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Archive for febrero 2012

“Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad.” – Bertold Brecht

Dice Alvin Toffler en su “Tercera ola” que, si no tiene usted una estrategia propia, al final acaba siendo objeto de la estrategia de otro. El corolario es que es preciso tener estrategia aunque la del otro no sea percibida, también en el caso de que ese otro sea invisible e incluso en el caso de que parezca que no existe. Porque existe, es visible si lo busca, tiene estrategia y la tiene pensando en usted. Está en los think-tanks[1] como avanzadilla, y en sus promotores como estrategas de estado mayor.

El pasado día 14 de febrero, alguien del Heartland Institute, uno de los think-tanks más activos en el negacionismo climático, hizo llegar a Peter Gleick, un oceanógrafo columnista a su vez del Huffington Post y de Forbes, unos documentos internos que acabaron en manos de Desmogblog, un web especializado en descubrir la trama del negacionismo organizado. Gleick se hizo pasar por miembro de la junta directiva del instituto, lo que sin duda confundió al receptor (1,2). El entorno mediático de la guerra climática ardió, y todavía quema. A esta filtración se la ha bautizado con el nombre de denialgate.

Pero el Heartland Institute, por mucho que ahora el ruido lo amplifique, no es ni el más grande ni el más importante de los componentes de la maquinaria de negación nicotínica, climática y económica, aunque es singularmente desagradable. Su hedor no se limita a expandirse por el entorno político de Washington o a ensuciar los medios de comunicación. Efluvios escatológicos llegan no sólo a los profesores de educación infantil y de instituto, sino también a legisladores previamente calentados que, en distintos estados de EE.UU., han decidido que a los niños hay que contarles ‘la otra opinión’ acerca del cambio climático. La negación de la ciencia. (más…)

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The Economist 13.02.2012

Bajo el título “Slash emissions, fly by zeppelin” (reduce las emisiones, viaja en zepelín), la prestigiosa revista británica The Economist nos recuerda, en un artículo publicado anteayer en uno de sus blogs, su pesimismo con respecto a la posibilidad de evitar el cambio climático catastrófico (1). Esta posición oficial fue ya establecida el pasado diciembre en ocasión de la conferencia de Durban: el órgano neoliberal por excelencia cree que es imposible alcanzar el objetivo de los + 2ºC (2). [Para saber cómo sería un mundo con sólo dos grados más (uno más que ahora), vea aquí.]

Tras el consabido negacionismo climático inicial de este tipo de publicaciones, reflejo del negacionismo hacia si mismo inherente a las ‘ciencias’ económicas, el Economist basculó, a principios de la pasada década, hacia las posiciones del negacionismo light del danés Bjorn Lomborg, el ecologista escéptico, a quien promocionaron exhaustivamente (3,4). Reconocieron el problema, pero minusvaloraron sus consecuencias. El método consiste en efectuar una lectura sesgada de los informes científicos, extrayendo las conclusiones más favorables a sus posiciones al elegir, entre los márgenes de incertidumbre que se presentan, los más suaves, por mucho que esté bien claro que son los menos verosímiles. (más…)

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La clave está en la cantidad de hielo en el Ártico (Foto Captain Budd Christman, NOAA Corps)

El meteorólogo de referencia del Grupo Prisa Florenci Rey escribía el pasado día 2 de febrero en El País un artículo bajo el título de “Cuando Siberia se deja la puerta abierta”. En él señalaba que este invierno, muy suave en todo el hemisferio norte hasta la llegada de la ola de frío que ahora nos invade, comenzaba a ser conocido en su gremio como “el año sin invierno”. Estos profesionales probablemente parafrasean la referencia al año 1816, conocido como “el año sin verano” y el más frío en 500 años. El motivo no fue otro que la presencia de erupciones volcánicas explosivas, muy en especial la del volcán Tambora de Indonesia, cuyos aerosoles alcanzaron la estratosfera, apantallando así durante meses la radiación solar (1).

Rey se preguntaba en el artículo: “¿Son estas situaciones adversas consecuencia del cambio climático?” Y se respondía: “Rotundamente no”. Al final del texto señalaba que:

“Estas bruscas discontinuidades en un corto espacio de tiempo, una alta variabilidad meteorológica, pueden ser un buen indicio de la traducción del cambio climático global en la región europea.” (2)

Creo que es la primera vez que veo a un meteorólogo con reconocimiento público y privado referirse al cambio climático en el caso de un fenómeno extremo. A este colectivo no le resulta fácil efectuar esta asociación. Son distintos los motivos, que vimos aquí y aquí, a los que se unen las consignas a las que los comunicadores son sometidos por parte de la dirección de los medios. Éstas consisten, como mínimo, en extremar la prudencia con la excusa no herir la sensibilidad del respetable, cuando en realidad están preocupados por la de los anunciantes y la de los distintos patrocinadores-freno. Estos últimos lo son en forma de grandes empresas oligopolísticas que raras veces necesitan anunciarse, luego por algo están ahí. Así pues, el esfuerzo es meritorio. Sin embargo, estos párrafos podrían llevar a confusión pues, en apariencia, ambas afirmaciones son contradictorias. Por este motivo he creído oportuno aportar aquí alguna luz adicional. (más…)

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