Hoy, excepcionalmente, no voy a hablar de cambio climático, sino de los famosos recortes, y de la muerte. A partir de una experiencia que viví ayer tarde en primera persona.
Josep Ceda, un compañero de trabajo, comenzó a encontrarse seriamente indispuesto. A la vista de los síntomas que presentaba su malestar llamamos a urgencias de la Generalitat. Al cabo de unos 20 minutos, que comenzaban a hacerse interminables, llegó una ambulancia lo suficientemente equipada como para estabilizar al paciente ahí mismo, a la puerta del establecimiento, donde estuvo estacionada durante cerca de media hora atendiendo al enfermo. Como sospechábamos, se trataba de un infarto.
En caso de infarto agudo de miocardio (IAM), la variable crítica es el tiempo. Salvo que se trate de una muerte súbita, la intervención médica a tiempo consigue salvar la vida de la gran mayoría de los afectados de un ataque al corazón.
Yo acompañé a la comitiva, situándome al lado del conductor, con quien pude conversar durante el trayecto entre el barrio de Sant Andreu y el Hospital de la Vall d’Hebrón, en Barcelona. El conductor, que parecía ejercer de líder, me informó de que el quirófano y el equipo médico necesario estaría ya preparado en cuanto llegáramos, y que sería intervenido inmediatamente. Que no debía preocuparme (demasiado) por la vida de mi compañero, aun cuando no ocultaba que su estado era realmente grave. Pero… (más…)