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Archive for the ‘Sistema climático’ Category

“On a planet 4C hotter, all we can prepare for is extinction.” – Oliver Tickell(667)

Informe de 2012 financiado y asumido por el Banco Mundial

También James Hansen – como tantos otros – se ha unido a quienes aventuran la superación de los 1,5 ºC en la década de los 2030s como muy tarde(668), en coherencia con su anuncio reciente de una aceleración en curso del aumento de la temperatura(669) que otros avalan.

Por otra parte, que la superación de los +2 ºC es “virtualmente cierta” lo sabemos ya desde hace por lo menos una década(670). ‘It’s over’(671) (se acabó), decían, incluso cuando se creía todavía que 2 ºC eran soportables(672). El prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) apuntaba en 2015 que, si la sensibilidad climática estuviera en la zona superior del margen 2-4,5 ºC, los +2 ºC se alcanzarían en 2030-2035, y que si fuera menor se superarían en todo caso poco después de mitad de siglo(673). El Global Energy Tracker elaborado por las universidades australianas de Queensland y Griffith apunta también a la década de 2030(674). Manola Brunet, presidenta de la Comisión de Climatología de la Organización Meteorológica Mundial, afirmaba hace pocos meses que los +2 ºC pueden tranquilamente alcanzarse en 2035-2040(675).

A la misma conclusión llegaba implícitamente un informe de la consultora Price Waterhouse Cooper en 2012, al concluir que eran necesarias mejoras en la “intensidad de carbono” del PIB superiores al 5% anual durante 40 años a partir de 2013(676), contando naturalmente con que el crecimiento económico en términos de PIB debía proseguir. Y de hecho llega a la misma conclusión todo informe que exija acciones termodinámicamente imposibles de este cariz mágico – como a menudo ocurre en los del propio IPCC – por mucho que las vistan de retórica posibilista tipo challenging, unprecedented, etc.

Poner premisas o condiciones imposibles para ofrecer resultados digestibles a la clientela es una forma de moderación inmoderada, pero siempre que los autores sean bien explícitos en cuanto a la inverosimilitud de los escenarios que se plantean, lo que rara vez es el caso.

¿Qué ocurre a partir de entonces? (más…)

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Gat schroedinger

En relación a su gato, Sr. Schrödinger, tengo tanto buenas noticias como malas noticias.

Los datos recién publicados del servicio de medición y homogeneización de la temperatura global de la NASA señalan una reducción de la temperatura media de la Tierra de 6 centésimas de grado en marzo, con respecto al mes anterior. El valor respecto a la referencia 1951-1980, que es la que actualmente emplea este organismo, fue en marzo de +1,28 °C. A su vez, la temperatura del mes de febrero ha sido corregida a la baja en una centésima, de +1,35 °C a +1,34 °C.

Respecto a la referencia preindustrial considerada por ese mismo organismo el incremento de temperatura sería en marzo de +1,58 °C.

Por su parte la Agencia Meteorológica del Japón, otros de los cuatro organismos mundiales que ofrecen datos de temperatura, indica (de forma preliminar), por el contrario, un aumento de tres centésimas respecto a febrero.

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[Actualización 14/04: Ver corrección y complemento aquí.]

Nunca hubiera querido publicar este post. Nunca había pensado que, de tener que hacerlo, iría a ocurrir tan temprano. Lo que está ocurriendo es realmente extraordinario.

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Antes que nada, una cierta “buena” noticia. En los dos últimos años las emisiones no han aumentado. Algunos creen que las emisiones han llegado al máximo, que estamos superando  el “pico de emisiones”. Es posible que estemos entrando en terreno desconocido: ni un solo economista había previsto esta situación en los escenarios de futuro que el IPCC les solicitó en su día. Tranquilos por ahí, las emisiones, o sea el crecimiento económico, no cesarían de aumentar… decían. O decían que una cosa no tiene que ver con la otra.

Ahora las malas noticias. La concentración de CO2 en la atmósfera ha experimentado el mayor aumento nunca registrado: de +3,76 ppm, de febrero 2016 a febrero 2015. En este punto hay que ir con cuidado de no confundir flujos con acumulaciones, y creer que una reducción de las emisiones equivale a menor forzamiento climático. No es así. Lo que fuerza el clima es la concentración, no las emisiones. Y es lógico que la concentración atmosférica de CO2 siga aumentando al nivel de emisiones actual. Por mucho que disminuyan las emisiones la concentración seguirá aumentando, salvo que fueran tan ínfimas que la biosfera y los océanos pudieran absorberlas todas ellas.
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“Because they are atmospheric physicists.”[1]

Copernican revolution

Índice de la serie y enlaces

Cuando en el año 2000 Hans Joachim Schellnüber, probablemente el climatólogo europeo de mayor prestigio, publicó en Nature lo de la nueva revolución copernicana (188) ya se había identificado hacía tiempo el problema climático como un problema de control y establecido el interés de abordarlo mediante la ingeniería de sistemas, principalmente en Alemania a partir de los años 80 (189). Surgió de esta idea el modelo ICLIPS del instituto WBGU[2], una especie de híbrido que definía una Ventana Máxima Tolerable y cuyos límites eran, entre otros, los de la “La Creación” (190,191). (más…)

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El texto que sigue corresponde a un artículo escrito por amable invitación de la revista Mientras Tanto, que he dividido en cinco entregas y al que he añadido algunas ilustraciones. Recomiendo además la lectura de los demás artículos del ejemplar, dedicado a ‘Los límites del crecimiento: Crisis Energética y Cambio Climático’, a cargo de Antonio Turiel, Roberto Bermejo, Hermann Scheer y Richard Heinberg –  [Actualización 26/03: Ver texto completo en una sola página]

Cuando pronuncio conferencias sobre cambio climático siempre comienzo señalando que nos encontramos frente a un tema maldito. Es maldito por las limitaciones físicas, atávicas, psicológicas y culturales que nos impiden, no tanto la comprensión de sus mecanismos, sino la propia percepción del problema (1). Es maldito por la gran cantidad de malentendidos que residen incluso en personas con cierto conocimiento de los orígenes, dinámica y eventuales respuestas a la cuestión. Es maldito porque las únicas respuestas con alguna verosimilitud de eficacia significan un cambio tan sustancial en el status quo que requerirían, previamente, incluso una reconsideración de los valores fundacionales de nuestra civilización. Finalmente, en un vano intento de autojustificación, me refiero a la maldición del conferenciante. Desde luego una parte de los oyentes escuchará de mí aseveraciones que no quiere oír, pero que debe conocer. Pero otra, la ecologista, puede levantar también, frente a algunas de mis afirmaciones, sus defensas intelectuales. Ambos serán movidos por la emoción antes que por la razón. Al final, mis conclusiones serán (probablemente) apreciadas, pero afirmaciones tan extraordinarias habrían requerido fundamentaciones extraordinarias por lo que, inexorablemente, no tendré bastante con el tiempo que los organizadores me han adjudicado a pesar de mis denodados esfuerzos de síntesis. Confío que la longitud que me han otorgado para este texto y la posibilidad de incluir referencias permita salvar este inconveniente, siquiera de forma parcial.

Me propongo aquí mostrar la incorrección de las siguientes afirmaciones: (más…)

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Entrada anterior: 5. Umbral de estabilidad del sistema climático y el problema de control

Artículo de Bernard Barber en Science, 1961

Dado pues que no parece existir un análisis del margen de estabilidad del sistema climático de la Tierra efectuado desde la teoría de sistemas tendremos que ir a examinar los procesos concretos que se producirían, y tratar de conocer, a partir de los mismos, en qué momento se inician fenómenos que llevan a la desestabilización.

Es muy interesante, antes de proseguir, examinar cómo la comunidad científica ha ido avanzando en la determinación de un límite peligroso. El interés principal reside en observar cómo, a medida que pasa el tiempo, las cosas se ponen peor. Bueno, hasta cierto punto, porque ya en 1989 el mencionado AGGG (Advisory Group on Greenhouse Gases[40], que agrupaba el conocimiento científico del momento de forma similar a cómo que lo recoge ahora el IPCC, pero sin la intervención de todos los gobiernos del mundo, decía taxativamente: (más…)

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Entrada anterior: Cambio climático: ¿cuánto es demasiado? – 4: Cómo sería un mundo +2 ºC más caliente

Ingenuamente, yo crecí en el error de que la teoría de sistemas[31] (y su dinámica y control), ubicua por todos los entornos académicos y profesionales por los que he transitado, era bien conocida por todas las especialidades científicas, desde luego las ingenierías y las físicas. También de las ciencias exactas, pues el bagaje matemático subyacente es muy considerable. Pues resultó ser que no. Entre los ingenieros, poco más que los telecos y algunos industriales (los ingenieros de control, también denominados automáticos), químicos y eléctricos, llegan a familiarizarse con la dinámica de sistemas y los problemas de control. Biólogos y economistas la emplean como de pasada y con poca riqueza formal, y los físicos no aprenden teoría general de sistemas a lo largo de su ciclo formativo principal (76). Los físicos de la atmósfera y meteorólogos han visto en su especialización alguna aplicación del asunto a través de los fenómenos convectivos (77), pero desde luego no desde el punto de vista del control. (más…)

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Entrada anterior: 3.1. La artificialidad de las versiones economicistas tipo Stern

Temperaturas Holoceno

El sistema climático se ha encontrado en equilibrio en los últimos 10.000 años, a partir del inicio de la agricultura

En la entrada anterior vimos algunos de los inconvenientes de los modelos integrados económico-climáticos y de los análisis coste-beneficio. En un intento de evitarlos se desarrolló la técnica de la ventana máxima tolerable  (43).

La aplicación de esta técnica en la búsqueda de límites aceptables al cambio climático consiste en establecer definiciones normativas de barreras de seguridad que excluyan, por una parte, impactos físicos considerados intolerables y, por otra, consecuencias socioeconómicas consideradas asimismo intolerables en relación a las medidas de mitigación necesarias. Se trataría de analizar los sistemas implicados en estos procesos, con el fin de encontrar un espacio de estrategias políticas que fueran compatibles con estas restricciones (44). Por ejemplo, puede establecerse un tipping point como límite de impactos [ver: Entender la gravedad del cambio climático: 2. ¿Qué es el cambio climático ‘desbocado’? (Una introducción a los ‘tipping points’)] y un ritmo de reducción de las emisiones o del PIB que sea compatible con la estabilidad social, que fue estimado en el 5% (45).

Este método de la ventana máxima tolerable tiene la ventaja de que los juicios de valor no son implícitos, como en los casos anteriores, sino explícitos, y pueden ser sometidos a discusión para determinar, de entre el espacio de resultados, que constituye la ventana tolerable, cuál vaya a ser la estrategia elegida. Las pérdidas por un lado (por ejemplo, más incendios forestales) no son automática y opacamente compensadas por otro (por ejemplo, dinero), sino que la opción queda abierta (46). A partir de ahí, se retrocede la cadena causal para determinar el límite de emisiones, en función del tiempo, que impediría salirse de la ventana (47). (más…)

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Entrada anterior: 2: Dos grados más ¿respecto a qué? ¿Qué es lo realmente importante?

Mucha gente puede creer que dato tan importante para el futuro de todos nosotros como los +2 ºC procede, y es fruto, de un análisis riguroso, resultado de un proceso científico realizado con todas las de la ley y sancionado finalmente por el máximo órgano de autoridad científica: el IPCC. Por el contrario, veremos en este capítulo y en el siguiente la pobre fundamentación – y, por tanto, la carencia de credibilidad – del incremento máximo de la temperatura media de la Tierra que (algunas) naciones dicen que es la opinión de la comunidad científica (26).

Con notable éxito, la propia disciplina de la economía lleva siglos empeñada en abarcar todo el espacio-tiempo, incluyendo la totalidad de nuestras mentes y comportamientos[20], hasta el punto de esforzarse en cuantificarlo todo en términos monetarios. Rebasa así el terreno que le es propio, pero ha encontrado habilidades y complicidades suficientes como para presentar sus resultados al público como si las leyes de la naturaleza fueran a ser las suyas y el mundo fuera a hacerles caso a pesar de que su marco de validez, si alguna vez lo tuvo, hace ya décadas que ha sido rebasado. Hace esto en lugar de atender, como sería razonable esperar, a las leyes de la física como marco de referencia ineludible de la actividad económica. (más…)

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Entrada anterior: Cambio climático: ¿cuánto es demasiado? 1: Requerimientos para un objetivo global

Inundaciones en Georgia (EE.UU)

Si hubiera que determinar el objetivo en términos de incremento máximo de la temperatura media global, como menciona el acuerdo de Copenhague, lo primero a tener en cuenta es la referencia de base: respecto a cuándo se establece este incremento. No son lo mismo, pongamos por caso, 2 ºC más respecto al promedio de la era preindustrial o respecto al promedio de 1880-1920 con que a veces se juega, o respecto a la media móvil de los años anteriores a algún año concreto [ver Cuidado con la temperatura]. La cuestión es que, sin ir más lejos, el acuerdo de Copenhague, al referirse a los +2 ºC, simplemente no lo dice. Es más: el Acuerdo de Copenhague, contrariamente a la creencia general (y la mía hasta hace poco), no establece la cifra de 2 ºC como objetivo. Veámoslo:

“Para alcanzar el objetivo último de la Convención de estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un nivel que evite una interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático, y teniendo en cuenta la opinión científica de que el aumento de la temperatura mundial debería permanecer por debajo de 2 ºC, sobre la base de la equidad y en el contexto del desarrollo sostenible, intensificaremos nuestra cooperación a largo plazo para luchar contra el cambio climático.”

Si lo leemos atentamente veremos que lo que acuerdan los firmantes no es un objetivo sino, simplemente, intensificar la cooperación a largo plazo, lo cual es decir muy poco o nada. Cuando se refiere a nuestro punto focal [ver: Requerimientos para un objetivo global] escriben ‘teniendo en cuenta la opinión científica’, lo cual no es en absoluto cierto, como veremos más adelante. (más…)

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Cuando lea u oiga que “la comunidad científica advierte que para evitar una interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático la temperatura media de la Tierra no debe subir más de 2 ºC” o, ahora, +1,5 ºC, atribúyalo a un cálculo comunicativo. De no ser así sólo puede ser  ignorancia, a desidia, o a ingenuidad.

Un juego. Usted y otras nueve personas que no conoce ganan un viaje de un fin de semana a París. Una vez allí, les dicen que deberán costearse todos los gastos, también los de vuelta, a menos que sean capaces de encontrarse todos a las 12 del mediodía del domingo en un mismo lugar. Además, de conseguirlo, ganarán un millón de euros cada uno. ¿Usted adónde acudiría? Yo iría a la Torre Eiffel. Usted también, probablemente.

La Torre Eiffel es lo que, en teoría de juegos, se denomina un punto focal (1). Consiste en un referente común en ausencia de comunicación adecuada.

La comunidad internacional sancionó, en el Acuerdo de Copenhague de 2009, la cifra de 2 ºC de la temperatura de la Tierra como un valor máximo del incremento de la temperatura media (2). Es de creer que este objetivo que, según se decía en el texto, era consistente con la ‘visión científica’ y con el acuerdo de la Convención de Rio de Janeiro de 1992[1], iría a ofrecer una seguridad climática suficiente. Hoy (de hecho, ya en 2009, incluso mucho antes) esta cifra está siendo cuestionada con todo fundamento. ¿Entonces?

Si este valor límite resultara ser excesivo y encima, como algunos sugieren[2], imposible de respetar, deberíamos calificarlo de peligroso y, por tanto, combatirlo y proponer otro. Pero si conviniéramos que, frente a la dificultad manifiesta de promover la movilización colectiva por parte de quienes estamos alarmados en extremo por la severidad del problema climático, este guarismo resultara útil para la acción política, las reticencias que pueda razonablemente sugerirnos deberían ser objeto de relativización, siempre en la medida de que seamos capaces de prever, para el futuro, escenarios más acordes con la realidad. (más…)

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¡Lanzadas, señores, lanzadas, no alfilerazos! – Antonio Daudet[1]

Almacenes biológicos de carbono vulnerables a la temperatura (Canadell et al, 2006)

En abril de 2009, Amanda Leigh Mascarelli se preguntaba en Nature Reports Climate Change, filial de Nature, la revista científica de mayor impacto y prestigio mundial[2] por el ‘gigante durmiente’ presente tanto en los fondos marinos del Ártico, en forma de hidratos de metano, como en las zonas continentales más septentrionales, en forma de permafrost, que es la vegetación que se congeló durante, o hasta, la última edad de hielo, hace unos 20.000 años, y que se encuentra entre 0 y 6 m de profundidad. Este permafrost ocupa cerca del 16% de la superficie terrestre del planeta y contiene nada menos que 1,672 Tt (teratoneladas, o billones de toneladas) de carbono, una cantidad similar a todo el carbono contenido actualmente presente en la atmósfera (1). En ese artículo, James White, de la Universidad de Colorado, señalaba:

“Estos depósitos [permafrost e hidratos de metano] rivalizan con los combustibles fósiles en términos de volumen. Es como si tuviéramos, fuera de nuestro control, un suministro adicional de carbón, petróleo y gas natural.” (2)

La emisión neta de metano y dióxido de carbono por fusión y descomposición del permafrost supone el peor de los escenarios imaginables, sólo precedido en severidad por la erupción de los hidratos de metano del fondo marino, que en todo caso se produciría, masivamente, después.  (más…)

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“Nadie tiene una dicha eterna.” – Plauto

Klaus Schwab, fundador y CEO del Foro Económico Mundial

Mientras me doy tiempo para superar la mini-crisis que me supone tener montones de páginas escritas (¡centenares!) pero no acabar todavía de convencerme ninguna de ellas para ser publicada por aquí, me van llegando cosas de las que creo que debo mantener informados a mis lectores asiduos. Que nunca serán tantos como yo quisiera, pero no son pocos ya. Me referiré a tres documentos, todos ellos llegados ayer mismo.

El que mayor impacto me ha causado es el del Foro Económico Mundial, denominado Global Risks 2011, que es presentado como a la vez informador y provocador. Ni en lugar tan dado a la moderación y el mantenimiento del statu quo como condición de negocio resulta ya posible el lenguaje suave y el temple de gaitas.

El informe dice dos cosas. La primera, que el sistema Tierra (es decir, el físico-socio-económico) está tan al límite de sus forzamientos que no admite ya más impactos sin romperse. La segunda cosa que dice es que sufrirá más impactos.

The World is in no position to face major, new shocks[1] … Sin embargo, como demuestra este informe, nos enfrentamos a riesgos globales cada vez más grandes, a la perspectiva de un contagio rápido a través de sistemas cada vez más conectados y la amenaza de impactos desastrosos.” (1)

Convendrán conmigo en que el empleo de lenguaje de esta guisa en el más conservador (en lo económico) de los foros del mundo no presagia nada bueno. Vean sino en la foto el ademán (más…)

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Sevilla, 23/07/2010 - Imagen: Fernando Ruso (El Mundo)

[Actualización 12/10/2011: El año natural ha empatado con 2005 en haber sido el año más caliente de la historia, según las mediciones de la NOAA.] 

Digo meteorológico porque en climatología y meteorología los años se miden distinto: van de diciembre a noviembre. El año 2010, como se había supuesto [2010 podría superar el récord de temperatura de 2005], ha sido declarado por la NASA (1) el año más cálido desde que existen registros de medidas directas, cosa que se remonta a 130 años atrás. La temperatura media de la Tierra en 2010 fue de 14,65 ºC, precisamente 0,65 ºC superior a la media entre 1951 y 1980, la base de referencia más comúnmente empleada. El año 2010 fue sólo ligeramente más cálido que el año natural 2005, récord hasta ahora, cuya temperatura media fue de 14,53 ºC. (más…)

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Veremos aquí los avances más recientes relativos a algunos de los lazos de realimentación mencionados en la entrada anterior.

Reconsideración de las subestimaciones y consideración de los olvidos

La realimentación del vapor de agua dobla el calentamiento del CO2

El año 2010 ha sancionado, a través de la NASA, que el vapor de agua es el responsable del 50% del efecto invernadero total de la Tierra (42), aunque la ignorancia del Grupo de Estudios Estratégicos, extraño think tank[13] celtibérico, hubiera permitido decir en 2008 a Walter Williams, sin demostración ni fuente conocida, pero en perfecto castellano, que es el 95 % (43). En cuanto a su efecto de realimentación del calentamiento, ya se determinó en febrero de 2008 en Science que es fuertemente positivo, suficiente como para doblar el incremento de temperatura que se produciría de no existir (44,45,46). Es más: se ha visto que este efecto está muy bien incorporado en los modelos matemáticos y que sus resultados son robustos (47).

La respuesta de la nubosidad es ahora mucho peor de lo esperado

Todavía en 2008 el comportamiento de la nubosidad en un mundo más caliente era una incógnita sin resolver (48), y ha sido desde el principio la principal fuente de incertidumbre que impedía pasar de la calificación de las predicciones climáticas de ‘muy probables’ a ‘virtualmente ciertas’. Pero esta cuestión punto comenzó a clarificarse en 2009 en la dirección que se sospechaba, y se temía. (más…)

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An age is called Dark not because the light fails to shine, but because people refuse not to see it.” James Albert Michener, 1982

En ocasión de la cumbre de Copenhague de 2009 escribí, poco antes de sus inicios y en ocasión de las reuniones previas celebradas en Barcelona, que no era partidario de que se alcanzara un acuerdo [Por qué el ‘fracaso’ anticipado de Copenhague puede no ser una mala noticia]. Un acuerdo en base a unas emisiones que (eventualmente) equivalieran a limitar la concentración atmosférica de CO2eq [Algunas cuestiones no siempre bien comprendidas: Emisiones y concentración] a un valor que estuviera por encima del umbral de estabilidad, decía entonces, era peor que ningún acuerdo. En esa situación, proseguía, a efectos de opinión pública parecería que el problema estaría ya encarrilado – con la consiguiente atenuación de la presión popular – mientras que, por el contrario, el sistema climático[1] adquiriría en cualquier caso dinámica propia[3] y estaría ya fuera, por tanto, de todo control humano.

Al final, el acuerdo (1) se redujo a ‘evitar que la temperatura supere los + 2 ºC’, sin indicar con respecto a qué año se refiere este incremento ni cómo se puede conseguir tan ambicioso objetivo, a pesar de que ese promedio mundial de temperatura supondría ya un clima sustantivamente distinto al actual [Copenhague: ¿fracaso o esperanza?]. La realidad se ha impuesto: los compromisos de reducción de emisiones supuestamente orientados a ese fin no lo consiguen de ninguna forma, y todo lo que los países están dispuestos a reducir nos lleva directamente a superar los 3 ºC (2).

Hoy, en ocasión de Cancún, mantengo esta posición todavía con mayor convicción. (más…)

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‘The Arctic is often cited as the canary in the coalmine for climate warming … and now as a sign of climate warming, the canary has died. It is time to start getting out of the coal mines[1].’ – Jay Zwally, glaciólogo de la NASA ÀrticExaminar referencias Son diversos los motivos por los que la alarma respecto al problema climático no adquiere la intensidad popular que correspondería a su importancia.  Uno de ellos, relacionado no tanto con la información sino con la percepción pública del fenómeno, es el hecho de que las cifras simplificadas de temperatura que se manejan en los medios de comunicación y en el debate político son muy pequeñas respecto a la variabilidad diaria natural del tiempo meteorológico. Se habla de no superar dos grados. ¿A quién le importan dos grados más o menos? ¡No hay para tanto! ¿Alguna ola de calor más? ¿Qué más da? ¡Ya pondré el aire acondicionado más alto! Desde luego debe de ser un alarmismo exagerado y debe haber intereses detrás… Sin embargo, la realidad es muy distinta: dos grados más en promedio pueden llegar a ser 15 grados más en el Ártico: fusión total del hielo, emisión de metano y alteración de la corriente termohalina… el cambio climático desbocado habría comenzado. ¿Ha comenzado ya? Veámoslo. (más…)

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“For an evolutionary biologist to ignore extinction is probably as foolhardy as for a demographer to ignore mortality.” – David M. Raup

Efecte dòminoExaminar referencias

Ya comenzamos a entrar en materia y sabemos que los cambios climáticos como el que está en curso no son sólo progresivos sino, en general, súbitos, abruptos (35, 36, 37). Sabemos también que, por debajo de un incremento de la temperatura media de la Tierra de + 2ºC, ya se esperan consecuencias muy serias en cualquier parte del mundo en particular y en casi todos en general, con especial significación en la disponibilidad de agua potable entre 1º y 2 ºC (y en la productividad agrícola neta a partir de 2,5º 3 ºC) (38). Y sabemos que, hoy por hoy, estamos en la situación del ‘caso peor’, y en algunos parámetros peor todavía, que el peor de los escenarios de futuro considerados por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (8), lo que nos llevaría a la nada deseable situación que describí en esta entrada.  Sabemos también que, por encima de +1 ºC sobre el promedio preindustrial, el peligro de cambios súbitos de estado, que pueden producirse en el transcurso de muy pocos años (39), es ya a todas luces insoportable desde una perspectiva de riesgo mundial (40).

Ahora estamos a +0,8 ºC con respecto a la referencia estándar, que es el promedio de la era preindustrial. La inercia del sistema hace que, de forma inevitable, quede en la recámara, todavía por manifestarse, la respuesta a emisiones pasadas, estimada entre 0,5 y 0,6 ºC (41, 42). También aumentaría la temperatura, ahora de forma brusca, si no se quemara carbón o se hiciera de forma que  se evitara la emisión de azufre a la atmósfera como subproducto indeseado (43). En estas condiciones no es de extrañar que la comunidad científica considere, casi por aclamación, que este umbral de +2 ºC, con el que se trabaja en las negociaciones internacionales, va a ser inexorablemente superado (10). Y ello sin contar con que, desde hace unos pocos años, a este valor se le considera claramente excesivo, arriesgado y peligroso (44).

Conviene ahora revisar primero, y completar después con nueva información, la entrada relativa a los estados estables del sistema climático. (más…)

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