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“El hombre … aún habla de una batalla contra la naturaleza olvidándose que, en el caso de ganar, se encontraría él mismo en el bando perdedor.” – Ernst F. Schumacher(760)

En su obra Esperanza en la oscuridad, Rebecca Solnit describe escenas históricas donde emerge lo mejor de la especie humana y reconstruye sociedades que han sido devastadas por fenómenos extremos, de origen humano o natural(727). La necesidad de ayudar es el título de uno de sus capítulos, donde muestra cómo, tras un desastre, la pulsión de amor es ubicua, brilla una solidaridad antes desconocida alcanzando a todo lo importante mientras las tendencias a la barbarie son activamente contenidas. Vamos a tener que ejercer esta cualidad abundantemente en el futuro. Estamos en un nuevo escenario que nos brinda una oportunidad para extraer lo mejor de nosotros mismos.

En este sentido, antes de sumergirme en mi estilo habitual permítame también, querido lector, un preámbulo gozoso relacionado con el párrafo anterior. Esta crisis tiene un punto ético de altísima categoría. Tal vez en el futuro veamos que hemos sido pasto de un discurso fabricado – tipo 11-S – pero aun así afirmo y me congratulo del hecho de que es preciso reconocer y asentir éticamente al hecho de que la detención y confinamiento de medio mundo se hace ahora, principalmente, para poder atender a nuestros mayores y a las personas más vulnerables en términos sanitarios. En efecto, entre los menores de 50 años la mortalidad es muy baja o todos parecen poder tener acceso a un respirador si lo requieren. Aunque me inquieto por su perdurabilidad, lo que ahora estamos haciendo es intentar contrarrestar la tendencia natural a que, previendo la saturación del sistema sanitario, se deje morir sobre todo a los mayores. Al mismo tiempo surgen mascarillas populares por todas partes y grupos de ingenieros diseñan respiradores fáciles de fabricar masivamente.

Veo esto como algo extraordinario, aunque me inquiete por la perdurabilidad de este sentimiento, en este momento muy mayoritario pero que algunos gobiernos como el español parecen comenzar a orillar. Lo interesante es que este es un comportamiento de difícil marcha atrás. Si volvieran a aumentar las muertes por relajación de la normativa motivada económicamente, la demanda social para volver a las medidas drásticas sería enorme.

Me inquieta también la reacción de las élites, todavía no manifestada más allá de lo propagandístico y de proseguir su política de intercambio – y no de donación – consiguiendo prebendas adicionales, actuales o futuras, por parte del estado. Pero es todavía selectivo geográfica y afectivamente: ayer, 8.500 niños murieron por desnutrición, solo en África. Hoy, otros tantos.

El colapso era esto

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“On a planet 4C hotter, all we can prepare for is extinction.” – Oliver Tickell(667)

Informe de 2012 financiado y asumido por el Banco Mundial

También James Hansen – como tantos otros – se ha unido a quienes aventuran la superación de los 1,5 ºC en la década de los 2030s como muy tarde(668), en coherencia con su anuncio reciente de una aceleración en curso del aumento de la temperatura(669) que otros avalan.

Por otra parte, que la superación de los +2 ºC es “virtualmente cierta” lo sabemos ya desde hace por lo menos una década(670). ‘It’s over’(671) (se acabó), decían, incluso cuando se creía todavía que 2 ºC eran soportables(672). El prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) apuntaba en 2015 que, si la sensibilidad climática estuviera en la zona superior del margen 2-4,5 ºC, los +2 ºC se alcanzarían en 2030-2035, y que si fuera menor se superarían en todo caso poco después de mitad de siglo(673). El Global Energy Tracker elaborado por las universidades australianas de Queensland y Griffith apunta también a la década de 2030(674). Manola Brunet, presidenta de la Comisión de Climatología de la Organización Meteorológica Mundial, afirmaba hace pocos meses que los +2 ºC pueden tranquilamente alcanzarse en 2035-2040(675).

A la misma conclusión llegaba implícitamente un informe de la consultora Price Waterhouse Cooper en 2012, al concluir que eran necesarias mejoras en la “intensidad de carbono” del PIB superiores al 5% anual durante 40 años a partir de 2013(676), contando naturalmente con que el crecimiento económico en términos de PIB debía proseguir. Y de hecho llega a la misma conclusión todo informe que exija acciones termodinámicamente imposibles de este cariz mágico – como a menudo ocurre en los del propio IPCC – por mucho que las vistan de retórica posibilista tipo challenging, unprecedented, etc.

Poner premisas o condiciones imposibles para ofrecer resultados digestibles a la clientela es una forma de moderación inmoderada, pero siempre que los autores sean bien explícitos en cuanto a la inverosimilitud de los escenarios que se plantean, lo que rara vez es el caso.

¿Qué ocurre a partir de entonces? Seguir leyendo »

“We were surprised by the intensity of the changes we saw, how rapidly oxygen is going down in the ocean and how large the effects on marine ecosystems are.” – Andreas Oschlies, 2019(615)

Fuente: Foto redbrickstock.com/Alamy

Junto a las imponentes olas de calor marinas y la acidificación que hemos visto en sendos capítulos anteriores son también poco conocidos los efectos de la notable pérdida de oxígeno de los océanos (hipoxia). Esta situación resulta letal para muchas especies y altera los ecosistemas marinos de modo fundamental. En rigor se habla de zonas OMZ (Oxigen Minimum Zones), definidas como aquellos volúmenes oceánicos cuya concentración de oxígeno disuelto es inferior a 2 mg/litro. Pero amplias zonas del este del Pacífico y del norte del Océano Índico son ya casi completamente anóxicas.

El calentamiento, la acidificación y la desoxigenación que, entre otras consecuencias, afectan a la producción primaria del fitoplancton, son considerados históricamente los principales agentes agresores del medio marino(616), con la particularidad de que en nuestro tiempo se están dando todos a la vez y acelerándose. Todo ello, junto a la pesca industrial, ha conducido ya a los denominados desiertos marinos, zonas hipóxicas o anóxicas que solo albergan una vida anaeróbica bastante elemental.

Desoxigenación subestimada en alcance y velocidad de expansión

El oxígeno disuelto en los océanos ha disminuido durante el siglo XX(617). Seguir leyendo »

“We are entering an unknown territory of marine ecosystem change.” – Andy Ridgwell(552)

Disolución de caparazones y ruptura de cadenas tróficas

Lo más grave que les ocurre a los océanos no lo veremos en los termómetros, sino en los medidores de pH y en los seres que sufren la disminución de esa variable. Es algo de lo que se habla demasiado poco, pero su impacto sobre el conjunto de la biosfera marina, y sobre todos nosotros, es verdaderamente serio, tanto o más que las olas de calor marinas. Es la acidificación de los océanos debida a la absorción de CO2, un gas levemente ácido que altera la química de los mares, decisivamente para su biología. Al igual que en la atmósfera, esto no ocurre gratis. Puede, de hecho, salir tan caro como toda la vida marina. La acidificación altera la especiación química y los ciclos biogeoquímicos de muchas especies y compuestos marinos, y entre sus efectos más conocidos se encuentra la reducción del nivel de saturación de carbonato cálcico(553). La acidificación de los océanos se está produciendo a una velocidad más rápida de lo esperado(554), de hecho mayor que cualquier episodio de acidificación ocurrido en los últimos 300 millones de años, algunos de ellos asociados a extinciones masivas(555).

Su importancia es tan grande que fue incluido en uno de los nueve conocidos límites planetarios, separándolo del cambio climático aunque su causa originaria sea común(556). Y el problema es tan serio que, hace ya más de diez años, el conjunto de todas las academias científicas del mundo, reunidas en el InterAcademy Council, efectuó un llamamiento desesperado a la comunidad internacional para que comprendiera la gravedad de este problema concreto, algo así como la otra cara del cambio climático. Pero ¿ha oído usted a los medios hablar de este asunto durante todos estos años?

Veamos. Seguir leyendo »

Índice tentativo de la serie

“The insidious thing about climate change is there’s nowhere to hide from it.” – Terry Hugues(478)

Esquema de los componentes críticos y sus alteraciones en el océano y la criosfera (IPCC SROCC Chap. 1. Fig. 3)

¿Y los océanos? ¿Cuál es el impacto del cambio climático en los océanos? ¿Es peor de lo esperado? Los océanos son más importantes en el sistema climático de lo que en general puede parecer sobre todo a quienes habitan zonas interiores. Son, de hecho, decisivos.

Ocupan los dos tercios de la superficie de la Tierra, sus corrientes distribuyen energía y nutrientes a lo ancho del globo, absorben y emiten CO2 y otros gases de efecto invernadero, y albergan los denominados bosques ocultos[1]Son tan importantes para el sistema climático que acumulan más 90% (!) de la energía en exceso que acumula el planeta entero debido al efecto invernadero aumentado por nuestras emisiones, y absorben el 25% de estas mediante distintos mecanismos. Nótese pues que de toda la energía en exceso solo una pequeña parte del calentamiento global, de solo el 2,3%, reside en la atmósfera – y es la parte que, hasta ahora, más nos ha preocupado(479).

Pero alguien dijo que el problema del calentamiento global es, en realidad, el problema del calentamiento de los océanos(480). Tal vez por ser especialmente frágiles, lo que se comprueba históricamente al constatar sus alteraciones mayores y extinciones masivas a circunstancias en principio menores, como la elevación del istmo de Panamá entre otros(481).

Una nota gaiana

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[Actualización de la entrada anterior sobre el empeoramiento de las previsiones sobre el aumento del nivel del mar]

[Actualizado 23/01/2020]

Imágenes por satélite del Delta del Ebro el 22/01/2020 comparado con la normalidad hasta ahora. Nota: los píxeles azules no distinguen entre agua dulce o salada

Riesgo de inundación previsto para 2050 en un escenario de altas emisiones. Imagen obtenida mediante la herramienta Coastal Risk Screening Tool

El gráfico de la izquierda, correspondiente a una imagen del satélite del programa Copérnico, muestra el Delta del Ebro el día 22/01/2020 tras el paso de la primera ola de la tormenta Gloria, comparado con la normalidad hasta ese día. Para interpretar esta imagen por satélite hay que tener la precaución de considerar que los píxeles azules corresponden tanto a agua salada como a agua dulce de lluvia, y es por tanto prematuro atribuir todo el agua a la invasión marina. Sin embargo, las primeras informaciones apuntan a que el mar llegó a penetrar hasta 3 km hacia el interior del delta.

La imagen siguiente muestra el alcance de las inundaciones previsto para 2050 entregada por la herramienta “Coastal Risk Screening Tool” de Climate Central[i]. Esta herramienta fue desarrollada hace un año a partir de un informe de Climate Central donde advertía que el impacto costero era peor de lo esperado[ii], y cuyo soporte teórico fue publicado en Nature Communications a finales de octubre[iii].

De modo que hoy nos hemos encontrado con un adelanto de lo que estas previsiones, revisadas a peor hace menos de un año, prevén para 2050.

Dos veces peor de lo esperado. Seguir leyendo »

Índice tentativo de la serie

“There’s no scenario that stops sea level rise in this century. We’ve got to deal with this indefinitely.” – Michael Oppenheimer, 2019

El aumento del nivel del mar es una de las consecuencias del calentamiento global menos valoradas, principalmente porque, a diferencia del incremento de temperatura es, en esta primera fase, poco perceptible por los sentidos. Además es una consecuencia de este último y responde mucho más lentamente. Pero su importancia se visibiliza algo más cuando tenemos en cuenta que una estimación simple apunta a que un aumento de 10 cm pone en riesgo costero una cantidad de personas en número de 20 millones(432).

El aumento del nivel del mar se produce por la fusión de los grandes casquetes de hielo (Groenlandia y la Antártida), de los glaciares, de la extracción de aguas freáticas y en buena medida también por la dilatación térmica de los océanos al aumentar su temperatura. Nótese que el nivel del mar es como el termómetro de mercurio en relación a la temperatura media de la Tierra: cuanto mayor la temperatura, mayor la fusión de los distintos hielos del planeta (Groenlandia, Antártida, glaciares terrestres) y mayor la expansión volumétrica de los océanos(433); cuanto menor, más nieve, más hielo, que naturalmente se resta del nivel del mar.

El gráfico del encabezamiento, elaborado por David Archer, prestigioso glaciólogo de la Universidad de Chicago, lo muestra con claridad. También muestra que, al duplicarse la concentración atmosférica de CO2 y alcanzarse +3 ºC (como mínimo), cosa que ocurrió en el Plioceno hace tres millones años y es previsible que se alcance dentro de este siglo, el nivel del mar correspondiente era 50 m superior al actual. Claro que el proceso de fusión de los hielos es mucho más lento que el del incremento de temperatura y este nivel extraordinario, al que el planeta estaría condenado, se produciría a lo largo de siglos y quizás algún milenio, según fuera evolucionando a su vez la temperatura, y en todo caso a distintos ritmos, en general poco predictibles.

Extrema moderación hidrológica del IPCC

En relación a la moderación exhibida por el IPCC con respecto a esta crítica cuestión es muy interesante examinar la evolución de las predicciones acerca del incremento del nivel del mar para 2100. A principios de los 80 la Agencia de Protección Medioambiental estadunidense (EPA) aventuró valores entre 144 y 200 cm, si bien consideraba que 3,5 m no podían descartarse(434). Este estudio previo no está considerado en el gráfico, que se limita a los distintos informes del IPCC, comenzando en 1990.

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“Es peor, mucho peor, de lo que imaginas.” – David Wallace-Wells

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Muchas personas están confundidas respecto a la gravedad de los impactos correspondientes a un aumento de la temperatura media de la Tierra de +2 ºC, creyendo que la comunidad científica ha establecido alguna vez este umbral como un límite de seguridad. Esto no es así en absoluto: se trata de un acuerdo político al que la ciencia intenta anticipar sus impactos. La historia de los +2ºC viene de lejos, y en su determinación se han empleado incluso consideraciones de orden religioso.

En relación a cuál es, si existe, el límite de seguridad en términos de temperatura cabe destacar también aquí la constatación de la misma constante de revisión a peor en relación a los impactos esperables del cambio climático a igualdad de circunstancias, por ejemplo de temperatura, en los sucesivos informes. Esto es de especial importancia y significación, pues lo que más preocupa a los humanos es, precisamente, cuáles están siendo y vayan a ser los impactos del calentamiento global más allá de las consabidas, y temidas, olas de calor. Seguir leyendo »

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Respondiendo al encargo a la comunidad científica originado por la comunidad política en el Acuerdo de París en el que las naciones se comprometieron a ‘mantener el aumento de temperatura muy por debajo de +2ºC sobre los niveles preindustriales y proseguir esfuerzos para limitar el incremento de temperatura a 1,5 ºC’, el IPCC respondió, en menos de tres años, con un relevante informe sobre los impactos de +1,5 ºC (comparados con los de +2 ºC) y las acciones necesarias para no superar esa cifra políticamente determinada. Este informe de carácter extraordinario, titulado escuetamente Global Warming of 1.5 °C (en adelante SR1.5), apareció a primeros de octubre de 2018 y me referí a él aquí.

Ciertamente, este informe sigue la tendencia conocida de presentar resultados peores que los de informes anteriores por lo menos, como hemos visto, en el decisivo ámbito de los impactos. Por tanto, aquello que habría que hacer para evitar que se produzcan es también más exigente.

Con todo, el informe SR1.5 no es tan moderado como los anteriores. El patrón de subestimación del riesgo sigue existiendo a lo largo del informe, como ahora veremos. Sin embargo, algunas de las expresiones que contiene dan a entender, leyendo entre líneas, que los redactores no han querido ser tan timoratos como en ocasiones anteriores. Así, escriben:

“Limitar el calentamiento a 1,5 °C requiere un cambio transformador sistémico… Un cambio de este tipo requiere una escalada y aceleración de la implementación de políticas de mitigación de largo alcance, multinivel y trans-sectorial, además de tener que superar distintas barreras[1]. Este cambio sistémico debería ir acompañado de acciones de adaptación complementarias, incluyendo adaptación transformativa, sobre todo para las trayectorias que rebasen temporalmente los 1.5°C.”(399)

Aun así, estas afirmaciones son moderadas. Seguir leyendo »

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Sensibilidad climática según distintas metodologías (ref. 396, ver también ref 397 más actualizado)

Uno de los parámetros de mayor relevancia del cambio climático, si no el que más, es la denominada sensibilidad climática, entendida como el aumento de la temperatura media de la Tierra a largo plazo que corresponde a una concentración de dióxido de carbono en la atmósfera que sea el doble de la preindustrial (560 ppm vs. 280 ppm).

En el cuarto informe (AR4), de 2007, el IPCC estableció el valor de 3 °C como mejor estimación, con un margen de incertidumbre de 2 a 4,5 °C. De hecho, el valor de 3 °C como estimación central, asociado a distintos márgenes de incertidumbre, se ha mantenido inalterable durante todo el siglo XX, desde que Svante Arrhenius lo calculó en la primera década del siglo pasado(373). Paradigma del efecto anclaje donde los haya [efecto 4].

En el último informe de 2013 se examinaron nuevos trabajos, más recientes, que apuntaban a sensibilidades superiores, mientras los modelos estándar seguían dando valores entre 2,1 y 4,7 °C, muy parecidos a los del informe anterior(374). Y también unos pocos, basados en períodos recientes muy cortos y calculados con modelos muy simples, que concluían en sensibilidades inferiores, de alrededor de 1,5 °C. La elección del IPCC consistió en ampliar el margen inferior de incertidumbre, convirtiéndolo en 1,5-4,5 °C, no pronunciarse sobre mejor estimación alguna y desoír los trabajos que apuntaban a sensibilidades más elevadas. Pero hay mucho más. Seguir leyendo »

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Permafrost Svalbard

Permafrost i termokarst en Svalbard (Noruega) – Getty Images

El IPCC define el permafrost como todo suelo que se mantiene por debajo de 0ºC durante por lo menos dos años consecutivos, incluyendo rocas, hielo y materia orgánica. Denomina termokarst a los humedales o lagos que se forman por la fusión del permafrost(352).

Nótese que el problema del permafrost es clave, pues podría ser el inicio del momento en que la Tierra comienza a emitir CO2 por sí misma, lo que desde luego tiene implicaciones respecto a cuántas emisiones podríamos los humanos teóricamente permitirnos en el futuro, si es que todavía nos quedara algún margen. Por lo pronto ya hemos visto que además de CO2 y metano también emite óxido nitroso (N2O), y que las emisiones de este último gas estaban siendo subestimadas nada menos que en un factor 12.

Démonos cuenta de que la fusión del permafrost constituye un infortunio definitivo por lo menos a largo plazo, pues la cantidad de carbono que contiene es por lo menos dos veces superior al contenido en toda la atmósfera. Sabemos que, del total de emisiones antropogénicas a la atmósfera, en términos de CO2 la mitad es absorbida por la biosfera y los océanos. Pues bien, esas emisiones pueden llegar a ser hasta del 88% del total absorbido(353).

Ocurre pues que, si en relación a la superficie y el volumen de hielo del Ártico la realidad iba 100 años por delante de las primeras previsiones, el permafrost, por su parte, parece estar emitiendo ya por sí mismo, en respuesta al calentamiento global y a su amplificación polar asociada, una cantidad de gas metano y CO2 que los informes habían previsto para 2090(354). Mientras tanto, algunos científicos sitúan el punto de inflexión de la desestabilización del permafrost a un incremento de la temperatura global tan bajo como +1,5ºC, umbral próxim(355)o a ser superado como pronto veremos.

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Lo siento, sois demasiadas

Una molécula de óxido nitroso (N2O), el denominado gas de la risa, ejerce una influencia en el efecto invernadero unas 265 veces superior al de una molécula de CO2, constituyendo así el tercer gas atmosférico en importancia climática tras el CO2 y el metano. Durante los últimos 400.000 años la evolución de la concentración de este gas ha corrido pareja a la de CO2, pero su papel en los cambios climáticos del pasado ha sido francamente menor. Pero esto está cambiando, dada la gran cantidad de nitrógeno sintético empleado como fertilizante en la agricultura intensiva de las últimas décadas, la denominada revolución verde. ¿Es verdaderamente verde?

La producción industrial actual de nitrógeno reactivo (N obtenido artificialmente, a diferencia del N2 inerte atmosférico) excede  con mucho el total global de todos los orígenes naturales(331). Sobre el sistema climático la aportación de nitrógeno presenta un comportamiento dual. Por una parte calienta el planeta a través de la formación de dos gases de efecto invernadero: el óxido nitroso y el ozono troposférico. Por otra parte presenta a su vez una función de enfriamiento al reducir el tiempo de residencia del metano en la atmósfera, favorecer la generación de partículas que reflejan la radiación solar(332) y, en función de su efecto fertilizador, contribuir al crecimiento vegetal, también de los bosques, absorbiendo así parte del CO2 atmosférico procedente de las emisiones energéticas o de la deforestación. En conjunto, los efectos térmicos del N2O dominan solo levemente(333), si bien sus impactos sobre la salud humana y la biodiversidad lo hacen especialmente indeseable(334). En términos económicos, solo en Europa el exceso de nitrógeno en el medio ambiente tiene un coste anual de entre 70.000 y 320.000 millones de euros cada año(335).

Emisiones de N2O del permafrost 12 veces superiores a lo esperado

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“Data without models are chaos, but models without data are fantasy.” Patrick Crill, Stockholm University(301)

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Aun siendo el más importante cuantitativamente, el CO2 no está solo en la atmosfera como contribuyente al calentamiento global. El conjunto de otros gases tales como el metano, el óxido nitroso (N2O), el ozono, los propelentes y espumosos CFC y HFC, el hexafluoruro de azufre (SF6), etc., influyen en una proporción de entre el 30 y el 50%. Aunque estos gases están presentes en menores cantidades, su potencial de calentamiento (Global Warming Potential) es muy superior al CO2, del orden de 100 a 10.000 veces mayor.

Centrémonos en el origen antropogénico de dos de ellos, de hecho los dos más importantes después del CO2 a efectos climáticos: el gas metano y el óxido nitroso. Posteriormente nos ocuparemos de los CFC/HFC y el SF6.

Metano infravalorado

El gas metano (CH4) es un componente atmosférico muy importante, porque su variación ha estado presente, junto al CO2, en todos los cambios climáticos rápidos de la historia. El gas metano contribuye al incremento del calentamiento global en alrededor de un 20%(302). Su concentración atmosférica ha aumentado en un 150% desde la era preindustrial, y algunas previsiones del IPCC apuntan a una duplicación adicional para 2100 (303). La mayor parte del gas metano atmosférico no se origina en la combustión, pues es en realidad un combustible. Las fuentes antropogénicas principales son las fugas en la extracción de este gas (ya en 2004 mayores de lo que se creía(304), la agricultura y ganadería (principalmente arroz y fermentación entérica(305), los residuos orgánicos (el compost emite metano) y, en mucha menor medida, la combustión de biocombustibles y biomasa. Seguir leyendo »

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Efectos de los bosques en la disponibilidad de agua y en el clima, a distintas escalas. Fuente: ref 301

El tan esperado pico de emisiones resulta pues esquivo, huidizo. Y es que, en las condiciones sociales actuales, solo una recesión global permanente permitiría reducir significativamente las emisiones de origen energético. Esta situación es peor de lo que se esperaba, por lo menos la que esperaban todavía quienes confiaban en el desacoplo entre emisiones mundiales y PIB global, en un alarde de pensamiento mágico contrario a la termodinámica. Hipótesis refutada ya por todas partes, como muestra un reciente informe de la Unión Europea que examina 300 trabajos al respecto (274).

En cualquier caso, y en consonancia con la concentración atmosférica, las emisiones globales de CO2 tampoco son peores de lo esperado, pero si están en la zona superior de los escenarios contemplados por el IPCC, el denominado el RCP8.5. De hecho, en función del desequilibrio energético actual, de 6,8 W/m2 estaríamos hoy en un escenario RCP6.8, si este existiera como tal (275) – confirmando que el superior RCP8.5 no puede ser considerado el business as usual(276). Recordemos que, de los cuatro escenarios contemplados por el IPCC, los dos superiores son RCP6.0 y RCP8.5 y que los números informan del forzamiento radiativo en W/m2.

Pero esta situación podría cambiar si atendemos a algunos parámetros que sí están siendo subestimados. Por ejemplo, las emisiones de CO2 procedentes del tráfico aéreo están creciendo a un ritmo un 70% superior al previsto (277); entre las demás fuentes de CO2 subestimadas se encuentran los suelos tropicales afectados por la deforestación y el aumento de las prácticas agrícolas, cuyo CO2 es vehiculado por las corrientes de agua (278). También una cantidad sorprendente de CO2, antes inimaginada, resulta ser expelida por los flujos turbulentos de agua procedentes de las montañas: ríos, torrentes, arroyos, cascadas, etc. (279)

Todo ello si es peor de lo que hasta ahora se tenía por cierto.

La deforestación, mayor que la esperada

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La concentración atmosférica máxima tolerable de CO2 es un parámetro que ha sufrido también los efectos de la moderación. La concentración atmosférica máxima tolerable será aquella que evite el rebasamiento de un incremento máximo de la temperatura media de la Tierra que sea considerada intolerable en sus impactos y consecuencias, normalmente con una probabilidad likely (66%).

Recordemos siempre que lo que realmente cuenta a efectos de forzamiento climático es la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera en cada momento. No las emisiones, en el sentido de que una disminución de las mismas, si no fuera absolutamente drástica, seguiría haciendo aumentar esa concentración. La bien estudiada limitación perceptiva que consiste en confundir flujos con acumulaciones (264) está detrás de esta frecuente confusión de quien no está prevenido frente a ella.

Para los economistas ortodoxos es correcto un mundo a +3ºC con riesgo de 4,5 o más

En todo caso el incremento máximo de temperatura es, en último término, una elección que no corresponde a la comunidad científica. Sin embargo, a la vista de lo que en cada momento ésta pueda considerar un daño excesivo, no ha dejado de sugerir, siquiera implícitamente, valores máximos que supongan un umbral previo a lo considerado intolerable. Seguir leyendo »

Manuel Casal Lodeiro, editor de 15/15\15 y autor de “La izquierda ante el colapso de la civilización industrial” y “Guía para el descenso energético” ha elaborado una profunda, y extensa, crítica del libro ¿Qué hacer en caso de incendio?, de Emilio Santiago Muiño y Héctor Tejero, obra que sirve de base a las propuestas de Más País. Dada su importante extensión, tres blogs (Antonio Turiel, Jorge Riechmann y este mismo) han acordado publicar distintos párrafos con un enlace al texto completo.

Así, este post no debe considerarse como perteneciente a la serie “Peor de lo esperado”, que proseguirá normalmente en breve.

“Es verdad que el Green New Deal no nos permitirá apagar el incendio. Pero si mitigarlo, conseguir tiempo, forzar una prórroga. Mucho más de lo que ahora tenemos.” El problema, aunque parezca mentira tener que decirlo, es que los incendios no se “mitigan”: se apagan o no se apagan. Y ellos no hablan de que sea imposible apagarlo, sino que afirman, simplemente, que su propuesta no permitirá hacerlo. ¿Por qué no buscar, entonces, una que sí lo haga? ¿Por qué quedarnos en la “mitigación” o contención del fuego cuando sabemos que otro tipo de abordaje podría permitir su extinción? Además, como ya he señalado antes, ni siquiera explican (ni aquí ni en el resto del libro) cómo se supone que se ganará ese “tiempo” del que tanto hablan, sin abandonar el capitalismo. Más bien todo lo que sea continuar sin echar el freno de emergencia, como reclaman desde Thunberg hasta Tanuro, pasando por Riechmann, es echar más leña al fuego: más emisiones, más agotamiento de minerales, más expolio de otros países, menos recursos restantes para reconstruir la resiliencia que sostenga la vida humana tras el colapso. Seguir leyendo »

“The Arctic is often cited as the canary in the coalmine for climate warming … and now as a sign of climate warming, the canary has died.” [1]– Jay Zwally (NASA, 2007) (220)

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La corriente en chorro se desestabiliza con el sobrecalentamiento de la región ártica, provocando fenómenos extremos en latitudes bajas

El Ártico es considerado el “canario en la mina” del sistema climático de la Tierra, su elemento más sensible, de hecho es su elemento clave en tanto que iniciador de procesos mucho más severos y perceptibles en cascada. Así lo definió el glaciólogo de la NASA Jay Zwally, que en su juventud había trabajado en minas de carbón (221).

La gravedad de la fusión del hielo ártico no es tanto, como a veces se afirma, su supuesta función de “refrigerador” del planeta. De hecho la fusión produce un efecto de calefacción. Al calentarse los polos más que otras latitudes debido al fenómeno de la amplificación polar (especialmente acusado en el hemisferio norte), este mayor incremento de temperatura provoca no solo una mayor fusión del hielo, sino además la fusión progresiva del permafrost circundante, vegetación congelada que contiene en total 2-3 veces más carbono que la propia atmósfera. Así, la propia Tierra se va convirtiendo crecientemente en emisora de gases de efecto invernadero, emitiendo metano y dióxido de carbono por su cuenta en unas cantidades cada vez más comparables a las de origen antropogénico. La amplificación polar ocurre debido a la presencia de distintos lazos de realimentación positivos en la zona, siendo la pérdida de reflectividad – pasar del blanco del hielo al azul del mar, el denominado albedo – el más importante. La fusión del permafrost es otro de los muchos lazos de realimentación presentes en el sistema climático: cuanto más se calienta la Tierra, más permafrost se funde, más CO2 y metano se emite y más se calienta la Tierra.

100 años de adelanto

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“Out-of-the-box thinking is vtal … Climate change is now reaching the end-game … it is all the more important to listen to non-mainstream voices who do understand the issues and are less hesitant to cry wolf. Unfortunately for us, the wolf may already be in the house.” [1]– Hans Joachim Schellnhüber (217)

Índice tentativo de la serie

“Afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria”, decía Carl Sagan, esposo de Lynn Margulis. En eso estamos. La elaboración de los textos que siguen en forma de entradas de blog me ha llevado mucho más esfuerzo del esperado – incluso cuando creía estar ya suficientemente informado. Bueno, esto ocurre siempre. Pero he decidido un título cuyo desarrollo requiere de un rigor extremo.

Algo a evitar militantemente en casos como este es el efecto conocido como “cherry-picking”, llamado así (recolectar cerezas) porque consiste en elegir solamente como apoyo los textos y papers que van en favor de un argumento cuya conclusión, normalmente, quien escribe conoce ya de antemano salvo que por el camino se vea obligado a desdecirse. En todo caso la preocupación ha sido decreciente en la medida de que son tantos los ejemplos de subestimación, y sobre tantas variables, que sólo con mala fe puede hablarse ya de selección intencionada. Si es usted un iniciado y encuentra algo demasiado forzado le ruego que lo considere involuntario. Si además me lo hace saber y encuentro razonada su objeción lo corregiré y avisaré de ello.

Siempre a peor

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“This analysis is nuts!”[1] – Steve Keen, economista post-keynesiano (119)

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Vimos en la entrada anterior algunas características generales del IPCC que llevan a la moderación de sus resultados, moderación que se acumula a distintos efectos psicológicos y sociológicos a lo largo del proceso de avance de la ciencia descritos anteriormente. Hoy ponemos el foco en la intervención de la economía en su contacto con las ciencias del clima, que en este organismo tiene lugar parcialmente en el Grupo de Trabajo II y totalmente en el III.

 

Es de rigor comenzar constatando en el Grupo de Trabajo III (en adelante WG III) una preocupación y una consideración de las cuestiones éticas y de justicia muy pobre en informes anteriores. Dedica a estas cuestiones un capítulo completo (120), junto a una discusión franca del alcance y las limitaciones de la economía (121) en relación al problema en cuestión que resulta de gran interés, aun constatando que en el resto del informe se hace caso bastante omiso de estas consideraciones de fondo. Una explicación a este dualismo sería la necesidad reglamentaria de basarse en la literatura académica estándar, que en la economía mainstream obvia sistemáticamente entrar en conflicto con los fundamentos, desde luego los éticos.

Pero que el Grupo de Trabajo III dedique el informe a Elinor Ostrom a toda página xiii (122), único premio Nobel de Economía concedido a un(a) no economista es en todo caso una buena señal. Su trabajo (123) en relación a la auto-organización colectiva, no necesariamente gubernamental, como respuesta al vector neoliberal de la tragedia de los comunes (124) – como algunas veces se califica al problema climático desde posiciones conservadoras (125) – es realmente notable  (126) y podría ser un atisbo del inicio de alguna transición en este WG III.

Economistas de movimiento perpetuo y siempre moderado

Es muy interesante atender también aquí a la membresía y autoría del WGIII, como hicieron investigadores del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de Bellaterra (Barcelona) y publicaron en Nature Climate Change. Observaron que en este grupo de trabajo el dominio de economistas y unos cuantos ingenieros es prácticamente total, y que de los 35 coordinadores de los distintos capítulos sólo tres procedían de ciencias sociales que no fueran económicas, mientras que la importancia de esta ausencia es bien sentida (127).  Además, la institución para la que esa mayoría de economistas más había trabajado en algún momento de su carrera era el Banco Mundial (128), lo que desde luego comporta un sesgo condicionante en términos de status quo. El 49% son economistas neoclásicos o ingenieros, y sólo el 15% fueron formados como científicos sociales distintos a los economistas mainstream[2]. Seguir leyendo »

“You can of course debate whether it is a good thing or a bad thing that IPCC reports are conservative, but the most important thing is that we know that it’s conservative, so you understand the IPCC reports in the correct way.”[1] – Stefan Rahmstorf, IPCC (91)

Índice tentativo de la serie

Vistos cuales son los mecanismos que llevan a la moderación en un marco de consenso científico, examinemos ahora con cierto detalle el IPCC, paradigma del consenso en las ciencias del cambio climático, para comprender qué sesgos pueden tener los resultados en función de su composición, estructura y dinámica. Es en el IPCC donde se sustancia el consenso científico alrededor de las ciencias físicas, biológicas y económicas relacionadas con el clima, así como de sus impactos en las sociedades y en la vida misma y las propuestas de abordaje del problema. En el IPCC, todos los informes se redactan por consenso.

Características esenciales del IPCC

Efectivamente, en el caso de las ciencias del clima al consenso científico se le exige un grado de aceptación virtualmente universal, hasta el punto de haber sido institucionalizado a través de Naciones Unidas (92) y la Organización Meteorológica Mundial en el conocido IPCC[2]. Estos fueron los organismos que lo crearon en 1988 a iniciativa principalmente de los Estados Unidos (93), país que deseaba incorporar a la economía en el asunto climático. Sus impactos anunciados comenzaban ya a atisbarse como económicamente problemáticos y además la formación de ciertos grupos de climatólogos que iban por libre, tales como el AGGG (Advisory Group on Greenhouse Gases[3]) que ya iban diciendo que había que reducir las emisiones de forma significativa (94), se entendía amenazadora.

En todo caso es importante no confundirse y creer que las ciencias del cambio climático comenzaron con el IPCC. De ninguna manera esto es así. Sin necesidad de remontarnos a finales del siglo XIX – cuando ya se calculaba la sensibilidad de la temperatura a la concentración atmosférica del CO2 (95) – fue en los años 50 y 60, consolidándose en los 80, cuando se establecieron todos los fundamentos, el problema ya se tenía claro y se habían lanzado ya multitud de advertencias (96), incluidas las dirigidas a los presidentes de los Estados Unidos (97). Como muestra, este trabajo de 1964, que llevó a Lyndon B. Johnson a alertar el Congreso de ese país al año siguiente (98): Seguir leyendo »

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