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Archive for the ‘Ciencia’ Category

“On a planet 4C hotter, all we can prepare for is extinction.” – Oliver Tickell(667)

Informe de 2012 financiado y asumido por el Banco Mundial

También James Hansen – como tantos otros – se ha unido a quienes aventuran la superación de los 1,5 ºC en la década de los 2030s como muy tarde(668), en coherencia con su anuncio reciente de una aceleración en curso del aumento de la temperatura(669) que otros avalan.

Por otra parte, que la superación de los +2 ºC es “virtualmente cierta” lo sabemos ya desde hace por lo menos una década(670). ‘It’s over’(671) (se acabó), decían, incluso cuando se creía todavía que 2 ºC eran soportables(672). El prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) apuntaba en 2015 que, si la sensibilidad climática estuviera en la zona superior del margen 2-4,5 ºC, los +2 ºC se alcanzarían en 2030-2035, y que si fuera menor se superarían en todo caso poco después de mitad de siglo(673). El Global Energy Tracker elaborado por las universidades australianas de Queensland y Griffith apunta también a la década de 2030(674). Manola Brunet, presidenta de la Comisión de Climatología de la Organización Meteorológica Mundial, afirmaba hace pocos meses que los +2 ºC pueden tranquilamente alcanzarse en 2035-2040(675).

A la misma conclusión llegaba implícitamente un informe de la consultora Price Waterhouse Cooper en 2012, al concluir que eran necesarias mejoras en la “intensidad de carbono” del PIB superiores al 5% anual durante 40 años a partir de 2013(676), contando naturalmente con que el crecimiento económico en términos de PIB debía proseguir. Y de hecho llega a la misma conclusión todo informe que exija acciones termodinámicamente imposibles de este cariz mágico – como a menudo ocurre en los del propio IPCC – por mucho que las vistan de retórica posibilista tipo challenging, unprecedented, etc.

Poner premisas o condiciones imposibles para ofrecer resultados digestibles a la clientela es una forma de moderación inmoderada, pero siempre que los autores sean bien explícitos en cuanto a la inverosimilitud de los escenarios que se plantean, lo que rara vez es el caso.

¿Qué ocurre a partir de entonces? (más…)

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Índice tentativo de la serie

“There’s no scenario that stops sea level rise in this century. We’ve got to deal with this indefinitely.” – Michael Oppenheimer, 2019

El aumento del nivel del mar es una de las consecuencias del calentamiento global menos valoradas, principalmente porque, a diferencia del incremento de temperatura es, en esta primera fase, poco perceptible por los sentidos. Además es una consecuencia de este último y responde mucho más lentamente. Pero su importancia se visibiliza algo más cuando tenemos en cuenta que una estimación simple apunta a que un aumento de 10 cm pone en riesgo costero una cantidad de personas en número de 20 millones(432).

El aumento del nivel del mar se produce por la fusión de los grandes casquetes de hielo (Groenlandia y la Antártida), de los glaciares, de la extracción de aguas freáticas y en buena medida también por la dilatación térmica de los océanos al aumentar su temperatura. Nótese que el nivel del mar es como el termómetro de mercurio en relación a la temperatura media de la Tierra: cuanto mayor la temperatura, mayor la fusión de los distintos hielos del planeta (Groenlandia, Antártida, glaciares terrestres) y mayor la expansión volumétrica de los océanos(433); cuanto menor, más nieve, más hielo, que naturalmente se resta del nivel del mar.

El gráfico del encabezamiento, elaborado por David Archer, prestigioso glaciólogo de la Universidad de Chicago, lo muestra con claridad. También muestra que, al duplicarse la concentración atmosférica de CO2 y alcanzarse +3 ºC (como mínimo), cosa que ocurrió en el Plioceno hace tres millones años y es previsible que se alcance dentro de este siglo, el nivel del mar correspondiente era 50 m superior al actual. Claro que el proceso de fusión de los hielos es mucho más lento que el del incremento de temperatura y este nivel extraordinario, al que el planeta estaría condenado, se produciría a lo largo de siglos y quizás algún milenio, según fuera evolucionando a su vez la temperatura, y en todo caso a distintos ritmos, en general poco predictibles.

Extrema moderación hidrológica del IPCC

En relación a la moderación exhibida por el IPCC con respecto a esta crítica cuestión es muy interesante examinar la evolución de las predicciones acerca del incremento del nivel del mar para 2100. A principios de los 80 la Agencia de Protección Medioambiental estadunidense (EPA) aventuró valores entre 144 y 200 cm, si bien consideraba que 3,5 m no podían descartarse(434). Este estudio previo no está considerado en el gráfico, que se limita a los distintos informes del IPCC, comenzando en 1990.

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“Es peor, mucho peor, de lo que imaginas.” – David Wallace-Wells

Índice tentativo de la serie

Muchas personas están confundidas respecto a la gravedad de los impactos correspondientes a un aumento de la temperatura media de la Tierra de +2 ºC, creyendo que la comunidad científica ha establecido alguna vez este umbral como un límite de seguridad. Esto no es así en absoluto: se trata de un acuerdo político al que la ciencia intenta anticipar sus impactos. La historia de los +2ºC viene de lejos, y en su determinación se han empleado incluso consideraciones de orden religioso.

En relación a cuál es, si existe, el límite de seguridad en términos de temperatura cabe destacar también aquí la constatación de la misma constante de revisión a peor en relación a los impactos esperables del cambio climático a igualdad de circunstancias, por ejemplo de temperatura, en los sucesivos informes. Esto es de especial importancia y significación, pues lo que más preocupa a los humanos es, precisamente, cuáles están siendo y vayan a ser los impactos del calentamiento global más allá de las consabidas, y temidas, olas de calor. (más…)

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Índice tentativo de la serie

Respondiendo al encargo a la comunidad científica originado por la comunidad política en el Acuerdo de París en el que las naciones se comprometieron a ‘mantener el aumento de temperatura muy por debajo de +2ºC sobre los niveles preindustriales y proseguir esfuerzos para limitar el incremento de temperatura a 1,5 ºC’, el IPCC respondió, en menos de tres años, con un relevante informe sobre los impactos de +1,5 ºC (comparados con los de +2 ºC) y las acciones necesarias para no superar esa cifra políticamente determinada. Este informe de carácter extraordinario, titulado escuetamente Global Warming of 1.5 °C (en adelante SR1.5), apareció a primeros de octubre de 2018 y me referí a él aquí.

Ciertamente, este informe sigue la tendencia conocida de presentar resultados peores que los de informes anteriores por lo menos, como hemos visto, en el decisivo ámbito de los impactos. Por tanto, aquello que habría que hacer para evitar que se produzcan es también más exigente.

Con todo, el informe SR1.5 no es tan moderado como los anteriores. El patrón de subestimación del riesgo sigue existiendo a lo largo del informe, como ahora veremos. Sin embargo, algunas de las expresiones que contiene dan a entender, leyendo entre líneas, que los redactores no han querido ser tan timoratos como en ocasiones anteriores. Así, escriben:

“Limitar el calentamiento a 1,5 °C requiere un cambio transformador sistémico… Un cambio de este tipo requiere una escalada y aceleración de la implementación de políticas de mitigación de largo alcance, multinivel y trans-sectorial, además de tener que superar distintas barreras[1]. Este cambio sistémico debería ir acompañado de acciones de adaptación complementarias, incluyendo adaptación transformativa, sobre todo para las trayectorias que rebasen temporalmente los 1.5°C.”(399)

Aun así, estas afirmaciones son moderadas. (más…)

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Índice tentativo de la serie

Sensibilidad climática según distintas metodologías (ref. 396, ver también ref 397 más actualizado)

Uno de los parámetros de mayor relevancia del cambio climático, si no el que más, es la denominada sensibilidad climática, entendida como el aumento de la temperatura media de la Tierra a largo plazo que corresponde a una concentración de dióxido de carbono en la atmósfera que sea el doble de la preindustrial (560 ppm vs. 280 ppm).

En el cuarto informe (AR4), de 2007, el IPCC estableció el valor de 3 °C como mejor estimación, con un margen de incertidumbre de 2 a 4,5 °C. De hecho, el valor de 3 °C como estimación central, asociado a distintos márgenes de incertidumbre, se ha mantenido inalterable durante todo el siglo XX, desde que Svante Arrhenius lo calculó en la primera década del siglo pasado(373). Paradigma del efecto anclaje donde los haya [efecto 4].

En el último informe de 2013 se examinaron nuevos trabajos, más recientes, que apuntaban a sensibilidades superiores, mientras los modelos estándar seguían dando valores entre 2,1 y 4,7 °C, muy parecidos a los del informe anterior(374). Y también unos pocos, basados en períodos recientes muy cortos y calculados con modelos muy simples, que concluían en sensibilidades inferiores, de alrededor de 1,5 °C. La elección del IPCC consistió en ampliar el margen inferior de incertidumbre, convirtiéndolo en 1,5-4,5 °C, no pronunciarse sobre mejor estimación alguna y desoír los trabajos que apuntaban a sensibilidades más elevadas. Pero hay mucho más. (más…)

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Índice tentativo de la serie

Permafrost Svalbard

Permafrost i termokarst en Svalbard (Noruega) – Getty Images

El IPCC define el permafrost como todo suelo que se mantiene por debajo de 0ºC durante por lo menos dos años consecutivos, incluyendo rocas, hielo y materia orgánica. Denomina termokarst a los humedales o lagos que se forman por la fusión del permafrost(352).

Nótese que el problema del permafrost es clave, pues podría ser el inicio del momento en que la Tierra comienza a emitir CO2 por sí misma, lo que desde luego tiene implicaciones respecto a cuántas emisiones podríamos los humanos teóricamente permitirnos en el futuro, si es que todavía nos quedara algún margen. Por lo pronto ya hemos visto que además de CO2 y metano también emite óxido nitroso (N2O), y que las emisiones de este último gas estaban siendo subestimadas nada menos que en un factor 12.

Démonos cuenta de que la fusión del permafrost constituye un infortunio definitivo por lo menos a largo plazo, pues la cantidad de carbono que contiene es por lo menos dos veces superior al contenido en toda la atmósfera. Sabemos que, del total de emisiones antropogénicas a la atmósfera, en términos de CO2 la mitad es absorbida por la biosfera y los océanos. Pues bien, esas emisiones pueden llegar a ser hasta del 88% del total absorbido(353).

Ocurre pues que, si en relación a la superficie y el volumen de hielo del Ártico la realidad iba 100 años por delante de las primeras previsiones, el permafrost, por su parte, parece estar emitiendo ya por sí mismo, en respuesta al calentamiento global y a su amplificación polar asociada, una cantidad de gas metano y CO2 que los informes habían previsto para 2090(354). Mientras tanto, algunos científicos sitúan el punto de inflexión de la desestabilización del permafrost a un incremento de la temperatura global tan bajo como +1,5ºC, umbral próxim(355)o a ser superado como pronto veremos.

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Índice tentativo de la serie

Lo siento, sois demasiadas

Una molécula de óxido nitroso (N2O), el denominado gas de la risa, ejerce una influencia en el efecto invernadero unas 265 veces superior al de una molécula de CO2, constituyendo así el tercer gas atmosférico en importancia climática tras el CO2 y el metano. Durante los últimos 400.000 años la evolución de la concentración de este gas ha corrido pareja a la de CO2, pero su papel en los cambios climáticos del pasado ha sido francamente menor. Pero esto está cambiando, dada la gran cantidad de nitrógeno sintético empleado como fertilizante en la agricultura intensiva de las últimas décadas, la denominada revolución verde. ¿Es verdaderamente verde?

La producción industrial actual de nitrógeno reactivo (N obtenido artificialmente, a diferencia del N2 inerte atmosférico) excede  con mucho el total global de todos los orígenes naturales(331). Sobre el sistema climático la aportación de nitrógeno presenta un comportamiento dual. Por una parte calienta el planeta a través de la formación de dos gases de efecto invernadero: el óxido nitroso y el ozono troposférico. Por otra parte presenta a su vez una función de enfriamiento al reducir el tiempo de residencia del metano en la atmósfera, favorecer la generación de partículas que reflejan la radiación solar(332) y, en función de su efecto fertilizador, contribuir al crecimiento vegetal, también de los bosques, absorbiendo así parte del CO2 atmosférico procedente de las emisiones energéticas o de la deforestación. En conjunto, los efectos térmicos del N2O dominan solo levemente(333), si bien sus impactos sobre la salud humana y la biodiversidad lo hacen especialmente indeseable(334). En términos económicos, solo en Europa el exceso de nitrógeno en el medio ambiente tiene un coste anual de entre 70.000 y 320.000 millones de euros cada año(335).

Emisiones de N2O del permafrost 12 veces superiores a lo esperado

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“Data without models are chaos, but models without data are fantasy.” Patrick Crill, Stockholm University(301)

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Aun siendo el más importante cuantitativamente, el CO2 no está solo en la atmosfera como contribuyente al calentamiento global. El conjunto de otros gases tales como el metano, el óxido nitroso (N2O), el ozono, los propelentes y espumosos CFC y HFC, el hexafluoruro de azufre (SF6), etc., influyen en una proporción de entre el 30 y el 50%. Aunque estos gases están presentes en menores cantidades, su potencial de calentamiento (Global Warming Potential) es muy superior al CO2, del orden de 100 a 10.000 veces mayor.

Centrémonos en el origen antropogénico de dos de ellos, de hecho los dos más importantes después del CO2 a efectos climáticos: el gas metano y el óxido nitroso. Posteriormente nos ocuparemos de los CFC/HFC y el SF6.

Metano infravalorado

El gas metano (CH4) es un componente atmosférico muy importante, porque su variación ha estado presente, junto al CO2, en todos los cambios climáticos rápidos de la historia. El gas metano contribuye al incremento del calentamiento global en alrededor de un 20%(302). Su concentración atmosférica ha aumentado en un 150% desde la era preindustrial, y algunas previsiones del IPCC apuntan a una duplicación adicional para 2100 (303). La mayor parte del gas metano atmosférico no se origina en la combustión, pues es en realidad un combustible. Las fuentes antropogénicas principales son las fugas en la extracción de este gas (ya en 2004 mayores de lo que se creía(304), la agricultura y ganadería (principalmente arroz y fermentación entérica(305), los residuos orgánicos (el compost emite metano) y, en mucha menor medida, la combustión de biocombustibles y biomasa. (más…)

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Efectos de los bosques en la disponibilidad de agua y en el clima, a distintas escalas. Fuente: ref 301

El tan esperado pico de emisiones resulta pues esquivo, huidizo. Y es que, en las condiciones sociales actuales, solo una recesión global permanente permitiría reducir significativamente las emisiones de origen energético. Esta situación es peor de lo que se esperaba, por lo menos la que esperaban todavía quienes confiaban en el desacoplo entre emisiones mundiales y PIB global, en un alarde de pensamiento mágico contrario a la termodinámica. Hipótesis refutada ya por todas partes, como muestra un reciente informe de la Unión Europea que examina 300 trabajos al respecto (274).

En cualquier caso, y en consonancia con la concentración atmosférica, las emisiones globales de CO2 tampoco son peores de lo esperado, pero si están en la zona superior de los escenarios contemplados por el IPCC, el denominado el RCP8.5. De hecho, en función del desequilibrio energético actual, de 6,8 W/m2 estaríamos hoy en un escenario RCP6.8, si este existiera como tal (275) – confirmando que el superior RCP8.5 no puede ser considerado el business as usual(276). Recordemos que, de los cuatro escenarios contemplados por el IPCC, los dos superiores son RCP6.0 y RCP8.5 y que los números informan del forzamiento radiativo en W/m2.

Pero esta situación podría cambiar si atendemos a algunos parámetros que sí están siendo subestimados. Por ejemplo, las emisiones de CO2 procedentes del tráfico aéreo están creciendo a un ritmo un 70% superior al previsto (277); entre las demás fuentes de CO2 subestimadas se encuentran los suelos tropicales afectados por la deforestación y el aumento de las prácticas agrícolas, cuyo CO2 es vehiculado por las corrientes de agua (278). También una cantidad sorprendente de CO2, antes inimaginada, resulta ser expelida por los flujos turbulentos de agua procedentes de las montañas: ríos, torrentes, arroyos, cascadas, etc. (279)

Todo ello si es peor de lo que hasta ahora se tenía por cierto.

La deforestación, mayor que la esperada

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Índice tentativo de la serie

La concentración atmosférica máxima tolerable de CO2 es un parámetro que ha sufrido también los efectos de la moderación. La concentración atmosférica máxima tolerable será aquella que evite el rebasamiento de un incremento máximo de la temperatura media de la Tierra que sea considerada intolerable en sus impactos y consecuencias, normalmente con una probabilidad likely (66%).

Recordemos siempre que lo que realmente cuenta a efectos de forzamiento climático es la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera en cada momento. No las emisiones, en el sentido de que una disminución de las mismas, si no fuera absolutamente drástica, seguiría haciendo aumentar esa concentración. La bien estudiada limitación perceptiva que consiste en confundir flujos con acumulaciones (264) está detrás de esta frecuente confusión de quien no está prevenido frente a ella.

Para los economistas ortodoxos es correcto un mundo a +3ºC con riesgo de 4,5 o más

En todo caso el incremento máximo de temperatura es, en último término, una elección que no corresponde a la comunidad científica. Sin embargo, a la vista de lo que en cada momento ésta pueda considerar un daño excesivo, no ha dejado de sugerir, siquiera implícitamente, valores máximos que supongan un umbral previo a lo considerado intolerable. (más…)

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“Out-of-the-box thinking is vtal … Climate change is now reaching the end-game … it is all the more important to listen to non-mainstream voices who do understand the issues and are less hesitant to cry wolf. Unfortunately for us, the wolf may already be in the house.” [1]– Hans Joachim Schellnhüber (217)

Índice tentativo de la serie

“Afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria”, decía Carl Sagan, esposo de Lynn Margulis. En eso estamos. La elaboración de los textos que siguen en forma de entradas de blog me ha llevado mucho más esfuerzo del esperado – incluso cuando creía estar ya suficientemente informado. Bueno, esto ocurre siempre. Pero he decidido un título cuyo desarrollo requiere de un rigor extremo.

Algo a evitar militantemente en casos como este es el efecto conocido como “cherry-picking”, llamado así (recolectar cerezas) porque consiste en elegir solamente como apoyo los textos y papers que van en favor de un argumento cuya conclusión, normalmente, quien escribe conoce ya de antemano salvo que por el camino se vea obligado a desdecirse. En todo caso la preocupación ha sido decreciente en la medida de que son tantos los ejemplos de subestimación, y sobre tantas variables, que sólo con mala fe puede hablarse ya de selección intencionada. Si es usted un iniciado y encuentra algo demasiado forzado le ruego que lo considere involuntario. Si además me lo hace saber y encuentro razonada su objeción lo corregiré y avisaré de ello.

Siempre a peor

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“This analysis is nuts!”[1] – Steve Keen, economista post-keynesiano (119)

Índice tentativo de la serie

Vimos en la entrada anterior algunas características generales del IPCC que llevan a la moderación de sus resultados, moderación que se acumula a distintos efectos psicológicos y sociológicos a lo largo del proceso de avance de la ciencia descritos anteriormente. Hoy ponemos el foco en la intervención de la economía en su contacto con las ciencias del clima, que en este organismo tiene lugar parcialmente en el Grupo de Trabajo II y totalmente en el III.

 

Es de rigor comenzar constatando en el Grupo de Trabajo III (en adelante WG III) una preocupación y una consideración de las cuestiones éticas y de justicia muy pobre en informes anteriores. Dedica a estas cuestiones un capítulo completo (120), junto a una discusión franca del alcance y las limitaciones de la economía (121) en relación al problema en cuestión que resulta de gran interés, aun constatando que en el resto del informe se hace caso bastante omiso de estas consideraciones de fondo. Una explicación a este dualismo sería la necesidad reglamentaria de basarse en la literatura académica estándar, que en la economía mainstream obvia sistemáticamente entrar en conflicto con los fundamentos, desde luego los éticos.

Pero que el Grupo de Trabajo III dedique el informe a Elinor Ostrom a toda página xiii (122), único premio Nobel de Economía concedido a un(a) no economista es en todo caso una buena señal. Su trabajo (123) en relación a la auto-organización colectiva, no necesariamente gubernamental, como respuesta al vector neoliberal de la tragedia de los comunes (124) – como algunas veces se califica al problema climático desde posiciones conservadoras (125) – es realmente notable  (126) y podría ser un atisbo del inicio de alguna transición en este WG III.

Economistas de movimiento perpetuo y siempre moderado

Es muy interesante atender también aquí a la membresía y autoría del WGIII, como hicieron investigadores del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de Bellaterra (Barcelona) y publicaron en Nature Climate Change. Observaron que en este grupo de trabajo el dominio de economistas y unos cuantos ingenieros es prácticamente total, y que de los 35 coordinadores de los distintos capítulos sólo tres procedían de ciencias sociales que no fueran económicas, mientras que la importancia de esta ausencia es bien sentida (127).  Además, la institución para la que esa mayoría de economistas más había trabajado en algún momento de su carrera era el Banco Mundial (128), lo que desde luego comporta un sesgo condicionante en términos de status quo. El 49% son economistas neoclásicos o ingenieros, y sólo el 15% fueron formados como científicos sociales distintos a los economistas mainstream[2]. (más…)

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Índice tentativo

Veamos ahora distintas formas de abordar, desde la ciencia, la interfase ciencia-política. Lo haremos de la mano de Jeroen P. van der Sluijs, del departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto Copérnico de Utrecht. El holandés distingue a este respecto tres modos: modo tecnocrático, modo de consenso y modo deliberativo[1], que define en función del grado de certeza alcanzado. Examinemos de momento los dos primeros.

Modo tecnocrático

En el modo tecnocrático, la incertidumbre científica es vista como una limitación temporal del conocimiento. Su reducción se resolvería con más investigación, pues el objetivo último desiderativo es su total eliminación (76). Este es el modo que corresponde a la ciencia en su sentido ilustrado, moderno.

La limitación de esta aproximación sucesiva a resultados de especial interés reside en que no todas las incertidumbres pueden ser siempre expresadas cuantitativamente de manera formal a través de cálculos y secuencia lógica. A veces no es posible reducir la incertidumbre (a tiempo, o suficientemente) por mucho empeño que se ponga en ello, por ejemplo frente a las incertidumbres denominadas irreducibles – inherentes de hecho a todo sistema no lineal (77). Encima, un mayor conocimiento puede, en ocasiones, hacer aumentar la incertidumbre, pues cualquier mecanismo adicional hasta entonces omitido puede aportar  la suya propia, que interacciona con las anteriormente establecidas, afectando así al conjunto (78). Finalmente, distintas reacciones posibles de la sociedad frente a determinados escenarios sociales constituyen una incertidumbre inherente (79). La resistencia al descubrimiento y otras expresiones de la reticencia científica hasta aquí descritos tienen lugar en este modo tecnocrático (que Sluijs denomina tambén lineal).

Modo de consenso

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Índice tentativo

Proseguimos con la descripción de nuevos efectos acumulativos que conducen de modo sistemático a la moderación de la descripción científica de la realidad cuando esta pretende dar cuenta de realidades socialmente preocupantes. Vistos los efectos que operan a nivel individual, comenzamos hoy con algunos de los sesgos que pueden aparecer en el transcurso del trabajo científico en grupo.

Dinámica del trabajo científico en grupo

Los efectos hasta aquí señalados operan principalmente a nivel individual. No obstante, hoy en día, y desde luego en las cuestiones controvertidas, los científicos (naturales) raramente trabajan en soledad. Veamos a continuación tres situaciones de trabajo en grupo: 1) la redacción de un paper entre varios autores; 2) la realización de informes por encargo;  3) integración de información experta; y 4) a participación en organismos institucionales donde el consenso es exigido. [esta última circunstancia, especialmente influyente, será objeto de las próximas dos entradas de blog]

Papers con muchos autores

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Índice tentativo

Examinamos hoy dos nuevos vectores de presión que aquejan a los científicos en su camino hacia la moderación.

Temor a las consecuencias personales: el “efecto John Mercer”

Perfil de la Antártida. John Mercer describió así su débil configuración em los años 60 (Wiki)

[Efecto 5] Siguiendo en el terreno climatológico ha sido también descrito el ‘efecto Mercer’. John Mercer, un glaciólogo expedicionario de la Ohio State University, advirtió en los años 60 que la singular configuración del hielo de la Antártida Occidental lo convertía en inherentemente inestable, hasta el punto de poder provocar aumentos del nivel del mar de entre 4 y 6 m (33). Diez años más tarde publicó un trabajo atribuyendo esa posibilidad a la quema de combustibles fósiles (34).

¡Anatema! Esta osadía para la época no solo le costó a Mercer la financiación para seguir investigando, además de tener que lidiar con la frialdad de sus colegas. Cuenta James Hansen, el que fuera durante más de 30 años director de climatología de la NASA, que quienes en su día consideraron alarmista ese hallazgo resultaron ser mejor considerados por  sus compañeros. Hansen, que ha teorizado sobre esta “reticencia” científica, recuerda cómo los colegas que criticaron las conclusiones de Mercer, calificándolas de alarmistas, eran más celebrados por su entorno. Eran vistos como más razonables, más confiables (35). Se les tenía por más competentes y, en consecuencia, eran recompensados con más fondos para sus investigaciones.

Ocurre que a día de hoy, casi cincuenta años después, sabemos ya con gran certeza que las predicciones de Mercer se han demostrado certeras, aunque no fue hasta 2016 que se anunció que “la Antártida es más vulnerable al dióxido de carbono que lo que se creía hasta ahora” (36). Lo es tanto que la fusión de la Antártida Occidental (37) se considera ya virtualmente irreversible (y también la de Groenlandia en la medida de que superen los +1,6ºC (38), pues esta es también “más vulnerable de lo que se creía (39)) debido precisamente a los mecanismos que este glaciólogo identificó en sus expediciones de los años 60.

El propio Hansen sabe bien de lo que habla, pues sufrió este efecto en sus propias carnes. (más…)

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Índice tentativo

“You are not mature enough to tell it like it is.”Greta Thunberg. COP24 Katowice, 04/12/2018

Con respecto a la Fase I objeto de este texto descrita en la entrada anterior, examinemos ahora los fenómenos sucesivos que entran en juego y que permiten concluir que la descripción científica de la realidad es, por lo menos durante un cierto tiempo – que puede resultar decisivo – menos problemática socialmente de lo que lo es en realidad.

Los valores de la ciencia son por si mismos conservadores

Es precisamente a lo largo del proceso de avance donde resulta sorprendente advertir que, en lo profesional, el científico adopta, de forma intrínseca, un comportamiento extremadamente conservador. Veremos que al ejercer esta actitud en algunas de sus funciones se pueden producir distintos sesgos que, al cabo, resultarán ser acumulativos.

Este comportamiento es el resultado de una presión originada por una multiplicidad de factores. Unos son inherentes al propio método[1], prestados de él, como el necesario escepticismo militante. Otros aplican individualmente a cada científico, bien íntimamente, bien en su faceta de grupo. Otros, finalmente, condicionan los resultados del trabajo de grupo, singularmente en el establecimiento y emisión de consensos a la hora de integrar las incertidumbres, conjugar los marcos de referencia y salvar, cuando es posible, las barreras epistemológicas presentes en los distintos trabajos y disciplinas.

Todo esto no es nuevo, pero la preocupación por ello si es relativamente reciente estimulada por la constatación de la creciente distancia entre las predicciones, por ejemplo climáticas o de disponibilidad energética, y su contraste con la realidad cuando ésta se realiza, así como de la constante deriva, siempre a peor de los sucesivos trabajos e informes, por ejemplo del IPCC o de la Agencia Internacional de la Energía.

[Efecto 1] Ello ha dado lugar a que eminentes científicos senior e historiadores de la ciencia como Keynyn Brysse, Naomi Oreskes, Jessica O’Reilly y Michael Oppenheimer[2] se hayan sumergido en la filosofía de la ciencia y describieran, en un importante trabajo académico de referencia de finales de 2013 titulado «Climate change prediction: Erring on the side of least drama?» cómo estos efectos son debidos precisamente a los propios valores inherentes a la ciencia, de los que los científicos son valedores, defensores y portadores. Así, (más…)

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Gat schroedinger

En relación a su gato, Sr. Schrödinger, tengo tanto buenas noticias como malas noticias.

Los datos recién publicados del servicio de medición y homogeneización de la temperatura global de la NASA señalan una reducción de la temperatura media de la Tierra de 6 centésimas de grado en marzo, con respecto al mes anterior. El valor respecto a la referencia 1951-1980, que es la que actualmente emplea este organismo, fue en marzo de +1,28 °C. A su vez, la temperatura del mes de febrero ha sido corregida a la baja en una centésima, de +1,35 °C a +1,34 °C.

Respecto a la referencia preindustrial considerada por ese mismo organismo el incremento de temperatura sería en marzo de +1,58 °C.

Por su parte la Agencia Meteorológica del Japón, otros de los cuatro organismos mundiales que ofrecen datos de temperatura, indica (de forma preliminar), por el contrario, un aumento de tres centésimas respecto a febrero.

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Entradas anteriores de la serie: 1. Introducción – 2. Breve introducción a lo que el IPCC es y no es

“Si la ciencia selecciona hacia lo conservador, la academia selecciona hacia lo muy conservador.” (32)

A vueltas con la moderación científica

Examinar referencias

worst

Portada de la revista New Scientist, noviembre de 2012: ‘Hace cinco años nos temíamos lo peor. Pero parece que es peor todavía.’

La ideología personal de un científico puede ser de derechas o de izquierdas, o del limbo, y así se distribuye el sentir político de esta comunidad en todas partes, más o menos como la población en general (33). Salvo en los Estados Unidos, donde el giro anticientífico de la derecha de las últimas décadas (34) ha provocado que el 94% se declare ‘liberal’ (35)[17]. Esto le viene de perlas al negacionismo organizado, que acusa entonces a los científicos – y por extensión a la ciencia practicada – de estar politizando la ciencia, tergiversando sus resultados.

Sin embargo, (más…)

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“You can of course debate whether it is a good thing or a bad thing that IPCC reports are conservative, but the most important thing is that we know that it’s conservative, so you understand the IPCC reports in the correct way.”[1]Stefan Rahmstorf, Potsdam University + IPCC, 05/11/2013 (1)

1.      Introducción

El cambio climático en el diván

El IPCC en el diván

La emisión del  5º informe del IPCC (Intergovernmental Panel of Climate Change) –  a saber, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático por sus siglas en inglés, nos da ocasión para examinar cuál es el estado de la ciencia, digamos ‘oficial’, del cambio climático. También para examinar qué perspectivas alternativas existen, y su verosimilitud. En estos términos, es también una buena ocasión para examinar por qué motivos concretos, en cosa tan cuadrada y objetiva como la ciencia, puede haber, o no, divergencias entre la “oficialidad” del IPCC y perspectivas alternativas.

A finales de 2012 la revista académica Global Environmental Change publicó un trabajo de investigación titulado “Climate change prediction: Erring on the side of least drama? [2]”. Estaba firmado por tres autores estadounidenses de muy alto nivel[3] liderados por Keynyn Brysse, del Programa de Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Oficina de Estudios Interdisciplinares de la Universidad de Alberta (Canadá). En el abstract puede leerse: (más…)

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IPCCHoy se ha presentado el “Resumen para Responsables de Políticas” (Summary for Policymakers) del grupo I del 5º informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC). Una de las novedades es la asunción, por parte de 110 países, de 19 “declaraciones” (statements), a modo de (largos) titulares, que traduzco aquí: (más…)

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