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Posts Tagged ‘Proceso científico’

Entradas anteriores de la serie: 1. Introducción – 2. Breve introducción a lo que el IPCC es y no es

“Si la ciencia selecciona hacia lo conservador, la academia selecciona hacia lo muy conservador.” (32)

A vueltas con la moderación científica

Examinar referencias

worst

Portada de la revista New Scientist, noviembre de 2012: ‘Hace cinco años nos temíamos lo peor. Pero parece que es peor todavía.’

La ideología personal de un científico puede ser de derechas o de izquierdas, o del limbo, y así se distribuye el sentir político de esta comunidad en todas partes, más o menos como la población en general (33). Salvo en los Estados Unidos, donde el giro anticientífico de la derecha de las últimas décadas (34) ha provocado que el 94% se declare ‘liberal’ (35)[17]. Esto le viene de perlas al negacionismo organizado, que acusa entonces a los científicos – y por extensión a la ciencia practicada – de estar politizando la ciencia, tergiversando sus resultados.

Sin embargo, (más…)

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“You can of course debate whether it is a good thing or a bad thing that IPCC reports are conservative, but the most important thing is that we know that it’s conservative, so you understand the IPCC reports in the correct way.”[1]Stefan Rahmstorf, Potsdam University + IPCC, 05/11/2013 (1)

1.      Introducción

El cambio climático en el diván

El IPCC en el diván

La emisión del  5º informe del IPCC (Intergovernmental Panel of Climate Change) –  a saber, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático por sus siglas en inglés, nos da ocasión para examinar cuál es el estado de la ciencia, digamos ‘oficial’, del cambio climático. También para examinar qué perspectivas alternativas existen, y su verosimilitud. En estos términos, es también una buena ocasión para examinar por qué motivos concretos, en cosa tan cuadrada y objetiva como la ciencia, puede haber, o no, divergencias entre la “oficialidad” del IPCC y perspectivas alternativas.

A finales de 2012 la revista académica Global Environmental Change publicó un trabajo de investigación titulado “Climate change prediction: Erring on the side of least drama? [2]”. Estaba firmado por tres autores estadounidenses de muy alto nivel[3] liderados por Keynyn Brysse, del Programa de Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Oficina de Estudios Interdisciplinares de la Universidad de Alberta (Canadá). En el abstract puede leerse: (más…)

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Comencemos con un juego. Usted y otras nueve personas que no conoce ganan un viaje de un fin de semana a París. Una vez allí, les dicen que deberán costearse todos los gastos, también los de vuelta, a menos que sean capaces de encontrarse todos a las 12 del mediodía del domingo en un mismo lugar. Además, de conseguirlo, ganarán un millón de euros cada uno. ¿Usted adónde acudiría? Yo iría a la Torre Eiffel. Usted también, probablemente.

En este ejemplo clásico, la Torre Eiffel es lo que, en teoría de juegos, versión cooperativa, se denomina un punto focal (1). Consiste en un referente común, válido en ausencia de comunicación adecuada.

La comunicación del problema del cambio climático, tanto a las élites como a la población, es uno de los aspectos todavía no bien resueltos, entre otros motivos porque la intervención de los científicos sociales es muy reciente – con la notable excepción de los economistas, demasiado a menudo descreídos y casi siempre atenuadores de la seriedad de la cuestión. Desde luego podemos culpar al negacionismo organizado por su incesante interferencia en el proceso, y probablemente acertaríamos si le atribuimos la responsabilidad principal de la resistencia colectiva a tomar cartas en el asunto en la magnitud necesaria. Pero el negacionismo ahí está y, a la espera de poderle exigir en su momento la responsabilidad que le corresponde, debemos lidiar con él e idear estrategias que permitan atenuar o superar su influencia. (más…)

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Cuando lea u oiga que “la comunidad científica advierte que para evitar una interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático la temperatura media de la Tierra no debe subir más de 2 ºC” o, ahora, +1,5 ºC, atribúyalo a un cálculo comunicativo. De no ser así sólo puede ser  ignorancia, a desidia, o a ingenuidad.

Un juego. Usted y otras nueve personas que no conoce ganan un viaje de un fin de semana a París. Una vez allí, les dicen que deberán costearse todos los gastos, también los de vuelta, a menos que sean capaces de encontrarse todos a las 12 del mediodía del domingo en un mismo lugar. Además, de conseguirlo, ganarán un millón de euros cada uno. ¿Usted adónde acudiría? Yo iría a la Torre Eiffel. Usted también, probablemente.

La Torre Eiffel es lo que, en teoría de juegos, se denomina un punto focal (1). Consiste en un referente común en ausencia de comunicación adecuada.

La comunidad internacional sancionó, en el Acuerdo de Copenhague de 2009, la cifra de 2 ºC de la temperatura de la Tierra como un valor máximo del incremento de la temperatura media (2). Es de creer que este objetivo que, según se decía en el texto, era consistente con la ‘visión científica’ y con el acuerdo de la Convención de Rio de Janeiro de 1992[1], iría a ofrecer una seguridad climática suficiente. Hoy (de hecho, ya en 2009, incluso mucho antes) esta cifra está siendo cuestionada con todo fundamento. ¿Entonces?

Si este valor límite resultara ser excesivo y encima, como algunos sugieren[2], imposible de respetar, deberíamos calificarlo de peligroso y, por tanto, combatirlo y proponer otro. Pero si conviniéramos que, frente a la dificultad manifiesta de promover la movilización colectiva por parte de quienes estamos alarmados en extremo por la severidad del problema climático, este guarismo resultara útil para la acción política, las reticencias que pueda razonablemente sugerirnos deberían ser objeto de relativización, siempre en la medida de que seamos capaces de prever, para el futuro, escenarios más acordes con la realidad. (más…)

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“Every man takes the limits of his own field of vision for the limits of the world.” – Arthur Schopenhauer, Studies in Pessimism

IGBPQuerido lector, quedará sorprendido por este artículo. Ya le adelanto que la probabilidad a la que me refiero no es, ni mucho menos, despreciable. Y que este caso peor supone, sin lugar a dudas, una extinción masiva. La sexta extinción que, a diferencia de las cinco anteriores, y tal vez con la excepción del período de la Gran Oxidación, no habría sido provocada por meteoritos o explosiones volcánicas, sino por los moradores del planeta, o sea, nosotros.  Veamos.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) es el organismo de Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial, que agrupa, con mucho, la mayor concentración de conocimiento científico interdisciplinar jamás reunida en torno a una cuestión concreta. Su último informe, de 2007, abarcaba el conocimiento científico hasta julio de 2006.

Sin embargo, por su estructura científico-política, esos informes reflejan el mínimo común denominador del conocimiento (1) lo que, previsiblemente, se vio favorecido por la personalidad del actual presidente del organismo. En efecto, el indio Rajendra Pachauri fue en su momento promovido a través de una jugada maestra iniciada por la industria de los combustibles y el movimiento religioso y ultraliberal de los Estados Unidos y aprobada por George W. Bush, según demostré en esta entrada. Ya en su momento, cuando fue dado a conocer, el volumen principal del último informe (The Scientific Basis), presentado en febrero de 2007, fue considerado excesivamente cauto, entiéndase conservador, en sus predicciones (2). Hoy, todo experto serio tiene esta aseveración por cierta, a la vista además del nuevo conocimiento alcanzado desde entonces (3).

Pues bien. No lo dice directamente, no lo encontrará usted en los informes de una forma explícita, literal, pero dentro de un momento le voy a demostrar que lo dice, implícita, pero inequívocamente. Sólo para enterados de verdad. O sea, ellos, porque el resto de los mortales, y en particular la clase política y periodística, parece no haberse enterado.

Del Cuarto Informe de Evaluación se deduce que: (más…)

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Imagen: National Geographic

Imagen: National Geographic

Corrección (14/05/2010)

Un total de 255 climatólogos o científicos relacionados con la ciencia climática, miembros de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, entre los se encuentran 11 Premios Nobel, han suscrito un texto que ha sido publicado el viernes 7 de mayo en sede tan formal como la revista Science (acceso por subscripción), que traduzco más abajo.

En él manifiestan su inquietud por los ataques a la ciencia y a “las amenazas tipo McCarthy y la persecución criminal de nuestros colegas basada en insinuaciones y falacias por asociación, así como al acoso de científicos por parte de políticos en búsqueda de distracciones para evitar la toma de decisiones, y de las descaradas mentiras esparcidas contra ellos.” A los negacionistas les llama así: negacionistas. Instan, además, a actuar inmediatamente. (más…)

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“Ice on Greenland and Antarctica is already thinning faster than it’s being replaced – and faster than scientists thought it would. We’re now 100 years ahead of schedule[1]Richard Alley, paleoclimatólogo, Penn State University (1)

Imágenes de algunas costas españolas según nivel del mar (Sea Level Explorer)

Iceberg fundiéndose

Imagen: Paul Souders

He indicado ya varias veces en este blog, pero lo repito para quien no lo haya leído que la condición de peer-reviewed[2] de un artículo en una publicación científica académica otorga credibilidad de principio, pero no certeza hasta pasado cierto tiempo. Es decir, la condición de peer-reviewed es necesaria, pero no suficiente (2).

El hecho de que un artículo haya sido aceptado por unos revisores supone un control de calidad severo, pero no absoluto. Es imposible que los revisores repliquen los trabajos, con mucho mayor motivo cuando éstos están basados en mediciones de campo. De hecho, el último control se produce cuando se ha publicado, se hace público y, entonces, todo el mundo puede cuestionarlo, no sólo los revisores.

En las revistas del más alto nivel como Science, Nature y Proceedings of the Nacional Academy of Sciences, esto ocurre muy pocas veces, pero ocurre. Este hecho es una anormalidad en el sentido de que es poco frecuente, pero es una normalidad en el sentido de su pertenencia al proceso de avance de la ciencia. Está comúnmente aceptado y, hombre, nadie queda indiferente cuando es objeto de contestación pública razonada después de haber sido visto por todos sus colegas, pero no se hunde el mundo ni es desposeído de sus galones. Lo importante es que, en definitiva, en ciencia, el control de calidad acaba funcionando siempre.

El caso que nos ocupa hoy es flagrante, desesperante. Que lo aprovechen los negacionistas profesionales, pues mire, ya comienzo a estar vacunado. Pero que sean los medios de comunicación, y en particular The Guardian, quienes  entren en el juego con esta sinvergüenza, lo siento, me altera. Luego, Ferran, calma, que estás escribiendo una entrada en el blog y no gritándole a la mujer tu indignación tras el descubrimiento. (más…)

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