parece no importar en absoluto a los representantes de la comunidad internacional dominante, atribuyéndole así la condición de prescindible.

Así, la reciente “Declaración de Gabón” ha llevado a un importante número de países africanos a aceptar la métrica económica no ya de sus recursos naturales, sino de la naturaleza en su conjunto. El antropocentrismo radical ha triunfado, arrastrado por una hegemonía cultural secuestrada y reducida por la lógica económica liberal. Su capacidad de expansión y auto-reproducción ha quedado bien demostrada, e impone su unidad de medida como patrón universal de comparación entre personas, entre países, y entre visiones alternativas del mundo.

Finalmente, no hay ni siquiera acuerdo sobre el significado preciso del concepto de desarrollo sostenible, y en todo caso se está imponiendo la idea de la sostenibilidad débil, que considera a la naturaleza sustituible por capital.

Pero como Rio+20, con todas sus insuficiencias, es lo mejor que por ahora tenemos en el terreno internacional, entiendo que es un foro que no se puede desaprovechar. En este sentido, he elaborado distintas propuestas, políticamente atrevidas pero no imposibles, agrupadas en tres categorías genéricas. (más…)

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Los científicos del mundo emiten su tercer informe sobre calentamiento global

La pista de los +2 ºC sugerida por el economista William D. Nordhaus a mitad de los años 1970 se desvaneció hasta que, en 1990, el Advisory Group on Greenhouse Gases[22] (AGGG) emitió su último informe, donde estableció un método tipo semáforo en el que se analizaban los impactos en función del incremento de la temperatura media de la Tierra. La línea que separaba el ámbar del rojo correspondía a los 2 ºC (89). Unos años antes, un grupo de climatólogos, reunidos en el pueblecito austríaco de Villach bajo la égida de la Organización Meteorológica Mundial, había manifestado formalmente en 1985 que:

“Durante la primera mitad del próximo siglo se producirá un incremento de la temperatura media de la Tierra que será mayor que cualquier otro que haya sido experimentado a lo largo de toda la historia de la humanidad.” (90)

Quienes así se pronunciaron vieron la necesidad de que su mensaje alcanzara mayor eco internacional, y obraron para conseguirlo. Así, en julio de 1986 nació el AGGG, bajo los auspicios de la Organización Meteorológica Mundial, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Consejo Internacional de la Ciencia (ICSU), que agrupa a las academias de ciencias de todo el mundo. La financiación corrió a cargo de estas organizaciones y  el Beijer Institute (después Stockholm Environment Institute). Participaron también el fondo Marshall Alemania-USA, el Rockefeller Brothers Fund y la Fundación W. Alton Jones, por lo menos los dos últimos con fuertes vínculos con la industria del petróleo.

Pero el grupo terminó sus días en 1990, agotado económicamente. Según informan participantes directos en los sucesos, el dominio de la agenda de la Organización Meteorológica Mundial por parte de los Estados Unidos (91) debido, en parte, a su soporte económico determinante, promovió en 1988 la creación del IPCC y la caída del AGGG. En realidad consistió en un intento de distracción ideado en tiempos de George H.W. Bush, con el fin primordial de retrasar la celebración de la cumbre mundial sobre el clima, que había comenzado a gestarse a iniciativa del propio AGGG (92). La comunidad científica, que iba por libre, había llegado demasiado lejos.

El vaso lo había colmado una nueva declaración emitida tras (más…)

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Interferencia antrópica peligrosa: ¿Cuándo, y para quiénes? -Pulsar para mayor resolución

Cuál vaya a ser el incremento de la temperatura media de la Tierra debido al cambio climático no es algo que, en realidad, nos preocupe demasiado. Es más: un incremento de sólo +2 ºC, desde muchas latitudes, y desde luego desde aquellas en las que se sitúan los países hoy por hoy dominantes de los procesos políticos, puede llegar a ser percibido como algo deseable. Como dice el ex-meteorólogo Manuel Toharia, “a los humanos nos gusta el calorcito”. Desde luego, si ésa fuera a ser la única consecuencia del cambio climático, y se distribuyera uniformemente, podría resultar ciertamente atractiva para muchas personas.

No es pues la temperatura en concreto lo que nos importa, sino las consecuencias del calentamiento global. Desde una óptica estrictamente antropocéntrica, preponderante en Occidente , lo que de verdad nos inquieta, lo que resulta verdadero motivo de preocupación, son los impactos que el cambio climático pueda tener sobre nosotros. ¿Hasta qué punto puede la ciencia ayudarnos a evitarlos? (más…)

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“El desarrollo sostenible implica un cambio sustantivo de paradigma de implicaciones globales sin precedentes.”

La segunda parte del documento Environment and Development Challenges: The Imperative to Act (en adelante Bru2012), cuya presentación y primera parte dedicada al diagnóstico comentamos aquí, trata de las respuestas que los autores estiman necesarias para abordar el problema de la sostenibilidad. Que es necesario un cambio de paradigma está ya bastante claro para todo el mundo salvo para los fundamentalistas. Veamos hoy qué nos aconsejan estos laureados autores para alcanzar el paradigma alternativo basado en el mercado que nos proponen, y dejemos los comentarios para la próxima y última entrada de esta serie.

Bru2012 establece en primer lugar los objetivos a alcanzar:

“En 2050, el mundo deberá haber reducido los niveles absolutos de emisiones por un factor mínimo de 2,5, lo que requiere una reducción de las emisiones por unidad de producto de alrededor de 8 si la economía fuera en 2050 tres veces la actual … Para estabilizar el cambio climático es preciso que la intensidad energética se reduzca a nivel global a un ritmo del 3-4 % anual.”

Incide además en la necesaria preservación de la biodiversidad, concepto que recorre todo el documento en paralelo al cambio climático:

“La biodiversidad y los ecosistemas naturales son fundamentales (foundational) para resolver la crisis climática, pues su conservación puede atenuar el ritmo de avance del cambio climático, aumentar la capacidad adaptativa de las personas y los ecosistemas, salvar vidas, y mantener el sustento de múltiples formas a medida que el clima de la Tierra va cambiando.”

A la hora de señalar un camino, Bru2012, y tras el aviso de que atender sólo al requerimiento de las emisiones no es solución, establece la condición previa: (más…)

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En cuestión de clima es importante, y mucho, la velocidad a la que se producen las emisiones, que es ahora centenares o miles de veces superior a la que, en otros tiempos geológicos, ha ido aumentando la concentración de gases de efecto invernadero por efecto de la respuesta de la biosfera a la posición relativa de la Tierra respecto al sol. Pero, dado el enorme tiempo de residencia del CO2 en la atmósfera, es más importante todavía la cantidad total de carbono emitida a lo largo de la historia. Superado cierto umbral durante demasiado tiempo, el sistema climático cambia de estado. Que ese umbral se ha superado ya está bien establecido científicamente, pero que haya durado ya demasiado es algo que no sabemos con la precisión deseable, lo que nos deja espacio para la esperanza que todos queremos abrigar a propósito de las sucesivas cumbres del clima. (más…)

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El torneo climático cuyos episodios se celebran una vez al año en distintas ciudades emblemáticas del mundo ha llegado a la ronda 17, y la partida se encuentra ya en el medio juego. Todo parece respetar el equilibrio inicial necesario, pero existe una curiosa contradicción de fondo. Ocurre que las piezas blancas son de caoba, y las negras de marfil. Esta contradicción dio lugar a incidentes diplomáticos previos como resultado de lecturas contradictorias del reglamento pues los developing, que juegan medio en casa, habían solicitado las blancas a pesar de que no les correspondía por turno. El incidente fue finalmente resuelto con una decisión salomónica de la presidencia mediante el recurso al colorante artificial en superficie.

El público se encuentra dividido respecto a la influencia que esta situación pueda tener en el resultado final, pero todo el mundo comparte un leve halo de contradicción incómoda al respecto. (más…)

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Con la excepción del fundamentalismo cristiano dominionista, especialmente influyente en los Estados Unidos, y de influencia creciente en América Latina y ciertos países africanos, como Uganda, todas las religiones del mundo han manifestado en alguna ocasión su preocupación por el cambio climático y sus consecuencias. La conferencia de Durban ha sido el marco en el que se ha emitido una declaración interconfesional en la que, básicamente, se acepta la gravedad del problema y se admiten sus orígenes, se muestra una seria preocupación por los afectados, pertenecientes a los sectores más vulnerables del mundo, se invita a la población mundial a respetar la vida y la creación divina.

Suscriben la declaración desde el Dalai Lama hasta el anglicano Desmond Tutu, pasando por decenas de organizaciones judías, cristianas, islámicas, hinduistas, budistas, tales como el Consejo Mundial de Iglesias, el Consejo Mundial de Líderes Religiosos, Pax Christi, entre muchas otras y también religiones politeístas de especial implantación en África. (más…)

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Baile de cifras en Durban. Mientras la Unión Europea insiste en prorrogar y reforzar el protocolo de Kioto, estableciendo las bases para un nuevo acuerdo más exigente, los Estados Unidos rehúyen de entrada cualquier acuerdo vinculante. Unos dicen que el año límite en que las emisiones pueden alcanzar su máximo es 2017, y otros que hay tiempo hasta 2020. Todos hablan ya de por debajo de los dos grados como objetivo, mientras la presidenta Christiana Figueres apunta, ahora ya oficialmente, más allá:

“[Los gobiernos] deben determinar si estamos en la senda de alcanzar el objetivo acordado de mantener el incremento de la temperatura global por debajo de 2 ºC, si éste es adecuado y cómo y cuándo hay que considerar un incremento máximo de 1,5 ºC.”

Esto es sin duda una buena noticia porque marcar esta dirección desde la presidencia no es un acto irrelevante. Pero pasar de 2,0 a 1,5 ºC, como defiende un grupo compuesto ya por 100 países, supone un salto mayúsculo que tiene implicaciones muy profundas, y no sólo económicas. Como también lo es retrasar la actuación necesaria, pues el coste de las medidas a tomar aumenta exponencialmente a cada día que pasa.

Ayer fue un día de exposición de las posiciones de partida de los distintos actores. (más…)

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Entrada anterior: 5. Umbral de estabilidad del sistema climático y el problema de control

Artículo de Bernard Barber en Science, 1961

Dado pues que no parece existir un análisis del margen de estabilidad del sistema climático de la Tierra efectuado desde la teoría de sistemas tendremos que ir a examinar los procesos concretos que se producirían, y tratar de conocer, a partir de los mismos, en qué momento se inician fenómenos que llevan a la desestabilización.

Es muy interesante, antes de proseguir, examinar cómo la comunidad científica ha ido avanzando en la determinación de un límite peligroso. El interés principal reside en observar cómo, a medida que pasa el tiempo, las cosas se ponen peor. Bueno, hasta cierto punto, porque ya en 1989 el mencionado AGGG (Advisory Group on Greenhouse Gases[40], que agrupaba el conocimiento científico del momento de forma similar a cómo que lo recoge ahora el IPCC, pero sin la intervención de todos los gobiernos del mundo, decía taxativamente: (más…)

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Entrada anterior: Cambio climático: ¿cuánto es demasiado? – 4: Cómo sería un mundo +2 ºC más caliente

Ingenuamente, yo crecí en el error de que la teoría de sistemas[31] (y su dinámica y control), ubicua por todos los entornos académicos y profesionales por los que he transitado, era bien conocida por todas las especialidades científicas, desde luego las ingenierías y las físicas. También de las ciencias exactas, pues el bagaje matemático subyacente es muy considerable. Pues resultó ser que no. Entre los ingenieros, poco más que los telecos y algunos industriales (los ingenieros de control, también denominados automáticos), químicos y eléctricos, llegan a familiarizarse con la dinámica de sistemas y los problemas de control. Biólogos y economistas la emplean como de pasada y con poca riqueza formal, y los físicos no aprenden teoría general de sistemas a lo largo de su ciclo formativo principal (76). Los físicos de la atmósfera y meteorólogos han visto en su especialización alguna aplicación del asunto a través de los fenómenos convectivos (77), pero desde luego no desde el punto de vista del control. (más…)

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Entrada anterior:

Zonas del planeta en las que, con +2 ºC o incluso menos, la temperatura media local estacional sería, en uno de cada dos años, igual al máximo experimentado en la segunda mitad del siglo XX en la región correspondiente (58).

Hemos visto que el límite de los 2 ºC de más no ha salido de análisis riguroso alguno, sino más bien de razonamientos inversos típicos de economistas y de su asunción acrítica por parte de la clase política. Veamos ahora qué nos dice la comunidad científica sobre las consecuencias de alcanzar este umbral o incluso aproximarse a él.

Podemos empezar por dos papers de Bruce Anderson, de la Universidad de Boston, tan recientes como de septiembre de 2011 y publicados en Climatic Change. Concluyen que con un incremento de 2 ºC, la temperatura media de alrededor de 75%  de la superficie terrestre será igual a las temperaturas máximas de finales del siglo XX de cada zona geográfica respectiva, y ello cada dos años. Pero con sólo un incremento de 1,4 ºC esto ya estará ocurriendo sobre el 50% de la superficie de la Tierra. ¿Qué nos dicen sobre España? (más…)

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Entrada anterior: 3.1. La artificialidad de las versiones economicistas tipo Stern

Temperaturas Holoceno

El sistema climático se ha encontrado en equilibrio en los últimos 10.000 años, a partir del inicio de la agricultura

En la entrada anterior vimos algunos de los inconvenientes de los modelos integrados económico-climáticos y de los análisis coste-beneficio. En un intento de evitarlos se desarrolló la técnica de la ventana máxima tolerable  (43).

La aplicación de esta técnica en la búsqueda de límites aceptables al cambio climático consiste en establecer definiciones normativas de barreras de seguridad que excluyan, por una parte, impactos físicos considerados intolerables y, por otra, consecuencias socioeconómicas consideradas asimismo intolerables en relación a las medidas de mitigación necesarias. Se trataría de analizar los sistemas implicados en estos procesos, con el fin de encontrar un espacio de estrategias políticas que fueran compatibles con estas restricciones (44). Por ejemplo, puede establecerse un tipping point como límite de impactos [ver: Entender la gravedad del cambio climático: 2. ¿Qué es el cambio climático ‘desbocado’? (Una introducción a los ‘tipping points’)] y un ritmo de reducción de las emisiones o del PIB que sea compatible con la estabilidad social, que fue estimado en el 5% (45).

Este método de la ventana máxima tolerable tiene la ventaja de que los juicios de valor no son implícitos, como en los casos anteriores, sino explícitos, y pueden ser sometidos a discusión para determinar, de entre el espacio de resultados, que constituye la ventana tolerable, cuál vaya a ser la estrategia elegida. Las pérdidas por un lado (por ejemplo, más incendios forestales) no son automática y opacamente compensadas por otro (por ejemplo, dinero), sino que la opción queda abierta (46). A partir de ahí, se retrocede la cadena causal para determinar el límite de emisiones, en función del tiempo, que impediría salirse de la ventana (47). (más…)

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Entrada anterior: 2: Dos grados más ¿respecto a qué? ¿Qué es lo realmente importante?

Mucha gente puede creer que dato tan importante para el futuro de todos nosotros como los +2 ºC procede, y es fruto, de un análisis riguroso, resultado de un proceso científico realizado con todas las de la ley y sancionado finalmente por el máximo órgano de autoridad científica: el IPCC. Por el contrario, veremos en este capítulo y en el siguiente la pobre fundamentación – y, por tanto, la carencia de credibilidad – del incremento máximo de la temperatura media de la Tierra que (algunas) naciones dicen que es la opinión de la comunidad científica (26).

Con notable éxito, la propia disciplina de la economía lleva siglos empeñada en abarcar todo el espacio-tiempo, incluyendo la totalidad de nuestras mentes y comportamientos[20], hasta el punto de esforzarse en cuantificarlo todo en términos monetarios. Rebasa así el terreno que le es propio, pero ha encontrado habilidades y complicidades suficientes como para presentar sus resultados al público como si las leyes de la naturaleza fueran a ser las suyas y el mundo fuera a hacerles caso a pesar de que su marco de validez, si alguna vez lo tuvo, hace ya décadas que ha sido rebasado. Hace esto en lugar de atender, como sería razonable esperar, a las leyes de la física como marco de referencia ineludible de la actividad económica. (más…)

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Entrada anterior: Cambio climático: ¿cuánto es demasiado? 1: Requerimientos para un objetivo global

Inundaciones en Georgia (EE.UU)

Si hubiera que determinar el objetivo en términos de incremento máximo de la temperatura media global, como menciona el acuerdo de Copenhague, lo primero a tener en cuenta es la referencia de base: respecto a cuándo se establece este incremento. No son lo mismo, pongamos por caso, 2 ºC más respecto al promedio de la era preindustrial o respecto al promedio de 1880-1920 con que a veces se juega, o respecto a la media móvil de los años anteriores a algún año concreto [ver Cuidado con la temperatura]. La cuestión es que, sin ir más lejos, el acuerdo de Copenhague, al referirse a los +2 ºC, simplemente no lo dice. Es más: el Acuerdo de Copenhague, contrariamente a la creencia general (y la mía hasta hace poco), no establece la cifra de 2 ºC como objetivo. Veámoslo:

“Para alcanzar el objetivo último de la Convención de estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un nivel que evite una interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático, y teniendo en cuenta la opinión científica de que el aumento de la temperatura mundial debería permanecer por debajo de 2 ºC, sobre la base de la equidad y en el contexto del desarrollo sostenible, intensificaremos nuestra cooperación a largo plazo para luchar contra el cambio climático.”

Si lo leemos atentamente veremos que lo que acuerdan los firmantes no es un objetivo sino, simplemente, intensificar la cooperación a largo plazo, lo cual es decir muy poco o nada. Cuando se refiere a nuestro punto focal [ver: Requerimientos para un objetivo global] escriben ‘teniendo en cuenta la opinión científica’, lo cual no es en absoluto cierto, como veremos más adelante. (más…)

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Cuando lea u oiga que “la comunidad científica advierte que para evitar una interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático la temperatura media de la Tierra no debe subir más de 2 ºC” o, ahora, +1,5 ºC, atribúyalo a un cálculo comunicativo. De no ser así sólo puede ser  ignorancia, a desidia, o a ingenuidad.

Un juego. Usted y otras nueve personas que no conoce ganan un viaje de un fin de semana a París. Una vez allí, les dicen que deberán costearse todos los gastos, también los de vuelta, a menos que sean capaces de encontrarse todos a las 12 del mediodía del domingo en un mismo lugar. Además, de conseguirlo, ganarán un millón de euros cada uno. ¿Usted adónde acudiría? Yo iría a la Torre Eiffel. Usted también, probablemente.

La Torre Eiffel es lo que, en teoría de juegos, se denomina un punto focal (1). Consiste en un referente común en ausencia de comunicación adecuada.

La comunidad internacional sancionó, en el Acuerdo de Copenhague de 2009, la cifra de 2 ºC de la temperatura de la Tierra como un valor máximo del incremento de la temperatura media (2). Es de creer que este objetivo que, según se decía en el texto, era consistente con la ‘visión científica’ y con el acuerdo de la Convención de Rio de Janeiro de 1992[1], iría a ofrecer una seguridad climática suficiente. Hoy (de hecho, ya en 2009, incluso mucho antes) esta cifra está siendo cuestionada con todo fundamento. ¿Entonces?

Si este valor límite resultara ser excesivo y encima, como algunos sugieren[2], imposible de respetar, deberíamos calificarlo de peligroso y, por tanto, combatirlo y proponer otro. Pero si conviniéramos que, frente a la dificultad manifiesta de promover la movilización colectiva por parte de quienes estamos alarmados en extremo por la severidad del problema climático, este guarismo resultara útil para la acción política, las reticencias que pueda razonablemente sugerirnos deberían ser objeto de relativización, siempre en la medida de que seamos capaces de prever, para el futuro, escenarios más acordes con la realidad. (más…)

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“Our ignorance is not so vast as our failure to use what we know.” – Marion King Hubbert

Esta entrada explora implícitamente la cuestión fundamental: ¿Hemos superado ya el punto de no retorno?

Delta de l'Ebre

Imagen del delta del Ebro, relacionada con el objetivo de 350 ppmv, que dio la vuelta al mundo el año pasado en ocasión del evento 10:10:10 organizado por 350.org

Un lector reciente llegó a este blog, tuvo la paciencia de explorarlo a fondo, y me escribió hace una semana: ¿por qué no habla usted de las soluciones? Tenía razón.

El correo de este amable visitante gallego coincidía, precisamente, con la elaboración de esta entrada. Le dije que yo prefería llamarles respuestas, porque no había encontrado nada que me convenciera como auténtica solución. Le señalé que acababa de aparecer un trabajo de gran relevancia, que me había aportado nueva luz, y que me disponía a referenciarlo aquí. También le dije que el texto era, probablemente, demasiado largo.

En eso estamos. Pero si usted quiere entender de una vez por todas, de forma cabal, el problema climático al que nos enfrentamos, lea este artículo y sus notas al pie. (más…)

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