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Archivos de la categoría ‘Divulgación’

Keeling 10.05.2013Es muy interesante que, súbitamente, haya saltado la noticia de que la concentración atmosférica de CO2 ha alcanzado las 400 ppmv (partes por millón en volumen). En rigor es así, pero el dato sólo tiene sentido desde una mirada profana, y quién sabe también si interesada. El dato de concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera que se toma como referencia en climatología es el promedio anual de cada año, y no el registro de un momento concreto y efímero. En 2012, la concentración promedio fue de 392,6 ppmv y, al ritmo anual de emisiones y su variabilidad estimada, no se espera llegar a las 400 ppmv de promedio anual hasta por lo menos los próximos dos a cuatro años. Entonces, ¿de qué estamos hablando? (more…)

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Texto revisado correspondiente a la conferencia pronunciada en el marco de la “Tertúlia Borralleras” (Ateneu Barcelonès, 15/11/2012)
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El texto se refiere al negacionismo internacional en general y se particulariza al que se expresa en catalán o en medios catalanes.

Anatomía del proceso de aguado de la realidad

Proceso de aguado o dilución desde la realidad física a la percepción social y la toma de decisiones

Estapas y efectos que llevan a la dilución del problema y a una respuesta inexistente, insuficiente o inadecuada

La distancia entre la realidad física y la percepción social del cambio climático es enorme. Desde esa realidad, nunca del todo conocida cabalmente, hasta la opinión pública, se interpone un conjunto de efectos de amortiguación de tipo científico, institucional y psicológico, que conducen a una conciencia colectiva del fenómeno mucho menos preocupante de lo que correspondería al conocimiento cabal de la realidad original, y a una acción política inexistente, insuficiente o inadecuada. No obstante, la severidad científicamente conocida del problema es ya suficiente como para provocar el encendido de todas las alarmas y poner del todo en cuestión valores, modelos sociales y comportamientos individuales que supondrían, no sólo una amenaza cierta para los intereses de las élites dominantes, sino también una importante angustia de incertidumbre y de responsabilidad para todos nosotros.

El negacionismo climático organizado nace de las élites económicas como una respuesta que entienden necesaria para evitar o amortiguar este cuestionamiento sistémico, y se apoya en los mecanismos de evitación de angustia por parte de los receptores, que ha aprendido a aprovechar en su favor.

En este texto examinaremos únicamente la intervención del negacionismo organizado en este proceso, su estructura y financiación, y su influencia. Hay que ser conscientes, sin embargo, de que este poderoso contramovimiento interfiere sólo en una parte, si bien determinante, del flujo de transmisión del conocimiento público de la realidad física. (more…)

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El análisis de los puntos focales climáticos actualmente en vigor, +2 ºC como límite de incremento de la temperatura media de la Tierra, y 350 ppm de concentración máxima de CO2, debe incluir necesariamente una comprensión de su origen. En este terreno, de tan importantes implicaciones políticas, económicas y sociales, es muy importante conocer la historia de la gestación de los criterios capaces de acabar constituyendo un objetivo global. En ella reside su eventual credibilidad, condición necesaria para su aceptación general. Con este mismo fin es preciso examinar previamente cómo se miden estos valores.

¿Cuál es la temperatura media de la Tierra?

Si tuviéramos que establecer el objetivo climático en términos de incremento máximo de la temperatura media de la Tierra, lo primero a tener en cuenta es la referencia de base: respecto a cuándo se establece este incremento. No son lo mismo, pongamos por caso, 2 ºC más respecto al promedio de la era preindustrial (<1850) que respecto al promedio de los períodos 1880-1920 o 1951-1980 con los que suele presentar los datos la NASA. A veces se considera también la temperatura de 1990, año del protocolo de Kioto, o la del año 2000. En este sentido, es importante que los comunicadores tengan siempre presente la referencia de base de las informaciones relativas a la temperatura media del planeta que suministran al público.

Sin embargo, la empresa no es nada fácil. (more…)

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Interferencia antrópica peligrosa: ¿Cuándo, y para quiénes? -Pulsar para mayor resolución

Cuál vaya a ser el incremento de la temperatura media de la Tierra debido al cambio climático no es algo que, en realidad, nos preocupe demasiado. Es más: un incremento de sólo +2 ºC, desde muchas latitudes, y desde luego desde aquellas en las que se sitúan los países hoy por hoy dominantes de los procesos políticos, puede llegar a ser percibido como algo deseable. Como dice el ex-meteorólogo Manuel Toharia, “a los humanos nos gusta el calorcito”. Desde luego, si ésa fuera a ser la única consecuencia del cambio climático, y se distribuyera uniformemente, podría resultar ciertamente atractiva para muchas personas.

No es pues la temperatura en concreto lo que nos importa, sino las consecuencias del calentamiento global. Desde una óptica estrictamente antropocéntrica, preponderante en Occidente , lo que de verdad nos inquieta, lo que resulta verdadero motivo de preocupación, son los impactos que el cambio climático pueda tener sobre nosotros. ¿Hasta qué punto puede la ciencia ayudarnos a evitarlos? (more…)

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Comencemos con un juego. Usted y otras nueve personas que no conoce ganan un viaje de un fin de semana a París. Una vez allí, les dicen que deberán costearse todos los gastos, también los de vuelta, a menos que sean capaces de encontrarse todos a las 12 del mediodía del domingo en un mismo lugar. Además, de conseguirlo, ganarán un millón de euros cada uno. ¿Usted adónde acudiría? Yo iría a la Torre Eiffel. Usted también, probablemente.

En este ejemplo clásico, la Torre Eiffel es lo que, en teoría de juegos, versión cooperativa, se denomina un punto focal (1). Consiste en un referente común, válido en ausencia de comunicación adecuada.

La comunicación del problema del cambio climático, tanto a las élites como a la población, es uno de los aspectos todavía no bien resueltos, entre otros motivos porque la intervención de los científicos sociales es muy reciente – con la notable excepción de los economistas, demasiado a menudo descreídos y casi siempre atenuadores de la seriedad de la cuestión. Desde luego podemos culpar al negacionismo organizado por su incesante interferencia en el proceso, y probablemente acertaríamos si le atribuimos la responsabilidad principal de la resistencia colectiva a tomar cartas en el asunto en la magnitud necesaria. Pero el negacionismo ahí está y, a la espera de poderle exigir en su momento la responsabilidad que le corresponde, debemos lidiar con él e idear estrategias que permitan atenuar o superar su influencia. (more…)

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Fuente: NatureA mitades del año pasado inicié una serie de entradas en este blog bajo el título “Cambio climático: ¿cuánto es demasiado?” que, por distintas razones, no llegué a completar. Se publicaron 7 textos, exhaustivamente referenciados en base a la literatura científica académica homologada.

En la serie se repasaban distintos conceptos, desde fundamentos básicos de la ciencia del clima hasta los impactos que el cambio climático ya está causando en la actualidad, aunque de forma aún poco perceptible para nosotros los occidentales. Se relacionaban los que se esperan para un futuro mucho más cercano de lo que se suele aceptar y que afectarán vitalmente a las generaciones ahora jóvenes, y también aquellos algo más lejanos en el tiempo, ambos totalmente inaceptables.

Desde el concepto de “interferencia antropogénica peligrosa” establecido en la cumbre de Río de 1992, a la viabilidad de las “soluciones” que se proponen, la serie transitaba por la intervención de los economistas y la religión en el problema climático. Se muestran los motivos por los cuales nos encontramos, más que frente a un problema científico o energético, frente a una cuestión fundamentalmente ética, que la ciencia es incapaz de resolver.

He decidido ahora publicar de nuevo esta serie, habiéndola revisado, actualizado y completado. Se desmonta la falacia de que dos grados más de temperatura media de la Tierra constituyen el límite de seguridad, y se propone con fundamento científico y ético un nuevo límite, basado en una magnitud distinta: el desequilibrio energético de la Tierra. Finalmente, se analiza la viabilidad de consecución de los distintos objetivos.

Seguirán los capítulos que entonces faltaron. El sumario tentativo es el siguiente: (more…)

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El texto que sigue corresponde a un artículo escrito por amable invitación de la revista Mientras Tanto, que he dividido en cinco entregas y añadido algunas ilustraciones. Recomiendo además la lectura de los demás artículos del ejemplar, dedicado a ‘Los límites del crecimiento: Crisis Energética y Cambio Climático’, a cargo de Antonio Turiel, Roberto Bermejo, Hermann Scheer y Richard Heinberg. Acceso a capítulos anteriores - [Actualización 26/03: Ver texto completo en una sola página]

El pacto de Fauto. Los humanos han gozado de los frutos de la revolución industrial y han evitado al mismo tiempo un gran coste en cambio climático mediante el efecto enfriador de los aerosoles del carbón. El pago se produce cuando la humanidad se da cuenta de que resulta intolerable el crecimiento exponencial de la contaminación atmosférica que sería necesario para una contínua mitigación del calentamiento debido a los gases de efecto invernadero

Uno de los malentendidos más flagrantes del problema climático se refiere a la creencia de que la reducción del empleo de combustibles fósiles, y en particular la reducción o eliminación de las centrales térmicas generadoras de energía eléctrica a base de carbón, supondría una disminución de la temperatura media de la Tierra y contribuiría, así, a mitigar la crisis climática.

Ciertamente, la clausura de las centrales térmicas de carbón y gas natural supondría una reducción muy sustancial de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Sin embargo, la mayoría de centrales térmicas emiten otros gases, resultado de las impurezas del carbón y de la combustión incompleta. Entre éstos se encuentran, de forma destacada, los compuestos de azufre. Éstos, al combinarse con el vapor de agua, forman el ácido sulfúrico de la conocida lluvia ácida, y generan micropartículas sólidas (aerosoles).

Este tipo de aerosoles tiene una propiedad singular en relación a los demás gases y partículas con los que contaminamos la atmósfera reguladora del clima. No sólo no añaden efecto invernadero sino que, por el contrario, reflejan parte de la luz del sol hacia el espacio. Así, (more…)

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El texto que sigue corresponde a un artículo escrito por amable invitación de la revista Mientras Tanto, que he dividido en cinco entregas y al que he añadido algunas ilustraciones. Recomiendo además la lectura de los demás artículos del ejemplar, dedicado a ‘Los límites del crecimiento: Crisis Energética y Cambio Climático’, a cargo de Antonio Turiel, Roberto Bermejo, Hermann Scheer y Richard Heinberg. Acceso a capítulos anteriores -  [Actualización 26/03: Ver texto completo en una sola página]

El pensamiento sistémico requiere de una adecuada comprensión de la diferencia entre flujos y acumulaciones, conceptos que muy a menudo se confunden. Incluso personas del mayor nivel intelectual reflexionan erróneamente violando, por ejemplo, el principio de la conservación de la masa. En un conocido ensayo realizado a estudiantes y doctores del Massachussets Institute of Technology, particularizado al ámbito climático, se confirmó un buen número de estudios anteriores realizados sobre personas altamente cualificadas, incluyendo responsables de grandes empresas. En ellos se puso de manifiesto la dificultad de la mayoría de ellas para analizar correctamente el funcionamiento del sistema climático en sus aspectos más elementales cuando se solicitaba una reflexión cualitativa y no se les permitía emplear las herramientas analíticas y matemáticas convencionales (6). Así, el comportamiento de la mayoría de las personas analizadas llevaba a deducir que éstas creían que, mientras las emisiones siguieran aumentando, el cambio climático empeoraría pero que, si las emisiones dejaran de crecer, el clima se estabilizaría.

Cuando se les permitía hacer uso de un simulador con el que analizar las consecuencias de sus acciones, los que eran capaces de establecer estrategias correctas de contención sólo lo hacían cuando estaban muy cerca del límite de tiempo disponible (7). Se evidenció así la dificultad de percibir los tiempos de retardo de los sistemas en general, y del climático en particular y, con ello, la baja probabilidad de realizar acciones correctivas con anticipación, cuando su coste es inferior. De modo que en la realidad, dados los inevitables márgenes de incertidumbre en el caso climático, la probabilidad de creerse erróneamente a tiempo de actuar es, pues, significativa. (more…)

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El texto que sigue corresponde a un artículo escrito por amable invitación de la revista Mientras Tanto, que he dividido en cinco entregas y al que he añadido algunas ilustraciones. Recomiendo además la lectura de los demás artículos del ejemplar, dedicado a ‘Los límites del crecimiento: Crisis Energética y Cambio Climático’, a cargo de Antonio Turiel, Roberto Bermejo, Hermann Scheer y Richard Heinberg -  [Actualización 26/03: Ver texto completo en una sola página]

Cuando pronuncio conferencias sobre cambio climático siempre comienzo señalando que nos encontramos frente a un tema maldito. Es maldito por las limitaciones físicas, atávicas, psicológicas y culturales que nos impiden, no tanto la comprensión de sus mecanismos, sino la propia percepción del problema (1). Es maldito por la gran cantidad de malentendidos que residen incluso en personas con cierto conocimiento de los orígenes, dinámica y eventuales respuestas a la cuestión. Es maldito porque las únicas respuestas con alguna verosimilitud de eficacia significan un cambio tan sustancial en el status quo que requerirían, previamente, incluso una reconsideración de los valores fundacionales de nuestra civilización. Finalmente, en un vano intento de autojustificación, me refiero a la maldición del conferenciante. Desde luego una parte de los oyentes escuchará de mí aseveraciones que no quiere oír, pero que debe conocer. Pero otra, la ecologista, puede levantar también, frente a algunas de mis afirmaciones, sus defensas intelectuales. Ambos serán movidos por la emoción antes que por la razón. Al final, mis conclusiones serán (probablemente) apreciadas, pero afirmaciones tan extraordinarias habrían requerido fundamentaciones extraordinarias por lo que, inexorablemente, no tendré bastante con el tiempo que los organizadores me han adjudicado a pesar de mis denodados esfuerzos de síntesis. Confío que la longitud que me han otorgado para este texto y la posibilidad de incluir referencias permita salvar este inconveniente, siquiera de forma parcial.

Me propongo aquí mostrar la incorrección de las siguientes afirmaciones: (more…)

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La clave está en la cantidad de hielo en el Ártico (Foto Captain Budd Christman, NOAA Corps)

El meteorólogo de referencia del Grupo Prisa Florenci Rey escribía el pasado día 2 de febrero en El País un artículo bajo el título de “Cuando Siberia se deja la puerta abierta”. En él señalaba que este invierno, muy suave en todo el hemisferio norte hasta la llegada de la ola de frío que ahora nos invade, comenzaba a ser conocido en su gremio como “el año sin invierno”. Estos profesionales probablemente parafrasean la referencia al año 1816, conocido como “el año sin verano” y el más frío en 500 años. El motivo no fue otro que la presencia de erupciones volcánicas explosivas, muy en especial la del volcán Tambora de Indonesia, cuyos aerosoles alcanzaron la estratosfera, apantallando así durante meses la radiación solar (1).

Rey se preguntaba en el artículo: “¿Son estas situaciones adversas consecuencia del cambio climático?” Y se respondía: “Rotundamente no”. Al final del texto señalaba que:

“Estas bruscas discontinuidades en un corto espacio de tiempo, una alta variabilidad meteorológica, pueden ser un buen indicio de la traducción del cambio climático global en la región europea.” (2)

Creo que es la primera vez que veo a un meteorólogo con reconocimiento público y privado referirse al cambio climático en el caso de un fenómeno extremo. A este colectivo no le resulta fácil efectuar esta asociación. Son distintos los motivos, que vimos aquí y aquí, a los que se unen las consignas a las que los comunicadores son sometidos por parte de la dirección de los medios. Éstas consisten, como mínimo, en extremar la prudencia con la excusa no herir la sensibilidad del respetable, cuando en realidad están preocupados por la de los anunciantes y la de los distintos patrocinadores-freno. Estos últimos lo son en forma de grandes empresas oligopolísticas que raras veces necesitan anunciarse, luego por algo están ahí. Así pues, el esfuerzo es meritorio. Sin embargo, estos párrafos podrían llevar a confusión pues, en apariencia, ambas afirmaciones son contradictorias. Por este motivo he creído oportuno aportar aquí alguna luz adicional. (more…)

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“All lies and jests still a man hears what he wants to hear and disregards the rest.” – The Boxer, 1968 (Simon & Garfunkel)

Imagen del paper de Science firmado, entre otros, por Antoni Rosell, del ICTA

El viernes anterior al inicio de la conferencia de Durban amanecí con un pequeño sobresalto. Todavía adormilado, escuché cómo en la emisora de radio catalana RAC1 una voz leía una noticia cuyo titular era algo así como que ‘el planeta no se calentará tanto como estaba previsto’. A tres días de la reunión de Durban pensé: acaban de meter un gol a RAC1, y no supuse en ese momento más implicaciones. Estaba cantado que habría acciones de este tipo en los días previos a la convención, como ha ocurrido cada año sin falta – y ya habíamos tenido el ‘climategate II’ a principios de la semana. Pero en el mismo acto noticiable el locutor mencionó que acababa de salir publicado en Science. Cuidado entonces. A Science es muy difícil meterle un gol.

Fui directo al ordenador para bucear. Por algún motivo no tenía acceso al texto completo, pero acabé encontrando el abstract. Advertí además que uno de los autores, Antoni Rosell i Melé, era catalán, y que pertenece al ICTA (Institut de Ciència i Tecnologia Ambiental), el principal centro de excelencia español en el ámbito climático, de carácter multidisciplinar. Busqué su correo y le pedí el artículo. Me lo envió enseguida y prometí  leerlo durante el fin de semana. Ahora sé que Rosell ha participado (precisamente) en el área paleográfica del trabajo, campo en el que profundizó durante su estancia en la Universidad de Oregon.

Cuando lo leí observé tres cosas: (more…)

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Querido Manuel:

Llevo años saliendo en tu defensa cuando alguien se refiere a ti como negacionista climático incluso si, en realidad, quieren decir ‘escéptico’. La ambigüedad de tu libro “El clima” puede sugerir este posicionamiento. Yo siempre les respondo: ¿has llegado al último capítulo? En los anteriores da la impresión de que algo te impide ser más contundente. Pero en el último te explayas, sueltas tu personalidad y cualquier posible necesidad de navegación entre dos aguas parece desaparecer para mostrar al lector que sigues siendo tú mismo y que nada te aparta de tu compromiso. Sin entrar en más detalles, también les digo: ‘hablad con él y veréis’.

Sin embargo, en los últimos días he accedido a declaraciones tuyas que me han confundido. En Diario de Sevilla leo:

No está ocurriendo nada que no haya ocurrido antes, por mucho que la temperatura haya subido en promedio algo más de medio grado en un siglo. Eso es, en general, imperceptible. Otra cosa son las predicciones, muchas de ellas apocalípticas; no me las creo. Tienen una base teórica muy débil, y unos datos y cálculos poco fiables. Como mucho sirven de alerta, nunca de alarma. -CO2, Protocolo de Kioto. -El CO2 es el gas de la vida, jamás fue ni será un contaminante. Si lo aumentamos mucho y muy deprisa al quemar combustibles fósiles, puede quizá aumentar el efecto invernadero. El Protocolo de Kioto, que todo el mundo incumple, más que atacar al CO2 debería referirse a nuestra ineficiencia energética y nuestro despilfarro. Si consiguiese eso, so pretexto de disminuir el CO2, bienvenido será.”

A través de una lista de distribución especializada me llega la siguiente transcripción de una reciente charla tuya en Oviedo:

“«¡Olvidaos del cambio climático, de verdad. A corto plazo no os va a afectar nada… En un país rico, nada, cero. ¿Va a haber menos agua? No, señor. Hay más. ¿Va a haber más calor? Es posible, ¿y qué? La gente cuando se jubila no se va a Dinamarca sino a Florida, y los asturianos a Málaga. A los humanos nos gusta el calorcito». «Lo que suceda dentro de 100 años dependerá de lo que hagan los chinos, no nosotros. Ya hubo una conferencia en Copenhague y va a haber otra en Sudáfrica y no va a pasar nada. Los chinos tienen casi un tercio de la reserva mundial de carbón, para tres siglos quemando. Y lo van a quemar». “

Entre el grupo de personas a quienes el cambio climático nos preocupa extraordinariamente he visto calificar estas expresiones tuyas como tohariadas, lo que no tendría mayor importancia si no se refirieran a un excelente comunicador científico como tú, que para muchos, también para mí, tiene rango de maestro. (more…)

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Entrada anterior: 5. Umbral de estabilidad del sistema climático y el problema de control

Artículo de Bernard Barber en Science, 1961

Dado pues que no parece existir un análisis del margen de estabilidad del sistema climático de la Tierra efectuado desde la teoría de sistemas tendremos que ir a examinar los procesos concretos que se producirían, y tratar de conocer, a partir de los mismos, en qué momento se inician fenómenos que llevan a la desestabilización.

Es muy interesante, antes de proseguir, examinar cómo la comunidad científica ha ido avanzando en la determinación de un límite peligroso. El interés principal reside en observar cómo, a medida que pasa el tiempo, las cosas se ponen peor. Bueno, hasta cierto punto, porque ya en 1989 el mencionado AGGG (Advisory Group on Greenhouse Gases[40], que agrupaba el conocimiento científico del momento de forma similar a cómo que lo recoge ahora el IPCC, pero sin la intervención de todos los gobiernos del mundo, decía taxativamente: (more…)

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Entrada anterior: Cambio climático: ¿cuánto es demasiado? – 4: Cómo sería un mundo +2 ºC más caliente

Ingenuamente, yo crecí en el error de que la teoría de sistemas[31] (y su dinámica y control), ubicua por todos los entornos académicos y profesionales por los que he transitado, era bien conocida por todas las especialidades científicas, desde luego las ingenierías y las físicas. También de las ciencias exactas, pues el bagaje matemático subyacente es muy considerable. Pues resultó ser que no. Entre los ingenieros, poco más que los telecos y algunos industriales (los ingenieros de control, también denominados automáticos), químicos y eléctricos, llegan a familiarizarse con la dinámica de sistemas y los problemas de control. Biólogos y economistas la emplean como de pasada y con poca riqueza formal, y los físicos no aprenden teoría general de sistemas a lo largo de su ciclo formativo principal (76). Los físicos de la atmósfera y meteorólogos han visto en su especialización alguna aplicación del asunto a través de los fenómenos convectivos (77), pero desde luego no desde el punto de vista del control. (more…)

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Imagen del agujero de ozono en el Ártico el pasado 19 de marzo (Imagen: NASA)

Me resulta siempre descorazonadora la falta de identificación del cambio climático como agente causal de diversos fenómenos. Si no identificamos correctamente el origen de los problemas no estaremos nunca en condiciones de responder con las estrategias adecuadas.

Hoy mismo la prensa señala a la especulación como causante principal del incremento del precio de los alimentos, que ya identificamos como un detonador de las recientes revueltas árabes [ver: La influencia del cambio climático en la insurrección árabe]. Es verdad que la especulación influye, pero ésta actúa cuando, por algún motivo, se prevé un incremento del bien sobre el cual especular. En ese caso, efectivamente, se produce un efecto de reforzamiento que provoca un aumento todavía mayor.

Defenderé aquí que el brusco aumento del agujero de ozono en el Ártico, hasta el punto de ser comparable con el aumento que se produce anualmente durante el invierno antártico, es producto de, o en todo caso su intensidad está favorecida por, el cambio climático. Asimismo, mostraré que un aumento de la radiación ultravioleta reduce significativamente la productividad agrícola. (more…)

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Entrada anterior:

Zonas del planeta en las que, con +2 ºC o incluso menos, la temperatura media local estacional sería, en uno de cada dos años, igual al máximo experimentado en la segunda mitad del siglo XX en la región correspondiente (58).

Hemos visto que el límite de los 2 ºC de más no ha salido de análisis riguroso alguno, sino más bien de razonamientos inversos típicos de economistas y de su asunción acrítica por parte de la clase política. Veamos ahora qué nos dice la comunidad científica sobre las consecuencias de alcanzar este umbral o incluso aproximarse a él.

Podemos empezar por dos papers de Bruce Anderson, de la Universidad de Boston, tan recientes como de septiembre de 2011 y publicados en Climatic Change. Concluyen que con un incremento de 2 ºC, la temperatura media de alrededor de 75%  de la superficie terrestre será igual a las temperaturas máximas de finales del siglo XX de cada zona geográfica respectiva, y ello cada dos años. Pero con sólo un incremento de 1,4 ºC esto ya estará ocurriendo sobre el 50% de la superficie de la Tierra. ¿Qué nos dicen sobre España? (more…)

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Entrada anterior: 3.1. La artificialidad de las versiones economicistas tipo Stern

Temperaturas Holoceno

El sistema climático se ha encontrado en equilibrio en los últimos 10.000 años, a partir del inicio de la agricultura

En la entrada anterior vimos algunos de los inconvenientes de los modelos integrados económico-climáticos y de los análisis coste-beneficio. En un intento de evitarlos se desarrolló la técnica de la ventana máxima tolerable  (43).

La aplicación de esta técnica en la búsqueda de límites aceptables al cambio climático consiste en establecer definiciones normativas de barreras de seguridad que excluyan, por una parte, impactos físicos considerados intolerables y, por otra, consecuencias socioeconómicas consideradas asimismo intolerables en relación a las medidas de mitigación necesarias. Se trataría de analizar los sistemas implicados en estos procesos, con el fin de encontrar un espacio de estrategias políticas que fueran compatibles con estas restricciones (44). Por ejemplo, puede establecerse un tipping point como límite de impactos [ver: Entender la gravedad del cambio climático: 2. ¿Qué es el cambio climático ‘desbocado’? (Una introducción a los ‘tipping points’)] y un ritmo de reducción de las emisiones o del PIB que sea compatible con la estabilidad social, que fue estimado en el 5% (45).

Este método de la ventana máxima tolerable tiene la ventaja de que los juicios de valor no son implícitos, como en los casos anteriores, sino explícitos, y pueden ser sometidos a discusión para determinar, de entre el espacio de resultados, que constituye la ventana tolerable, cuál vaya a ser la estrategia elegida. Las pérdidas por un lado (por ejemplo, más incendios forestales) no son automática y opacamente compensadas por otro (por ejemplo, dinero), sino que la opción queda abierta (46). A partir de ahí, se retrocede la cadena causal para determinar el límite de emisiones, en función del tiempo, que impediría salirse de la ventana (47). (more…)

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Entrada anterior: 2: Dos grados más ¿respecto a qué? ¿Qué es lo realmente importante?

Mucha gente puede creer que dato tan importante para el futuro de todos nosotros como los +2 ºC procede, y es fruto, de un análisis riguroso, resultado de un proceso científico realizado con todas las de la ley y sancionado finalmente por el máximo órgano de autoridad científica: el IPCC. Por el contrario, veremos en este capítulo y en el siguiente la pobre fundamentación – y, por tanto, la carencia de credibilidad – del incremento máximo de la temperatura media de la Tierra que (algunas) naciones dicen que es la opinión de la comunidad científica (26).

Con notable éxito, la propia disciplina de la economía lleva siglos empeñada en abarcar todo el espacio-tiempo, incluyendo la totalidad de nuestras mentes y comportamientos[20], hasta el punto de esforzarse en cuantificarlo todo en términos monetarios. Rebasa así el terreno que le es propio, pero ha encontrado habilidades y complicidades suficientes como para presentar sus resultados al público como si las leyes de la naturaleza fueran a ser las suyas y el mundo fuera a hacerles caso a pesar de que su marco de validez, si alguna vez lo tuvo, hace ya décadas que ha sido rebasado. Hace esto en lugar de atender, como sería razonable esperar, a las leyes de la física como marco de referencia ineludible de la actividad económica. (more…)

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Entrada anterior: Cambio climático: ¿cuánto es demasiado? 1: Requerimientos para un objetivo global

Inundaciones en Georgia (EE.UU)

Si hubiera que determinar el objetivo en términos de incremento máximo de la temperatura media global, como menciona el acuerdo de Copenhague, lo primero a tener en cuenta es la referencia de base: respecto a cuándo se establece este incremento. No son lo mismo, pongamos por caso, 2 ºC más respecto al promedio de la era preindustrial o respecto al promedio de 1880-1920 con que a veces se juega, o respecto a la media móvil de los años anteriores a algún año concreto [ver Cuidado con la temperatura]. La cuestión es que, sin ir más lejos, el acuerdo de Copenhague, al referirse a los +2 ºC, simplemente no lo dice. Es más: el Acuerdo de Copenhague, contrariamente a la creencia general (y la mía hasta hace poco), no establece la cifra de 2 ºC como objetivo. Veámoslo:

“Para alcanzar el objetivo último de la Convención de estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un nivel que evite una interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático, y teniendo en cuenta la opinión científica de que el aumento de la temperatura mundial debería permanecer por debajo de 2 ºC, sobre la base de la equidad y en el contexto del desarrollo sostenible, intensificaremos nuestra cooperación a largo plazo para luchar contra el cambio climático.”

Si lo leemos atentamente veremos que lo que acuerdan los firmantes no es un objetivo sino, simplemente, intensificar la cooperación a largo plazo, lo cual es decir muy poco o nada. Cuando se refiere a nuestro punto focal [ver: Requerimientos para un objetivo global] escriben ‘teniendo en cuenta la opinión científica’, lo cual no es en absoluto cierto, como veremos más adelante. (more…)

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Cuando lea u oiga que “la comunidad científica advierte que para evitar una interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático la temperatura media de la Tierra no debe subir más de 2 ºC” o, ahora, +1,5 ºC, atribúyalo a un cálculo comunicativo. De no ser así sólo puede ser  ignorancia, a desidia, o a ingenuidad.

Un juego. Usted y otras nueve personas que no conoce ganan un viaje de un fin de semana a París. Una vez allí, les dicen que deberán costearse todos los gastos, también los de vuelta, a menos que sean capaces de encontrarse todos a las 12 del mediodía del domingo en un mismo lugar. Además, de conseguirlo, ganarán un millón de euros cada uno. ¿Usted adónde acudiría? Yo iría a la Torre Eiffel. Usted también, probablemente.

La Torre Eiffel es lo que, en teoría de juegos, se denomina un punto focal (1). Consiste en un referente común en ausencia de comunicación adecuada.

La comunidad internacional sancionó, en el Acuerdo de Copenhague de 2009, la cifra de 2 ºC de la temperatura de la Tierra como un valor máximo del incremento de la temperatura media (2). Es de creer que este objetivo que, según se decía en el texto, era consistente con la ‘visión científica’ y con el acuerdo de la Convención de Rio de Janeiro de 1992[1], iría a ofrecer una seguridad climática suficiente. Hoy (de hecho, ya en 2009, incluso mucho antes) esta cifra está siendo cuestionada con todo fundamento. ¿Entonces?

Si este valor límite resultara ser excesivo y encima, como algunos sugieren[2], imposible de respetar, deberíamos calificarlo de peligroso y, por tanto, combatirlo y proponer otro. Pero si conviniéramos que, frente a la dificultad manifiesta de promover la movilización colectiva por parte de quienes estamos alarmados en extremo por la severidad del problema climático, este guarismo resultara útil para la acción política, las reticencias que pueda razonablemente sugerirnos deberían ser objeto de relativización, siempre en la medida de que seamos capaces de prever, para el futuro, escenarios más acordes con la realidad. (more…)

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