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En cuestión de clima es importante, y mucho, la velocidad a la que se producen las emisiones, que es ahora centenares o miles de veces superior a la que, en otros tiempos geológicos, ha ido aumentando la concentración de gases de efecto invernadero por efecto de la respuesta de la biosfera a la posición relativa de la Tierra respecto al sol. Pero, dado el enorme tiempo de residencia del CO2 en la atmósfera, es más importante todavía la cantidad total de carbono emitida a lo largo de la historia. Superado cierto umbral durante demasiado tiempo, el sistema climático cambia de estado. Que ese umbral se ha superado ya está bien establecido científicamente, pero que haya durado ya demasiado es algo que no sabemos con la precisión deseable, lo que nos deja espacio para la esperanza que todos queremos abrigar a propósito de las sucesivas cumbres del clima. Seguir leyendo »

Anjali Appadurai en un momento de su discurso

Mientras esperamos la posibilidad de un acuerdo en Durban, veamos el contundente llamamiento de Anjali Appadurai frente a la Asamblea. Esta joven estudiante del College of the Atlantic de Maine me ha recordado la intervención de Severn Suzuki en Rio 92, una niña que habló en nombre de la Environmental Childrens Organization, cuyo dicurso hace casi 20 años todavía resuena en muchas mentes y cuyo visionado sigue resultando emotivo.

La intervención de Anjali Appadurai dura sólo tres minutos. Cada uno de sus párrafos, pronunciados además con apasionamiento, son una completa proclama en sí misma. Es interesante darse cuenta de que Anjali pronuncia la palabra betrayal (traición) en dos ocasiones. El tono y el contenido muestran auténtico hartazgo.

Traduzco el texto al español pero también lo reproduzco en inglés por si usted quiere seguir la breve charla en ese idioma. Como complemento añado la intervención de Suzuki al final, en versión subtitulada al español. Ha sido vista por más de seis millones y medio de personas. Vale la pena ver ambos videos; si ya vió en alguna ocasión el de Suzuki, siempre es bueno recordarlo.

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El torneo climático cuyos episodios se celebran una vez al año en distintas ciudades emblemáticas del mundo ha llegado a la ronda 17, y la partida se encuentra ya en el medio juego. Todo parece respetar el equilibrio inicial necesario, pero existe una curiosa contradicción de fondo. Ocurre que las piezas blancas son de caoba, y las negras de marfil. Esta contradicción dio lugar a incidentes diplomáticos previos como resultado de lecturas contradictorias del reglamento pues los developing, que juegan medio en casa, habían solicitado las blancas a pesar de que no les correspondía por turno. El incidente fue finalmente resuelto con una decisión salomónica de la presidencia mediante el recurso al colorante artificial en superficie.

El público se encuentra dividido respecto a la influencia que esta situación pueda tener en el resultado final, pero todo el mundo comparte un leve halo de contradicción incómoda al respecto. Seguir leyendo »

Con la excepción del fundamentalismo cristiano dominionista, especialmente influyente en los Estados Unidos, y de influencia creciente en América Latina y ciertos países africanos, como Uganda, todas las religiones del mundo han manifestado en alguna ocasión su preocupación por el cambio climático y sus consecuencias. La conferencia de Durban ha sido el marco en el que se ha emitido una declaración interconfesional en la que, básicamente, se acepta la gravedad del problema y se admiten sus orígenes, se muestra una seria preocupación por los afectados, pertenecientes a los sectores más vulnerables del mundo, se invita a la población mundial a respetar la vida y la creación divina.

Suscriben la declaración desde el Dalai Lama hasta el anglicano Desmond Tutu, pasando por decenas de organizaciones judías, cristianas, islámicas, hinduistas, budistas, tales como el Consejo Mundial de Iglesias, el Consejo Mundial de Líderes Religiosos, Pax Christi, entre muchas otras y también religiones politeístas de especial implantación en África. Seguir leyendo »

“Si el progreso va contra la naturaleza y contra el hombre no podemos llamarlo progreso.” – Miguel Delibes

Donald A. Brown, catedrático de ética de la Penn State University

El lector habitual de este blog sabe que el negacionismo climático es aquí un tema recurrente, y los más asiduos recordarán que he llegado a sugerir en más de una ocasión el carácter criminal de los propaladores de tanta falsedad. Observo hoy con enorme satisfacción la organización, en el marco de la conferencia de Durban, de un acto dedicado específicamente al negacionismo organizado, tratado además desde un punto de vista ético, bajo el título: “Ética de la campaña de desinformación climática”.

Presentó el acto, mediante una charla inaugural, Donald A. Brown, catedrático de la Penn State University (Pensilvania) y alma del web Climate Ethics, que estuvo rodeado por cuatro primeras figuras de la ética, catedráticos y doctores de distintos departamentos universitarios de filosofía: Stephen M. Gardiner, de la Universidad de Washington (a quien tuve oportunidad de referenciar hace pocos días [ver: Ética (y responsabilidad) del cambio climático – 2. Ética intra-generacional frente a ética inter-generacional]); John Rosales, de la Saint Laurence University; Kenneth Schockley, de la Universidad de Buffalo; Marilyn Averill, de la Universidad de Colorado; y Kathryn Kintzele de la Environmental Law Commission Ethics Working Group de la International Union for Conservation of Nature and Natural Resources.

Brown lo dijo enseguida, nada más comenzar, sin rodeos, contundentemente: Seguir leyendo »

Evolución reciente de la temperatura mundial. Los años en azul corresponden a períodos con 'La Niña', que son siempre sensiblemente más fríos que los contiguos. La referencia es el promedio 1961-1990 (Fuente: Organización Meteorológica Mundial)

Con este contundente llamamiento se ha expresado el subdirector de la Organización Meteorológica Mundial en una conferencia de prensa en Durban, al tiempo que presentaba los más recientes datos climáticos. Estos datos han sido compilados en un documento emitido hoy por este organismo.

Los 13 años más calientes jamás registrados se han producido en los últimos 15. A este grupo pertenece el año 2011, considerado el 10º más caliente, a pesar de coincidir con una fase especialmente intensa de la corriente del Pacífico La Niña (la más fuerte de los últimos 60 años). Este fenómeno periódico provoca siempre una importante disminución de la temperatura en su año de ocurrencia, del orden de 0,10-0,15 ºC con respecto al año anterior y al posterior. En todo caso la temperatura de 2011 es la más elevada de todos los años con ‘La Niña’, y las temperaturas en tierra han sido superiores a los promedios en la mayor parte de los territorios. En particular, en el norte de Rusia han sido superiores en +4 ºC, lo que resulta especialmente preocupante en función de la estabilidad del permafrost [ver: Las emisiones de CO2 y metano del permafrost ártico ya se han iniciado y serán netas en los años 2020. El proceso es irreversible]. Además, 2011 ha sido el segundo año con un mínimo en la disminución de la superficie de hielo en el Ártico, pero si fue un año récord en términos de disminución del volumen de hielo. Seguir leyendo »

Baile de cifras en Durban. Mientras la Unión Europea insiste en prorrogar y reforzar el protocolo de Kioto, estableciendo las bases para un nuevo acuerdo más exigente, los Estados Unidos rehúyen de entrada cualquier acuerdo vinculante. Unos dicen que el año límite en que las emisiones pueden alcanzar su máximo es 2017, y otros que hay tiempo hasta 2020. Todos hablan ya de por debajo de los dos grados como objetivo, mientras la presidenta Christiana Figueres apunta, ahora ya oficialmente, más allá:

“[Los gobiernos] deben determinar si estamos en la senda de alcanzar el objetivo acordado de mantener el incremento de la temperatura global por debajo de 2 ºC, si éste es adecuado y cómo y cuándo hay que considerar un incremento máximo de 1,5 ºC.”

Esto es sin duda una buena noticia porque marcar esta dirección desde la presidencia no es un acto irrelevante. Pero pasar de 2,0 a 1,5 ºC, como defiende un grupo compuesto ya por 100 países, supone un salto mayúsculo que tiene implicaciones muy profundas, y no sólo económicas. Como también lo es retrasar la actuación necesaria, pues el coste de las medidas a tomar aumenta exponencialmente a cada día que pasa.

Ayer fue un día de exposición de las posiciones de partida de los distintos actores. Seguir leyendo »

«Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches. Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. Los desafío: por favor, hagan que sus acciones reflejen sus palabras.» – Severn Suzuki, Environmental Children’s Organization. Rio de Janeiro, 1992

La nueva entrega consecutiva a la intromisión de la negacionía en los correos que se cruzan los científicos en sus deliberaciones, por ella bautizada como climategate II, contiene un elemento diferencial respecto a la fechoría anterior de 2009. En este caso, los piratas muestran un propósito, y simulan obrar con el mismo como justificación. A modo de preámbulo a los centenares de miles de ficheros puestos a disposición del público, declaran:

Cerca de 2.500 millones de personas viven con menos de dos dólares al día … Las naciones deben invertir 37 billones de dólares en tecnologías energéticas de aquí a 2030 para estabilizar las emisiones de gases a niveles sostenibles … La toma de decisiones debe basarse en toda la información disponible, no en hiding the decline.

Con ello pretenden reenfocar el debate climático en unos términos nuevos que, en sí mismos, tienen mucho más sentido que la negación irracional de toda la ciencia climática y de su integridad científica subyacente, por mucho que yo esté convencido de que no van a abandonar, sino que se las apañarán para encontrar motivos para abundar en su línea tradicional. Que este nuevo framing constituya un propósito sincero de los piratas es mucho suponer, pues no sólo su propia condición, por definición, indica métodos tramposos, sino que su insistencia en el dichoso ‘hiding the decline’, cuando ya se ha demostrado mil veces por pasiva (aclaración de los afectados) y por activa (procedimientos incoados, hasta nueve) que no significa ocultación alguna, no es otra cosa que un intento de mantener abiertos cuantos más frentes de combate, mejor.

Intentan una vez más condicionar el debate con la generación de duda sobre si todo el asunto climático está plagado de alarmismo injustificado. Ellos pretenden demostrarlo jugando con las palabras, los contextos y los tiempos en favor de su posición previa, generando confusión entre el público no iniciado en uno de los ejercicios de razonamiento inverso más increíbles que jamás he visto, superior incluso al que el novelista Michael Crichton realizó en su día. Pero el debate intra-intergeneracional que añaden ahora si que tiene sentido, y este es el motivo del texto que sigue. Seguir leyendo »

Página de acceso a la descarga del fichero de correos hackeados

¿Recuerdan Climategate? Miles de correos electrónicos cruzados entre científicos del clima fueron puestos a la luz pública dos semanas antes de la cumbre de Copenhague. A base de combinar frases a voluntad pronunciadas en distintos contextos y con años de por medio lograron confundir a los medios de comunicación, y hemos visto que sigue confundiendo incluso los mejor intencionados. Además hizo perder el tiempo y muchos nervios a los mejores climatólogos del mundo, otra de las virtudes del ataque. Pero tras nueve investigaciones independientes no se ha probado práctica indebida alguna, salvo la irritación y hartazgo de éstos con la negacionía, para la que no tenían precisamente palabras amables. Pues bien. Hoy ha aparecido una segunda entrega. Brutal: unos 5.000 correos en abierto y alrededor de 200.000 bajo clave. 173 MB en zip, pertenecientes, como en la primera entrega, a la Universidad de East Anglia. Le llaman FOIA2011.zip. Seguir leyendo »

Querido Manuel:

Llevo años saliendo en tu defensa cuando alguien se refiere a ti como negacionista climático incluso si, en realidad, quieren decir ‘escéptico’. La ambigüedad de tu libro “El clima” puede sugerir este posicionamiento. Yo siempre les respondo: ¿has llegado al último capítulo? En los anteriores da la impresión de que algo te impide ser más contundente. Pero en el último te explayas, sueltas tu personalidad y cualquier posible necesidad de navegación entre dos aguas parece desaparecer para mostrar al lector que sigues siendo tú mismo y que nada te aparta de tu compromiso. Sin entrar en más detalles, también les digo: ‘hablad con él y veréis’.

Sin embargo, en los últimos días he accedido a declaraciones tuyas que me han confundido. En Diario de Sevilla leo:

No está ocurriendo nada que no haya ocurrido antes, por mucho que la temperatura haya subido en promedio algo más de medio grado en un siglo. Eso es, en general, imperceptible. Otra cosa son las predicciones, muchas de ellas apocalípticas; no me las creo. Tienen una base teórica muy débil, y unos datos y cálculos poco fiables. Como mucho sirven de alerta, nunca de alarma. -CO2, Protocolo de Kioto. -El CO2 es el gas de la vida, jamás fue ni será un contaminante. Si lo aumentamos mucho y muy deprisa al quemar combustibles fósiles, puede quizá aumentar el efecto invernadero. El Protocolo de Kioto, que todo el mundo incumple, más que atacar al CO2 debería referirse a nuestra ineficiencia energética y nuestro despilfarro. Si consiguiese eso, so pretexto de disminuir el CO2, bienvenido será.»

A través de una lista de distribución especializada me llega la siguiente transcripción de una reciente charla tuya en Oviedo:

««¡Olvidaos del cambio climático, de verdad. A corto plazo no os va a afectar nada… En un país rico, nada, cero. ¿Va a haber menos agua? No, señor. Hay más. ¿Va a haber más calor? Es posible, ¿y qué? La gente cuando se jubila no se va a Dinamarca sino a Florida, y los asturianos a Málaga. A los humanos nos gusta el calorcito». «Lo que suceda dentro de 100 años dependerá de lo que hagan los chinos, no nosotros. Ya hubo una conferencia en Copenhague y va a haber otra en Sudáfrica y no va a pasar nada. Los chinos tienen casi un tercio de la reserva mundial de carbón, para tres siglos quemando. Y lo van a quemar». «

Entre el grupo de personas a quienes el cambio climático nos preocupa extraordinariamente he visto calificar estas expresiones tuyas como tohariadas, lo que no tendría mayor importancia si no se refirieran a un excelente comunicador científico como tú, que para muchos, también para mí, tiene rango de maestro. Seguir leyendo »

Por mucho que, de repente, la negacionía profesional haya aceptado que la tierra se calienta aceleradamente a partir de un estudio de la temperatura financiado por los hermanos Koch, es mi opinión que debemos cuidarnos mucho de creer que el debate científico en público que insistentemente buscan con el único ánimo de confundir – constituye una de sus estrategias centrales – vaya a terminar pronto. La existencia del negacionismo no es producto de dudas honestas sobre los resultados científicos. El negacionismo es el empleo simulado de la generación de duda científica entre el público, con intencionalidad ideológica (económica y religiosa). En ningún caso científica. Los que lo financian lo saben muy bien, entre los cuales los hermanos Koch brillan con luz propia.

El Berkeley Earth Surface Temperature (BEST) es un instituto creado en la Universidad de Berkeley que clama ser independiente (¿de qué o de quién?), pero en realidad es un producto de la fundación Charles D. Koch y también del mil millonario libertario William K. Bowes, Jr (entre ambos han aportado $250.000 para que fueran analizados unos datos archianalizados). Estas fundaciones son conocidas por su extensa, y profunda, financiación del negacionismo climático, del negacionismo económico, y del fundamentalismo cristiano, tres promociones que suelen proceder de los mismos bolsillos. El BEST es un instituto pensado desde y para el negacionismo. Seguir leyendo »

«En situaciones de emergencia, no hay solución cuando los Gobiernos actúan por separado y las opiniones públicas reaccionan por separado ante una misma amenaza cuya inmensidad y cercanía no es posible ignorar» – Jean Monnet

El pasado miércoles tuve la oportunidad de saludar a Antonio Turiel, a quien no conocía personalmente, pues me presenté como colega bloguero en el marco de unas conferencias sobre Energía y Cambio Climático que se pronunciaron en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Barcelona.

El lector asiduo recordará la entrada que dediqué a Mariano Marzo, que titulé Por fin alguien dice las cosas como son (o casi). En esta ocasión el calificativo atenuador casi desaparece por completo. Tanto su intervención sobre energía como la del biólogo Salvador Pueyo sobre cambio climático mantuvieron a gran parte del público, formado mayoritariamente por estudiantes, clavado en sus respectivas butacas del Aula Magna durante bastantes horas. Pero fue la de Turiel la que más aturdió a los presentes, debido sin duda a la mayor inmediatez de los problemas energéticos que se nos avecinan, con respecto a los climáticos. Seguir leyendo »

Entrada anterior: 5. Umbral de estabilidad del sistema climático y el problema de control

Artículo de Bernard Barber en Science, 1961

Dado pues que no parece existir un análisis del margen de estabilidad del sistema climático de la Tierra efectuado desde la teoría de sistemas tendremos que ir a examinar los procesos concretos que se producirían, y tratar de conocer, a partir de los mismos, en qué momento se inician fenómenos que llevan a la desestabilización.

Es muy interesante, antes de proseguir, examinar cómo la comunidad científica ha ido avanzando en la determinación de un límite peligroso. El interés principal reside en observar cómo, a medida que pasa el tiempo, las cosas se ponen peor. Bueno, hasta cierto punto, porque ya en 1989 el mencionado AGGG (Advisory Group on Greenhouse Gases[40], que agrupaba el conocimiento científico del momento de forma similar a cómo que lo recoge ahora el IPCC, pero sin la intervención de todos los gobiernos del mundo, decía taxativamente: Seguir leyendo »

Entrada anterior: Cambio climático: ¿cuánto es demasiado? – 4: Cómo sería un mundo +2 ºC más caliente

Ingenuamente, yo crecí en el error de que la teoría de sistemas[31] (y su dinámica y control), ubicua por todos los entornos académicos y profesionales por los que he transitado, era bien conocida por todas las especialidades científicas, desde luego las ingenierías y las físicas. También de las ciencias exactas, pues el bagaje matemático subyacente es muy considerable. Pues resultó ser que no. Entre los ingenieros, poco más que los telecos y algunos industriales (los ingenieros de control, también denominados automáticos), químicos y eléctricos, llegan a familiarizarse con la dinámica de sistemas y los problemas de control. Biólogos y economistas la emplean como de pasada y con poca riqueza formal, y los físicos no aprenden teoría general de sistemas a lo largo de su ciclo formativo principal (76). Los físicos de la atmósfera y meteorólogos han visto en su especialización alguna aplicación del asunto a través de los fenómenos convectivos (77), pero desde luego no desde el punto de vista del control. Seguir leyendo »

Imagen del agujero de ozono en el Ártico el pasado 19 de marzo (Imagen: NASA)

Me resulta siempre descorazonadora la falta de identificación del cambio climático como agente causal de diversos fenómenos. Si no identificamos correctamente el origen de los problemas no estaremos nunca en condiciones de responder con las estrategias adecuadas.

Hoy mismo la prensa señala a la especulación como causante principal del incremento del precio de los alimentos, que ya identificamos como un detonador de las recientes revueltas árabes [ver: La influencia del cambio climático en la insurrección árabe]. Es verdad que la especulación influye, pero ésta actúa cuando, por algún motivo, se prevé un incremento del bien sobre el cual especular. En ese caso, efectivamente, se produce un efecto de reforzamiento que provoca un aumento todavía mayor.

Defenderé aquí que el brusco aumento del agujero de ozono en el Ártico, hasta el punto de ser comparable con el aumento que se produce anualmente durante el invierno antártico, es producto de, o en todo caso su intensidad está favorecida por, el cambio climático. Asimismo, mostraré que un aumento de la radiación ultravioleta reduce significativamente la productividad agrícola. Seguir leyendo »

Entrada anterior:

Zonas del planeta en las que, con +2 ºC o incluso menos, la temperatura media local estacional sería, en uno de cada dos años, igual al máximo experimentado en la segunda mitad del siglo XX en la región correspondiente (58).

Hemos visto que el límite de los 2 ºC de más no ha salido de análisis riguroso alguno, sino más bien de razonamientos inversos típicos de economistas y de su asunción acrítica por parte de la clase política. Veamos ahora qué nos dice la comunidad científica sobre las consecuencias de alcanzar este umbral o incluso aproximarse a él.

Podemos empezar por dos papers de Bruce Anderson, de la Universidad de Boston, tan recientes como de septiembre de 2011 y publicados en Climatic Change. Concluyen que con un incremento de 2 ºC, la temperatura media de alrededor de 75%  de la superficie terrestre será igual a las temperaturas máximas de finales del siglo XX de cada zona geográfica respectiva, y ello cada dos años. Pero con sólo un incremento de 1,4 ºC esto ya estará ocurriendo sobre el 50% de la superficie de la Tierra. ¿Qué nos dicen sobre España? Seguir leyendo »

Entrada anterior: 3.1. La artificialidad de las versiones economicistas tipo Stern

Temperaturas Holoceno

El sistema climático se ha encontrado en equilibrio en los últimos 10.000 años, a partir del inicio de la agricultura

En la entrada anterior vimos algunos de los inconvenientes de los modelos integrados económico-climáticos y de los análisis coste-beneficio. En un intento de evitarlos se desarrolló la técnica de la ventana máxima tolerable  (43).

La aplicación de esta técnica en la búsqueda de límites aceptables al cambio climático consiste en establecer definiciones normativas de barreras de seguridad que excluyan, por una parte, impactos físicos considerados intolerables y, por otra, consecuencias socioeconómicas consideradas asimismo intolerables en relación a las medidas de mitigación necesarias. Se trataría de analizar los sistemas implicados en estos procesos, con el fin de encontrar un espacio de estrategias políticas que fueran compatibles con estas restricciones (44). Por ejemplo, puede establecerse un tipping point como límite de impactos [ver: Entender la gravedad del cambio climático: 2. ¿Qué es el cambio climático ‘desbocado’? (Una introducción a los ‘tipping points’)] y un ritmo de reducción de las emisiones o del PIB que sea compatible con la estabilidad social, que fue estimado en el 5% (45).

Este método de la ventana máxima tolerable tiene la ventaja de que los juicios de valor no son implícitos, como en los casos anteriores, sino explícitos, y pueden ser sometidos a discusión para determinar, de entre el espacio de resultados, que constituye la ventana tolerable, cuál vaya a ser la estrategia elegida. Las pérdidas por un lado (por ejemplo, más incendios forestales) no son automática y opacamente compensadas por otro (por ejemplo, dinero), sino que la opción queda abierta (46). A partir de ahí, se retrocede la cadena causal para determinar el límite de emisiones, en función del tiempo, que impediría salirse de la ventana (47). Seguir leyendo »

Entrada anterior: 2: Dos grados más ¿respecto a qué? ¿Qué es lo realmente importante?

Mucha gente puede creer que dato tan importante para el futuro de todos nosotros como los +2 ºC procede, y es fruto, de un análisis riguroso, resultado de un proceso científico realizado con todas las de la ley y sancionado finalmente por el máximo órgano de autoridad científica: el IPCC. Por el contrario, veremos en este capítulo y en el siguiente la pobre fundamentación – y, por tanto, la carencia de credibilidad – del incremento máximo de la temperatura media de la Tierra que (algunas) naciones dicen que es la opinión de la comunidad científica (26).

Con notable éxito, la propia disciplina de la economía lleva siglos empeñada en abarcar todo el espacio-tiempo, incluyendo la totalidad de nuestras mentes y comportamientos[20], hasta el punto de esforzarse en cuantificarlo todo en términos monetarios. Rebasa así el terreno que le es propio, pero ha encontrado habilidades y complicidades suficientes como para presentar sus resultados al público como si las leyes de la naturaleza fueran a ser las suyas y el mundo fuera a hacerles caso a pesar de que su marco de validez, si alguna vez lo tuvo, hace ya décadas que ha sido rebasado. Hace esto en lugar de atender, como sería razonable esperar, a las leyes de la física como marco de referencia ineludible de la actividad económica. Seguir leyendo »

Entrada anterior: Cambio climático: ¿cuánto es demasiado? 1: Requerimientos para un objetivo global

Inundaciones en Georgia (EE.UU)

Si hubiera que determinar el objetivo en términos de incremento máximo de la temperatura media global, como menciona el acuerdo de Copenhague, lo primero a tener en cuenta es la referencia de base: respecto a cuándo se establece este incremento. No son lo mismo, pongamos por caso, 2 ºC más respecto al promedio de la era preindustrial o respecto al promedio de 1880-1920 con que a veces se juega, o respecto a la media móvil de los años anteriores a algún año concreto [ver Cuidado con la temperatura]. La cuestión es que, sin ir más lejos, el acuerdo de Copenhague, al referirse a los +2 ºC, simplemente no lo dice. Es más: el Acuerdo de Copenhague, contrariamente a la creencia general (y la mía hasta hace poco), no establece la cifra de 2 ºC como objetivo. Veámoslo:

“Para alcanzar el objetivo último de la Convención de estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un nivel que evite una interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático, y teniendo en cuenta la opinión científica de que el aumento de la temperatura mundial debería permanecer por debajo de 2 ºC, sobre la base de la equidad y en el contexto del desarrollo sostenible, intensificaremos nuestra cooperación a largo plazo para luchar contra el cambio climático.”

Si lo leemos atentamente veremos que lo que acuerdan los firmantes no es un objetivo sino, simplemente, intensificar la cooperación a largo plazo, lo cual es decir muy poco o nada. Cuando se refiere a nuestro punto focal [ver: Requerimientos para un objetivo global] escriben ‘teniendo en cuenta la opinión científica’, lo cual no es en absoluto cierto, como veremos más adelante. Seguir leyendo »

Cuando lea u oiga que “la comunidad científica advierte que para evitar una interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático la temperatura media de la Tierra no debe subir más de 2 ºC” o, ahora, +1,5 ºC, atribúyalo a un cálculo comunicativo. De no ser así sólo puede ser  ignorancia, a desidia, o a ingenuidad.

Un juego. Usted y otras nueve personas que no conoce ganan un viaje de un fin de semana a París. Una vez allí, les dicen que deberán costearse todos los gastos, también los de vuelta, a menos que sean capaces de encontrarse todos a las 12 del mediodía del domingo en un mismo lugar. Además, de conseguirlo, ganarán un millón de euros cada uno. ¿Usted adónde acudiría? Yo iría a la Torre Eiffel. Usted también, probablemente.

La Torre Eiffel es lo que, en teoría de juegos, se denomina un punto focal (1). Consiste en un referente común en ausencia de comunicación adecuada.

La comunidad internacional sancionó, en el Acuerdo de Copenhague de 2009, la cifra de 2 ºC de la temperatura de la Tierra como un valor máximo del incremento de la temperatura media (2). Es de creer que este objetivo que, según se decía en el texto, era consistente con la ‘visión científica’ y con el acuerdo de la Convención de Rio de Janeiro de 1992[1], iría a ofrecer una seguridad climática suficiente. Hoy (de hecho, ya en 2009, incluso mucho antes) esta cifra está siendo cuestionada con todo fundamento. ¿Entonces?

Si este valor límite resultara ser excesivo y encima, como algunos sugieren[2], imposible de respetar, deberíamos calificarlo de peligroso y, por tanto, combatirlo y proponer otro. Pero si conviniéramos que, frente a la dificultad manifiesta de promover la movilización colectiva por parte de quienes estamos alarmados en extremo por la severidad del problema climático, este guarismo resultara útil para la acción política, las reticencias que pueda razonablemente sugerirnos deberían ser objeto de relativización, siempre en la medida de que seamos capaces de prever, para el futuro, escenarios más acordes con la realidad. Seguir leyendo »