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Archive for 27 noviembre 2009

This generation has altered the composition of the atmosphere on a global scale through . . . a steady increase in carbon dioxide from the burning of fossil fuels.” – Lyndon B. Johnson, febrero de 1965 – Discurso en el Congreso de los EE.UU.

Roger Revelle - US Senate, 1961

Roger Revelle declaró en el Senado de EE.UU sobre el peligro del cambio climático en 1961

Muy a menudo, al entablar conversaciones de orden político, social o económico con una persona cuya ideología se sitúa a la izquierda del centro izquierda, habrá usted oído la expresión ‘ellos’. “Ellos nos quieren hacer creer que…”, “Ellos no nos dicen que…” ¿Verdad que les suena? Mi reflejo, a estas alturas ya moderado, es siempre preguntar: ¿A quiénes te refieres? “¡A ellos!”, suele ser la respuesta, como si fuera una obviedad.

Un mayor grado de elaboración lleva a un leve intento de reducir la generalización: se refieren entonces a “los poderosos”. ¿Pero qué poderosos? – suelo insistir. ¡Ellooos! me responden, muy poco antes de dejar de considerarme candidato a ser uno de los suyos, momento que detecto y que debería servirme para detenerme ahí. Lo que me gustaría es que me dieran nombres, apellidos, de personas físicas o, por lo menos, jurídicas. Evaluadas.

Mucha gente de izquierdas, y algunos de derechas, tienen la sensación de que el mundo está gobernado por fuerzas ocultas, por un grupo de conspiradores encerrados en un cuarto oscuro y decidiendo en qué debemos creer, qué debemos comprar y hasta qué debemos pensar (1). Es la visión conspirativa de la política y de la historia, que nunca he compartido[1]. No soy tan ingenuo como para negar que haya conspiraciones. Pero no todo es una gran conspiración. Mucho de lo que se atribuye a ‘ellos’ es el resultado de unos modelos mentales que, de hecho, la inmensa mayoría de nosotros acepta, a menudo implícitamente, sin ser conscientes de los mismos.

Pero referirnos a ‘ellos’ así, en abstracto, nos resulta útil, porque de esta forma nos descargamos de responsabilidad y no nos sentimos obligados a oponernos activamente a lo que no nos gusta en la medida en que, además, les otorgamos un poder supuestamente imbatible. Creemos que contra ‘ellos’ no se puede luchar, mucho menos si no sabemos ni a quiénes nos estamos refiriendo y por supuesto dónde están, y muchas veces ni tan sólo a qué. Presos de cierto síndrome de Estocolmo, estamos esperando a que nos digan qué es lo que tenemos que hacer para ser ciudadanos climáticamente responsables. Seguimos así viendo la televisión. Que no nos dice nada porque, al fin y al cabo, forma parte de ‘ellos’.

Pues no es así. Estaba equivocado. En mis averiguaciones he descubierto una fenomenal maquinaria de propaganda[2], difusa y policéntrica, que, desde los años 1970, está orientada a la manipulación colectiva y al establecimiento de modelos mentales y pautas de comportamiento coherentes con la ideología ultraliberal. Decidieron cargarse el movimiento ecologista ya entonces, pero después de la caída de muro de Berlín lo consideraron su principal enemigo. Lo han hecho, y lo hacen, con tal habilidad, que todos acabamos convirtiéndonos en instrumentos propagadores de un supuesto ‘sentido común’ artificial y erróneo. Tan erróneo que opera en contra de nosotros mismos, individualmente a corto plazo y colectivamente a largo. (más…)

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El timo de Telemadrid

El timo de Telemadrid

Este documental, dirigido por Martin Durkin, fue emitido por el Channel 4 británico  en 2007, en un acto de contrainformación, pues coincidió con la emisión del cuarto informe del IPCC, que confirmaba los hallazgos de los anteriores y ampliaba el nivel de alarma. Es España se sabe sólo de su emisión por Telemadrid.

La habilidad de Martin Durkin para realizar reportajes por cuenta del contramovimiento antiecologista no era nueva. Ya en 1997 esta cadena de televisión tuvo que pedir disculpas a sus espectadores por la emisión de su documental Against Nature (Contra la Naturaleza), pues el organismo regulador británico del momento, el ITC, falló en contra del documental por información sesgada y manipulación fraudulenta de las respuestas de los entrevistados (1).

No contento con esto, Durkin, en su entusiasmo libertario-empresarial, realizó otro reportaje donde se desmentía completamente el riesgo de la silicona para los implantes mamarios, que fue criticado severamente por la clase médica e incluso por la BBC. Y otro acerca de los alimentos modificados genéticamente, que no fue sancionado por la ITC pero donde algunos de los entrevistados se sintieron engañados (2).

No he visto ‘Against Nature’ (que en su momento fue elevado a los altares por el Financial Times) ni ninguno de los demás. Pero si he visto ‘The Great Global Warming Swindle’ (El gran timo  del calentamiento global, que en Telemadrid fue astutamente traducido por ‘La otra cara del cambio climático’). También algunos entrevistados se sintieron engañados y sus palabras fueron recortadas y editadas de tal manera que podría darse a entender que decían lo contrario de lo que en realidad habían dicho durante la entrevista. Este fue el caso de Carl Wunsch, un prestigioso oceanógrafo que de ninguna manera pertenece al colectivo ‘escéptico’, quien aseguró que no le habían advertido de la tendencia del reportaje, que tildó de ‘propaganda’ (3), y de Sir David King, por entonces director del gabinete científico del gobierno británico, que fue criticado por expresiones nunca pronunciadas, pero de quien desconozco reacción alguna (4). Algo parecido es lo que concluyó la Ofcom, nuevo organismo regulador de defensa del espectador, cuando declaró en mayo de 2008, más de un año después de la emisión original, que el documental “incumplió con la obligación de presentar un abanico de puntos de vista acerca de un tema controvertido, y trató de forma desleal a los entrevistados”. El 4 de agosto de 2008 Channel 4 emitió sus disculpas y señaló alguno de los errores del documental, aunque no todos. (más…)

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“Many companies are trying to cash in on our good intentions, setting up labelling schemes that are largely meaningless or making claims that simply aren’t true – sometimes with the help of the charities they donate to. When it comes to consumer products, greenwashing is the order of the day: a recent report found problems with 98 per cent of products making green claims[1].” – Michael le Page, New Scientist, 22/09/2009

Acabo de oír una cuña publicitaria radiofónica según la cual, si en lugar de apagar el televisor con el mando a distancia lo hago mediante el interruptor general, ahorraré ‘hasta un 60 % del consumo’.

Como va contra la lógica que una empresa mercantil se anuncie diciendo que le compren menos (y hasta podría ser denunciada por sus accionistas por no cumplir con la misión que legalmente le es encomendada, a saber, generar beneficio) siempre que oigo estas sandeces me pregunto cuál es el mecanismo por el cual, al decir que no le compren, los del departamento de marketing han convencido al presidente de que así acaban vendiendo más. Alguno debe haber porque, si no, está claro que no lo harían, pues la ley, de hecho, se lo impide. Me parece raro atribuirlo a una mejora de imagen, pues no creo que mucha gente vaya a cambiarse de suministrador de energía eléctrica porque le digan que le compre menos.

En realidad, se trata del fenómeno de ‘greenwashing’ (lavado verde), según el cual una empresa, por lo general altamente contaminante o cuyas actividades afectan severamente al delicado equilibrio climático – cosa que saben desde hace 50 años- pone cara de buena gente y busca mensajes tales que nos creamos que no está a favor de si misma sino de la sociedad en general. Desde luego, cuando lo hacen tienen buen cuidado de que la influencia en la cuenta de explotación no sea negativa – lo que en nuestro caso es bien cierto pues esto de los pilotos rojos y el mando a distancia es un cuento chino, y lo de la reducción del consumo en general es poco menos que el chocolate del loro salvo medidas complementarias de calado[2], y supongo que debe haber alguna forma de justificar lo del 60% en algún televisor extraño como para colar el mensaje dentro del organismo de ‘autorregulación’ de la publicidad. Suponiendo que este organismo tenga alguna función real más allá de denunciar los descaros publicitarios cuando en realidad son ya visiblemente excesivos.

Un mensaje apaciguador es lo mejor para mantener las cosas como están y que mis clientes no me cuestionen. Y si, encima, es al precio de la energía (muy inferior a 1 W) de un LED doméstico y algunas cuñas radiofónicas, como coste de una campaña de desinformación-apaciguamiento es baratísimo [3].

Hasta hace poco yo pasaba por alto este tipo de cosas. Me parecía que formaban parte del ‘yang’ del mercado, que si este fenómeno se producía era porque había gente que se dejaba engañar. Que eran como un peaje inevitable del progreso, que hace daño moral pero que, algún día, el progresivo perfeccionamiento del sistema democrático y de la sociedad acabaría puliendo. En cambio, hoy me producen, como mínimo, profunda desazón, cuando no auténtico enfado. Me he dado cuenta de la profunda perversión que encierran, aún cuando en muchos casos sus ejecutores no sean bien conscientes de ello. No estamos jugando con fuego moral corregible. Estamos jugando con fuego real y probablemente inextinguible. (más…)

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[Esta entrada ha sido publicada como artículo en la revista del Centro Nacional de Educación Ambiental - Noviembre 2010. Descargar pdf del artículo publicado aquí]

“Men occasionally stumble over the truth, but most of them pick themselves up and hurry off as if nothing ever happened” – Sir Winston Churchill

Como el avestruz, pero usted y yoUsted, como yo, probablemente hace tiempo que intuye que esto no puede funcionar y que, en algún momento, llegará a su fin. No sabe cuándo ni cómo, y mantiene la esperanza de que no le alcance a usted ni a sus hijos. Lo intuye, pero funciona como si el futuro fuera como siempre parece haber sido: mejor, por lo menos a medio plazo. Y bastante trabajo tiene con solventar las dificultades del hoy.

Estimado lector, ha llegado el momento de afrontar la verdad. Pero, antes, permítame que analice por qué, frente a un conjunto de convicciones científicas alarmantes como ningún otro podría serlo, usted, yo, y la inmensa mayoría de las personas tiene dificultades para creer, primero, y reaccionar, después, frente a un colapso anunciado –anunciado hace más de 30 años, incluso 50, y del que ahora comenzamos a percibir los primeros síntomas-  de tal magnitud que, no lo dude ni un momento, está llamado a marcar nuestras vidas de forma abrumadora. La suya, la mía, la de nuestros hijos y la de, por lo menos, las próximas 100 generaciones.

Hemos sido engañados. Se nos ha ocultado información fundamental, tal vez la más fundamental de todas. Es necesario saber quién lo ha hecho, cómo lo ha hecho, con qué medios lo ha hecho y para qué lo ha hecho. Pero todo esto, siendo importante y constituyendo uno de los elementos que le hace dudar de la veracidad de las previsiones científicas, no es el objeto principal del presente artículo.

No es el objeto principal, pero ciertamente está conectado. Porque la información negacionista ha sido extendida como una malla invisible por todas las sociedades del mundo y, muy en particular, porque esta maquinaria de negación está fuertemente profesionalizada, imponentemente financiada, y hace uso de las técnicas más modernas y refinadas de persuasión de masas.

Sus orígenes se remontan a un sobrino de Sigmund Freud, de nombre Edward Bernays, durante la primera guerra mundial. Edward Bernays escribió más tarde un libro que, bajo el significativo título de ‘Propaganda’ (1), constituye la base del extremo refinamiento a que han llegado hoy los procesos de persuasión y desinformación pública. Sólo una pincelada, por ahora: estas mismas técnicas fueron empleadas, durante 50 años, para generar dudas sobre la toxicidad del tabaco y su poder adictivo. Hoy sabemos, gracias a la ley de transparencia informativa de los Estados Unidos (Freedom of Information Act), cómo transcurrió todo. Cerca de un millón de documentos, disponibles en abierto en Internet, muestran el engaño masivo que la industria del tabaco consiguió (2). Porque ellos, los que tenían interés en ello, lo sabían. Y lo sabían sin lugar a dudas. Con el cambio climático han hecho lo mismo, pero mejor y más masivamente todavía. (más…)

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El ritmo de crecimiento de las emisiones de gases forzadores del clima se ha triplicado en esta década con respecto a la anterior. Mientras que de 1990 a 1999 aumentaban a un ritmo promedio del 1,1% anual, de 2000 a 2004 han aumentado a un promedio del 3,4% [1] (1,2). Esto es lo que se conoce por comportamiento exponencial creciente.

Comportamiento exponencial simpleLa representación de una evolución proporcional, también llamada lineal, es una recta, y en su expresión más simple responde a la ecuación y = a.x. En cambio, la representación de una evolución exponencial es la de la figura, cuya expresión más simple es la que ahí se muestra. Sería erróneo completamente decir que el sistema climático se comporta de esta forma exactamente, pues su complejidad es enorme [2], pero se lo muestro para que se de cuenta de que se trata de un comportamiento acelerado. Un ejemplo cotidiano lo tenemos en retrasarse en el pago de un crédito, por ejemplo el hipotecario. Tiene que pagar la hipoteca y más intereses. Si se acumulan los intereses y el banco ‘se los presta’, tendrá que pagar intereses de los intereses, y así… hasta que le desahucien. El crash. Con el clima pasa lo mismo. (más…)

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“This is an emergency and for emergency situations we need emergency action” – Ban Ki-Moon, Secretario General de Naciones Unidas – 07/11/2007[1]

COP15

COP15

El pasado jueves por la tarde sentí un gran alivio cuando los asistentes a la reunión preparatoria de Barcelona recibieron lo que, para muchos, habrá sido un jarro de agua fría. Estados Unidos no iba acordar nada antes de diciembre, y el texto del comunicado daba a entender que en Copenhague tampoco se alcanzarían acuerdos vinculantes. La razón esgrimida era que el proyecto de ley de control de emisiones que se está debatiendo al otro lado del Atlántico todavía se encuentra en trámite parlamentario, por lo que este país no puede saber, a tiempo del COP 15, a qué puede comprometerse. Yo creo que la razón de fondo no es ésta y, si lo fuese, no sería una buena señal. Aunque el hecho de darnos más tiempo para decidir es, creo yo, una de las mejores noticias de los últimos tiempos, climáticamente muy deprimentes.

Hay varias razones que aconsejan este aplazamiento. Pero hay una que considero capital: un acuerdo alcanzado en base a los datos de trabajo que está manejando ahora la clase política no sería un buen acuerdo. Por favor, dese cuenta de qué cosa significaría un acuerdo que casi todo el mundo diera por bueno (en el mejor de los casos) pero que no respondiera a la realidad física del sistema climático en base a los datos científicos reales. (más…)

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“En lo tocante a la ciencia, la autoridad de un millar no es superior al humilde razonamiento de una sola persona.” – Galileo Galilei, físico y astrónomo italiano.

Nullius in Verba

Nullius in Verba, lema de la Royal Society británica. Simboliza la potencia del método científico, basado en la evidencia contrastada y que puede ser cuestionada por cualquier persona, independientemente de su rango

El extraordinario avance que la ciencia ha experimentado a lo largo de los últimos siglos sería debido, según muchos autores, a dos fenómenos complementarios:

1. La descomposición de los problemas en sus partes, para ser analizadas individualmente por separado. Esta idea tomó forma a partir de Descartes

2. La asunción generalizada del “método científico” y la universalidad y libertad de expresión científica bajo cauces institucionalizados generalmente aceptados (publicación – y eventual refutación – de los trabajos de investigación en revistas sometidas al escrutinio de expertos)

Así, para conocer con el mayor detalle el sistema climático de la Tierra y su dinámica, es preciso caracterizar matemáticamente todos sus componentes (atmósfera, hidrosfera, criosfera, litosfera y biosfera), lo que exige una especialización que se encuentra formando parte de una o más de las siguientes disciplinas académicamente establecidas:

 

  • Ciencias de la Atmósfera
  • Meteorología
  • Oceanografía
  • Glaciología
  • Geología
  • Biología (incluye zoología)

Las cuales, haciendo todas ellas uso de las ciencias básicas tales

  • Física
  • Química
  • Matemáticas

Conducen a la caracterización del sistema completo, normalmente a cargo de la disciplina integradora, relativamente reciente, de la Climatología –como campo conectado, pero independiente, de la meteorología, de donde surgió- y sus especialidades, tales como la  Paleoclimatología y la Dendroclimatología, entre otras. Estamos pues frente a uno de los campos más interdisciplinares del conocimiento humano (1).

Yo quisiera añadir aquí la Automática, cuyo origen se encuentra en la ingeniería. Aunque no se la considera una ciencia básica, está extremadamente desarrollada desde el punto de vista matemático y dispone de herramientas que, mediante la ‘teoría de control’ llevan casi un siglo aplicándose a la ‘ingeniería de sistemas’, aunque su empleo, curiosamente, parece estar todavía poco extendido en el terreno climatológico (2).

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“Without a change in policy, the world is on a path for a rise in global temperature of up to 6°C… It is uncertain whether the scale of the transformation envisaged is even technically achievable[1] – International Energy Agency, 2008

El vídeo en español de National Geographic

El vídeo en español de National Geographic

Algunos científicos consideran muy verosímil que ya en el año 2050 la Tierra se haya calentado alrededor de 4 ºC con respecto a la era preindustrial (1). Muchos, la inmensa mayoría, están convencidos de que estos 4 ºC se habrán desde luego alcanzado en 2100. Hay cierta controversia sobre este valor, pero no hacia abajo. Y los modelos que, por motivos que se examinan en otros textos de esta serie, siempre se han quedado cortos, atribuyen probabilidades nada despreciables a que, de seguir todo igual, a finales del siglo XXI se haya llegado a esos 6 ºC (2, 3, 4). Es la Agencia Internacional de la Energía (IEA), hasta entonces negacionista contumaz que esperó a 2008 para convencerse finalmente de la realidad[2]. Decía la IEA en 2008 que era difícil saber si la magnitud del cambio necesario es tecnológicamente posible. Lo cual, viniendo de quien ha estado siempre a la defensiva, no resulta demasiado esperanzador. En 2009 se presenta como salvación, pero se instala en un escenario en el que, como las bombas de desagüe del Titanic que ya no llegaron ni a instalarse, nos harían ganar ‘sólo minutos’.

Si a alguien le disgusta que se hable de catástrofe, de devastación extrema, de semi-extinción o de drástica reducción de la población mundial a unos pocos ejemplares de humanos residuales es que necesita todavía prepararse para ver la realidad de las cosas como son.

O como serán, según Marc Lynas, uno de los autores británicos sobre cambio climático de mayor prestigio y cuyo libro ‘Six degrees’ (5, 6) ha sido premiado (por sorpresa, dice él) por la Royal Society británica, una de las instituciones científicas más eminentes del mundo. Basándose en la obra de Lynas y con entrevistas a los mejores climatólogos mundiales, National Geographic rodó un espeluznante documental cuya versión en español ‘Seis Grados que podrían cambiar el mundo’ fue distribuida el pasado otoño junto a un ejemplar de su conocida revista. Curiosamente, ninguna editorial ha traducido el libro al español. (más…)

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[Actualización 11/03/2011: Esta entrada ha obtenido el primer premio de la Fundación Biodiversidad, categoría blogs. Noticia y otros premiados aquí]

[Esta entrada ha sido publicada como artículo en la revista Ecologista, nº 66 - Otoño 2010. Artículo publicado aquí] – Versión en inglés aquí.

Titanic

El Sistema Titanic a punto de sufrir una perturbación superior a su robustez

El clima de la Tierra es el resultado de la interacción de unos pocos componentes que no sólo se ven afectados por el efecto invernadero sino también por la influencia que este efecto tiene en sus distintos componentes. Estamos frente a un sistema formado por subsistemas, cada uno de los cuales tiene su propia forma de responder a las perturbaciones a las que está sometido. Si somos capaces de conocer matemáticamente las leyes (ecuaciones) de comportamiento de esos subsistemas, y también las ecuaciones (matemáticas) de cómo se interrelacionan e influencian mutuamente esos subsistemas entre si, la aplicación de las leyes (matemáticas) de la teoría de sistemas nos permite conocer (matemáticamente) el comportamiento del sistema completo.

Estos efectos de un componente que, a su vez, suponen perturbaciones de otro componente con el que están relacionados (por ejemplo, la disminución de la capa de hielo blanca deja al descubierto océano o área terrestre de un color más oscuro: por tanto, refleja mucho menos la radiación solar al espacio y la superficie liberada se calienta más que lo que lo haría si sólo existiera el efecto invernadero pero no este efecto añadido) son característicos de los sistemas realimentados, y puede demostrarse (matemáticamente) que las leyes matemáticas de comportamiento de un sistema de este tipo tienen unas características de funcionamiento que no resultan en absoluto evidentes:

  • Retardo de los efectos con respecto a la causa
  • Comportamiento de tipo exponencial (no proporcional)

Una característica bien propia del sistema climático es, además, su lenta evolución con respecto a nuestros sistemas atávicos de planificación y reacción.

La analogía “sistémica” de la dinámica del clima terrestre con el famoso buque Titanic me parece muy adecuada para comprender el comportamiento de un sistema retroalimentado sometido a una perturbación que supera su robustez. Esta película, dirigida por James Cameron en 1997, tiene además la virtud de haber sido la más taquillera de la historia y, por tanto, esta metáfora puede resultar significativa para un gran número de personas.

Algunas de las analogías que pueden establecerse se describen a continuación:

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Voces advirtiendo de la gravedad e importancia del cambio climático ha habido muchas, y desde hace mucho tiempo. No es que usted no las escuchara. Es que no las escuchaba nadie y, menos que nadie, los medios de comunicación. Aquellos que lo oían, como sin querer, lo silenciaban unos y lo aguaban otros. ‘No pasa nada’. ‘No hay para tanto’. ‘No puede ser’. ‘Ya se sabe, los ecologistas…’. Entretanto, hemos atravesado el punto de no retorno en algún momento de los últimos 20-30 años, precisamente cuando las voces desesperadas de los científicos eran silenciadas, e incluso censuradas[1].

Sin entrar de momento en la poderosa maquinaria de silenciación, negación, censura y engaño a que ha estado sometida la población – que documentaremos exhaustivamente en sucesivas entradas de este blog – veamos aquí la lista de manifiestos, declaraciones colectivas – de premios Nobel, por ejemplo – llamamientos a la acción ‘urgente e inmediata’ … de los que usted, probablemente, nunca ha oído hablar. Bueno, si, tal vez usted crea que hay cierta controversia, que no todos los científicos están, o estaban, de acuerdo. Yo siento decírselo, pero le han engañado. Nos han engañado a todos, a mi también. (más…)

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