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Archive for the ‘Límites’ Category

Manuel Casal Lodeiro, editor de 15/15\15 y autor de “La izquierda ante el colapso de la civilización industrial” y “Guía para el descenso energético” ha elaborado una profunda, y extensa, crítica del libro ¿Qué hacer en caso de incendio?, de Emilio Santiago Muiño y Héctor Tejero, obra que sirve de base a las propuestas de Más País. Dada su importante extensión, tres blogs (Antonio Turiel, Jorge Riechmann y este mismo) han acordado publicar distintos párrafos con un enlace al texto completo.

Así, este post no debe considerarse como perteneciente a la serie “Peor de lo esperado”, que proseguirá normalmente en breve.

“Es verdad que el Green New Deal no nos permitirá apagar el incendio. Pero si mitigarlo, conseguir tiempo, forzar una prórroga. Mucho más de lo que ahora tenemos.” El problema, aunque parezca mentira tener que decirlo, es que los incendios no se “mitigan”: se apagan o no se apagan. Y ellos no hablan de que sea imposible apagarlo, sino que afirman, simplemente, que su propuesta no permitirá hacerlo. ¿Por qué no buscar, entonces, una que sí lo haga? ¿Por qué quedarnos en la “mitigación” o contención del fuego cuando sabemos que otro tipo de abordaje podría permitir su extinción? Además, como ya he señalado antes, ni siquiera explican (ni aquí ni en el resto del libro) cómo se supone que se ganará ese “tiempo” del que tanto hablan, sin abandonar el capitalismo. Más bien todo lo que sea continuar sin echar el freno de emergencia, como reclaman desde Thunberg hasta Tanuro, pasando por Riechmann, es echar más leña al fuego: más emisiones, más agotamiento de minerales, más expolio de otros países, menos recursos restantes para reconstruir la resiliencia que sostenga la vida humana tras el colapso. (más…)

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“Speak the truth … Operate from love.”[1] (Donnella Meadows, LLDC, 2004)

Dones

Índice de la serie

Si usted ha leído hasta aquí, cosa que le agradezco, lo más seguro es que sea porque le inquieta la respuesta a la pregunta del titular, y porque espera encontrar algunas orientaciones sobre qué camino elegir de entre los transitables. En una charla reciente, cerca de Segovia, poco después del congreso de Barbastro, los asistentes me interrogaron sobre ello en el turno de preguntas. No supe qué contestarles. Les dije que estaba todavía en estado de shock. Así estoy todavía, pero me siendo obligado a abordar esta cuestión al ir concluyendo un texto como éste.

Veamos pues caminos transitables. En el plano racional mencionaré lo que los autores de LLDC, habiendo sido criticados en su día por no aportar soluciones (concretas) en su trabajo original de 1972, aportaron en su revisión de 2004. Si no nos valieran ya para evitar este colapso nos deberían servir por lo menos para alejar el siguiente. Son éstas, de la forma en que fueron recogidas por la reseña de LLDC-30 realizada por Emilio Cerdá, de la Universidad Complutense de Madrid: (más…)

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Texto publicado en el libro “Medios de Comunicación y Cambio Climático”, coordinado por Rogelio Fernández Reyes (Universidad de Sevilla, marzo 2013), Fénix Editora – en ocasión de las Jornadas Internacionales sobre Medios de Comunicación y Cambio Climático – Sevilla, 22-23.11.2012

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La comunicación es uno de los aspectos menos explorados del problema climático. La necesidad de describir el problema, su magnitud y sus previsibles consecuencias no dejará de aumentar con el tiempo. En este ámbito, uno de los elementos necesarios es el establecimiento de una expresión que ejerza la función de punto focal, a modo de eslogan movilizador, a la vez que sea suficientemente expresivo por sí mismo. En este texto se analizan los atributos comunicativos de los dos puntos focales que son de uso general en la actualidad, a saber, un incremento máximo de temperatura de 2 ºC y una concentración atmosférica máxima de 350 ppm de CO2, y se examinan en el marco de la cadena causal del cambio climático y del conocimiento científico más reciente. Finalmente, se sugiere un nuevo punto focal, que se somete a reflexión y debate. (más…)

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Los científicos del mundo emiten su tercer informe sobre calentamiento global

La pista de los +2 ºC sugerida por el economista William D. Nordhaus a mitad de los años 1970 se desvaneció hasta que, en 1990, el Advisory Group on Greenhouse Gases[22] (AGGG) emitió su último informe, donde estableció un método tipo semáforo en el que se analizaban los impactos en función del incremento de la temperatura media de la Tierra. La línea que separaba el ámbar del rojo correspondía a los 2 ºC (89). Unos años antes, un grupo de climatólogos, reunidos en el pueblecito austríaco de Villach bajo la égida de la Organización Meteorológica Mundial, había manifestado formalmente en 1985 que:

“Durante la primera mitad del próximo siglo se producirá un incremento de la temperatura media de la Tierra que será mayor que cualquier otro que haya sido experimentado a lo largo de toda la historia de la humanidad.” (90)

Quienes así se pronunciaron vieron la necesidad de que su mensaje alcanzara mayor eco internacional, y obraron para conseguirlo. Así, en julio de 1986 nació el AGGG, bajo los auspicios de la Organización Meteorológica Mundial, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Consejo Internacional de la Ciencia (ICSU), que agrupa a las academias de ciencias de todo el mundo. La financiación corrió a cargo de estas organizaciones y  el Beijer Institute (después Stockholm Environment Institute). Participaron también el fondo Marshall Alemania-USA, el Rockefeller Brothers Fund y la Fundación W. Alton Jones, por lo menos los dos últimos con fuertes vínculos con la industria del petróleo.

Pero el grupo terminó sus días en 1990, agotado económicamente. Según informan participantes directos en los sucesos, el dominio de la agenda de la Organización Meteorológica Mundial por parte de los Estados Unidos (91) debido, en parte, a su soporte económico determinante, promovió en 1988 la creación del IPCC y la caída del AGGG. En realidad consistió en un intento de distracción ideado en tiempos de George H.W. Bush, con el fin primordial de retrasar la celebración de la cumbre mundial sobre el clima, que había comenzado a gestarse a iniciativa del propio AGGG (92). La comunidad científica, que iba por libre, había llegado demasiado lejos.

El vaso lo había colmado una nueva declaración emitida tras (más…)

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William D. Nordhaus ilustrando a los climatólogos en marzo de 2009

Antes de examinar los fundamentos que llevaron a los “+2 ºC” a convertirse en un punto focal en política climática conviene revisar someramente el recorrido de esta cifra a lo largo del tiempo, examinando qué atributos ha ido recibiendo en el trayecto.

Según el economista Richard Tol, alguien muy próximo al negacionismo[16] y que defiende un valor de temperatura límite superior a +2 ºC, el dato “+ 2 ºC” surgió espontáneamente a finales de los años 80 durante una cena, siendo mencionada en una conferencia plenaria del día siguiente y naciendo, así, una leyenda (77,78). Sin embargo, no ofrece dato alguno que soporte dicha afirmación.

En cambio, Carlo Jaeger, climatólogo europeo de primer nivel adscrito al Potsdam Institute for Climate Impact Research (Alemania), nos señala con mejor erudición que el verdadero origen se encuentra en los primeros trabajos del economista de tinte neoclásico William D. Nordhaus (79). Nordhaus quien, junto al premio Nobel Paul Samuelson, es coautor de uno de los libros de texto sobre macroeconomía más estudiados en las universidades del mundo entero, fue el primer miembro de esta profesión en darse cuenta, en los años 70, de la importancia de las emisiones de dióxido de carbono y de su influencia en el clima. (más…)

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Interferencia antrópica peligrosa: ¿Cuándo, y para quiénes? -Pulsar para mayor resolución

Cuál vaya a ser el incremento de la temperatura media de la Tierra debido al cambio climático no es algo que, en realidad, nos preocupe demasiado. Es más: un incremento de sólo +2 ºC, desde muchas latitudes, y desde luego desde aquellas en las que se sitúan los países hoy por hoy dominantes de los procesos políticos, puede llegar a ser percibido como algo deseable. Como dice el ex-meteorólogo Manuel Toharia, “a los humanos nos gusta el calorcito”. Desde luego, si ésa fuera a ser la única consecuencia del cambio climático, y se distribuyera uniformemente, podría resultar ciertamente atractiva para muchas personas.

No es pues la temperatura en concreto lo que nos importa, sino las consecuencias del calentamiento global. Desde una óptica estrictamente antropocéntrica, preponderante en Occidente , lo que de verdad nos inquieta, lo que resulta verdadero motivo de preocupación, son los impactos que el cambio climático pueda tener sobre nosotros. ¿Hasta qué punto puede la ciencia ayudarnos a evitarlos? (más…)

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Comencemos con un juego. Usted y otras nueve personas que no conoce ganan un viaje de un fin de semana a París. Una vez allí, les dicen que deberán costearse todos los gastos, también los de vuelta, a menos que sean capaces de encontrarse todos a las 12 del mediodía del domingo en un mismo lugar. Además, de conseguirlo, ganarán un millón de euros cada uno. ¿Usted adónde acudiría? Yo iría a la Torre Eiffel. Usted también, probablemente.

En este ejemplo clásico, la Torre Eiffel es lo que, en teoría de juegos, versión cooperativa, se denomina un punto focal (1). Consiste en un referente común, válido en ausencia de comunicación adecuada.

La comunicación del problema del cambio climático, tanto a las élites como a la población, es uno de los aspectos todavía no bien resueltos, entre otros motivos porque la intervención de los científicos sociales es muy reciente – con la notable excepción de los economistas, demasiado a menudo descreídos y casi siempre atenuadores de la seriedad de la cuestión. Desde luego podemos culpar al negacionismo organizado por su incesante interferencia en el proceso, y probablemente acertaríamos si le atribuimos la responsabilidad principal de la resistencia colectiva a tomar cartas en el asunto en la magnitud necesaria. Pero el negacionismo ahí está y, a la espera de poderle exigir en su momento la responsabilidad que le corresponde, debemos lidiar con él e idear estrategias que permitan atenuar o superar su influencia. (más…)

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“El desarrollo sostenible implica un cambio sustantivo de paradigma de implicaciones globales sin precedentes.”

La segunda parte del documento Environment and Development Challenges: The Imperative to Act (en adelante Bru2012), cuya presentación y primera parte dedicada al diagnóstico comentamos aquí, trata de las respuestas que los autores estiman necesarias para abordar el problema de la sostenibilidad. Que es necesario un cambio de paradigma está ya bastante claro para todo el mundo salvo para los fundamentalistas. Veamos hoy qué nos aconsejan estos laureados autores para alcanzar el paradigma alternativo basado en el mercado que nos proponen, y dejemos los comentarios para la próxima y última entrada de esta serie.

Bru2012 establece en primer lugar los objetivos a alcanzar:

“En 2050, el mundo deberá haber reducido los niveles absolutos de emisiones por un factor mínimo de 2,5, lo que requiere una reducción de las emisiones por unidad de producto de alrededor de 8 si la economía fuera en 2050 tres veces la actual … Para estabilizar el cambio climático es preciso que la intensidad energética se reduzca a nivel global a un ritmo del 3-4 % anual.”

Incide además en la necesaria preservación de la biodiversidad, concepto que recorre todo el documento en paralelo al cambio climático:

“La biodiversidad y los ecosistemas naturales son fundamentales (foundational) para resolver la crisis climática, pues su conservación puede atenuar el ritmo de avance del cambio climático, aumentar la capacidad adaptativa de las personas y los ecosistemas, salvar vidas, y mantener el sustento de múltiples formas a medida que el clima de la Tierra va cambiando.”

A la hora de señalar un camino, Bru2012, y tras el aviso de que atender sólo al requerimiento de las emisiones no es solución, establece la condición previa: (más…)

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“Frente a una emergencia absoluta y sin precedentes, la sociedad no tiene otra opción que tomar acciones drásticas para evitar el derrumbe de la civilización. O bien cambiamos de caminos y construimos un nuevo tipo de sociedad global, o bien serán cambiados sin nuestra intervención.”

De esta contundente forma se expresan los autores en el muy importante y reciente documento promovido por la Universidad de Stanford y titulado Environment and Development Challenges: The Imperative to Act (en adelante Bru2012), firmado por 16 eminencias Blue Planet Laureates lideradas por Gro Harlem Brundtland. El texto, de 23 páginas, está dividido en dos partes: diagnóstico y actuaciones. Vayamos hoy por lo primero.

La importancia del documento de cara a Rio+20 viene dada, naturalmente, por la autoridad de los firmantes, comenzando por la propia Gro Harlem Brundtland. Recordemos que el concepto actual de desarrollo sostenible, término que se ha convertido en cotidiano y que tanta veces se emplea indebidamente, tiene su origen precisamente en un informe que emitió la ‘comisión Brundtland’ en 1987, titulado “Nuestro futuro común”. Este informe estuvo en la base de las deliberaciones, la terminología y las conclusiones de la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro en 1992. Por cierto que Brundtland, que fue por tres veces primera ministra de Noruega, y que atiende a las reuniones del Club Bilderberg, fue objetivo militar del fundamentalista cristiano Anders Behring Breivik en su asesinato masivo del año pasado. Escapó por poco.

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Entrada anterior: 5. Umbral de estabilidad del sistema climático y el problema de control

Artículo de Bernard Barber en Science, 1961

Dado pues que no parece existir un análisis del margen de estabilidad del sistema climático de la Tierra efectuado desde la teoría de sistemas tendremos que ir a examinar los procesos concretos que se producirían, y tratar de conocer, a partir de los mismos, en qué momento se inician fenómenos que llevan a la desestabilización.

Es muy interesante, antes de proseguir, examinar cómo la comunidad científica ha ido avanzando en la determinación de un límite peligroso. El interés principal reside en observar cómo, a medida que pasa el tiempo, las cosas se ponen peor. Bueno, hasta cierto punto, porque ya en 1989 el mencionado AGGG (Advisory Group on Greenhouse Gases[40], que agrupaba el conocimiento científico del momento de forma similar a cómo que lo recoge ahora el IPCC, pero sin la intervención de todos los gobiernos del mundo, decía taxativamente: (más…)

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Entrada anterior: Cambio climático: ¿cuánto es demasiado? – 4: Cómo sería un mundo +2 ºC más caliente

Ingenuamente, yo crecí en el error de que la teoría de sistemas[31] (y su dinámica y control), ubicua por todos los entornos académicos y profesionales por los que he transitado, era bien conocida por todas las especialidades científicas, desde luego las ingenierías y las físicas. También de las ciencias exactas, pues el bagaje matemático subyacente es muy considerable. Pues resultó ser que no. Entre los ingenieros, poco más que los telecos y algunos industriales (los ingenieros de control, también denominados automáticos), químicos y eléctricos, llegan a familiarizarse con la dinámica de sistemas y los problemas de control. Biólogos y economistas la emplean como de pasada y con poca riqueza formal, y los físicos no aprenden teoría general de sistemas a lo largo de su ciclo formativo principal (76). Los físicos de la atmósfera y meteorólogos han visto en su especialización alguna aplicación del asunto a través de los fenómenos convectivos (77), pero desde luego no desde el punto de vista del control. (más…)

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Entrada anterior:

Zonas del planeta en las que, con +2 ºC o incluso menos, la temperatura media local estacional sería, en uno de cada dos años, igual al máximo experimentado en la segunda mitad del siglo XX en la región correspondiente (58).

Hemos visto que el límite de los 2 ºC de más no ha salido de análisis riguroso alguno, sino más bien de razonamientos inversos típicos de economistas y de su asunción acrítica por parte de la clase política. Veamos ahora qué nos dice la comunidad científica sobre las consecuencias de alcanzar este umbral o incluso aproximarse a él.

Podemos empezar por dos papers de Bruce Anderson, de la Universidad de Boston, tan recientes como de septiembre de 2011 y publicados en Climatic Change. Concluyen que con un incremento de 2 ºC, la temperatura media de alrededor de 75%  de la superficie terrestre será igual a las temperaturas máximas de finales del siglo XX de cada zona geográfica respectiva, y ello cada dos años. Pero con sólo un incremento de 1,4 ºC esto ya estará ocurriendo sobre el 50% de la superficie de la Tierra. ¿Qué nos dicen sobre España? (más…)

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Entrada anterior: 3.1. La artificialidad de las versiones economicistas tipo Stern

Temperaturas Holoceno

El sistema climático se ha encontrado en equilibrio en los últimos 10.000 años, a partir del inicio de la agricultura

En la entrada anterior vimos algunos de los inconvenientes de los modelos integrados económico-climáticos y de los análisis coste-beneficio. En un intento de evitarlos se desarrolló la técnica de la ventana máxima tolerable  (43).

La aplicación de esta técnica en la búsqueda de límites aceptables al cambio climático consiste en establecer definiciones normativas de barreras de seguridad que excluyan, por una parte, impactos físicos considerados intolerables y, por otra, consecuencias socioeconómicas consideradas asimismo intolerables en relación a las medidas de mitigación necesarias. Se trataría de analizar los sistemas implicados en estos procesos, con el fin de encontrar un espacio de estrategias políticas que fueran compatibles con estas restricciones (44). Por ejemplo, puede establecerse un tipping point como límite de impactos [ver: Entender la gravedad del cambio climático: 2. ¿Qué es el cambio climático ‘desbocado’? (Una introducción a los ‘tipping points’)] y un ritmo de reducción de las emisiones o del PIB que sea compatible con la estabilidad social, que fue estimado en el 5% (45).

Este método de la ventana máxima tolerable tiene la ventaja de que los juicios de valor no son implícitos, como en los casos anteriores, sino explícitos, y pueden ser sometidos a discusión para determinar, de entre el espacio de resultados, que constituye la ventana tolerable, cuál vaya a ser la estrategia elegida. Las pérdidas por un lado (por ejemplo, más incendios forestales) no son automática y opacamente compensadas por otro (por ejemplo, dinero), sino que la opción queda abierta (46). A partir de ahí, se retrocede la cadena causal para determinar el límite de emisiones, en función del tiempo, que impediría salirse de la ventana (47). (más…)

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Entrada anterior: 2: Dos grados más ¿respecto a qué? ¿Qué es lo realmente importante?

Mucha gente puede creer que dato tan importante para el futuro de todos nosotros como los +2 ºC procede, y es fruto, de un análisis riguroso, resultado de un proceso científico realizado con todas las de la ley y sancionado finalmente por el máximo órgano de autoridad científica: el IPCC. Por el contrario, veremos en este capítulo y en el siguiente la pobre fundamentación – y, por tanto, la carencia de credibilidad – del incremento máximo de la temperatura media de la Tierra que (algunas) naciones dicen que es la opinión de la comunidad científica (26).

Con notable éxito, la propia disciplina de la economía lleva siglos empeñada en abarcar todo el espacio-tiempo, incluyendo la totalidad de nuestras mentes y comportamientos[20], hasta el punto de esforzarse en cuantificarlo todo en términos monetarios. Rebasa así el terreno que le es propio, pero ha encontrado habilidades y complicidades suficientes como para presentar sus resultados al público como si las leyes de la naturaleza fueran a ser las suyas y el mundo fuera a hacerles caso a pesar de que su marco de validez, si alguna vez lo tuvo, hace ya décadas que ha sido rebasado. Hace esto en lugar de atender, como sería razonable esperar, a las leyes de la física como marco de referencia ineludible de la actividad económica. (más…)

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Entrada anterior: Cambio climático: ¿cuánto es demasiado? 1: Requerimientos para un objetivo global

Inundaciones en Georgia (EE.UU)

Si hubiera que determinar el objetivo en términos de incremento máximo de la temperatura media global, como menciona el acuerdo de Copenhague, lo primero a tener en cuenta es la referencia de base: respecto a cuándo se establece este incremento. No son lo mismo, pongamos por caso, 2 ºC más respecto al promedio de la era preindustrial o respecto al promedio de 1880-1920 con que a veces se juega, o respecto a la media móvil de los años anteriores a algún año concreto [ver Cuidado con la temperatura]. La cuestión es que, sin ir más lejos, el acuerdo de Copenhague, al referirse a los +2 ºC, simplemente no lo dice. Es más: el Acuerdo de Copenhague, contrariamente a la creencia general (y la mía hasta hace poco), no establece la cifra de 2 ºC como objetivo. Veámoslo:

“Para alcanzar el objetivo último de la Convención de estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un nivel que evite una interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático, y teniendo en cuenta la opinión científica de que el aumento de la temperatura mundial debería permanecer por debajo de 2 ºC, sobre la base de la equidad y en el contexto del desarrollo sostenible, intensificaremos nuestra cooperación a largo plazo para luchar contra el cambio climático.”

Si lo leemos atentamente veremos que lo que acuerdan los firmantes no es un objetivo sino, simplemente, intensificar la cooperación a largo plazo, lo cual es decir muy poco o nada. Cuando se refiere a nuestro punto focal [ver: Requerimientos para un objetivo global] escriben ‘teniendo en cuenta la opinión científica’, lo cual no es en absoluto cierto, como veremos más adelante. (más…)

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Cuando lea u oiga que “la comunidad científica advierte que para evitar una interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático la temperatura media de la Tierra no debe subir más de 2 ºC” o, ahora, +1,5 ºC, atribúyalo a un cálculo comunicativo. De no ser así sólo puede ser  ignorancia, a desidia, o a ingenuidad.

Un juego. Usted y otras nueve personas que no conoce ganan un viaje de un fin de semana a París. Una vez allí, les dicen que deberán costearse todos los gastos, también los de vuelta, a menos que sean capaces de encontrarse todos a las 12 del mediodía del domingo en un mismo lugar. Además, de conseguirlo, ganarán un millón de euros cada uno. ¿Usted adónde acudiría? Yo iría a la Torre Eiffel. Usted también, probablemente.

La Torre Eiffel es lo que, en teoría de juegos, se denomina un punto focal (1). Consiste en un referente común en ausencia de comunicación adecuada.

La comunidad internacional sancionó, en el Acuerdo de Copenhague de 2009, la cifra de 2 ºC de la temperatura de la Tierra como un valor máximo del incremento de la temperatura media (2). Es de creer que este objetivo que, según se decía en el texto, era consistente con la ‘visión científica’ y con el acuerdo de la Convención de Rio de Janeiro de 1992[1], iría a ofrecer una seguridad climática suficiente. Hoy (de hecho, ya en 2009, incluso mucho antes) esta cifra está siendo cuestionada con todo fundamento. ¿Entonces?

Si este valor límite resultara ser excesivo y encima, como algunos sugieren[2], imposible de respetar, deberíamos calificarlo de peligroso y, por tanto, combatirlo y proponer otro. Pero si conviniéramos que, frente a la dificultad manifiesta de promover la movilización colectiva por parte de quienes estamos alarmados en extremo por la severidad del problema climático, este guarismo resultara útil para la acción política, las reticencias que pueda razonablemente sugerirnos deberían ser objeto de relativización, siempre en la medida de que seamos capaces de prever, para el futuro, escenarios más acordes con la realidad. (más…)

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