“Si se nos pregunta si somos libres diríamos que sí, pero si se nos pregunta si creemos ser capaces de cambiar el mundo que nos rodea, ya sea individualmente o en grupos, diríamos que poco o muy poca cosa.” – Zigmunt Bauman[1]

Índice de la serie y enlaces
Es poco conocido que esta teoría general de sistemas ha superado con éxito los límites de las ciencias ‘duras’ y de la ingeniería para abarcar otras ciencias naturales (biología, ecología), y también, de forma muy destacada, distintas ciencias sociales (257). Son los denominados sistemas centrados en las personas, que pueden describirse como sistemas realimentados adaptativos, que incluyen la mente y las emociones (258,259). Las aplicaciones del método por parte de sociólogos del siglo XX tales como Talcott Parsons (260-262), Niklas Luhman (263-265) y Anthony Giddens – con su teoría de la estructuración (266) – decayeron en los años 70, pero adquirieron renovado impulso en los 90 de la mano de Peter Senge (93) y John Sterman, del Massachusetts Institute of Technology (MIT) (267) y también de David Lane, de la London School of Economics. Éste último nos señala acertadamente, respecto a las críticas que recibió el modelo World3[2], que:
“Las ideas de Forrester operan a nivel de la metodología, y no de la teoría social. De modo que la dinámica de sistemas no está casada con paradigma social alguno, y puede ser recreada para su uso en el marco de paradigmas distintos.” (268)
Nada más cierto, porque la metodología de la dinámica de sistemas, como hemos dicho, es absolutamente neutra, son matemáticas puras. Si a alguien no le gustan los resultados de un accidente de tráfico no va a culpar a las leyes de Newton; lo mismo aplica a quien no le gusten los límites que la metodología nos obliga a considerar en una aplicación de la dinámica de sistemas al sistema socio-técnico mundial. (más…)
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